EDITORIAL

La izquierda militante y radical

El optimismo de la dirigencia del Frente Amplio por los resultados de su reciente elección interna que definió a Javier Miranda como presidente de la coalición, esconde un profundo fracaso. Porque la realidad es que el Frente Amplio votó muy mal.

Primero, en comparación consigo mismo y sus resultados de 2012. Un solo dato vinculado a la elección presidencial es muy relevante en este sentido: los votos que sumó la candidata Xavier en 2012, a pesar de ser menos de la mitad del total de aquella elección de 2012, fueron de una cantidad similar a todos los votos recibidos por los cuatro candidatos que se presentaron en 2016: 60.258 contra 60.316 (escrutados 806 circuitos). Miranda ganó con apenas 26.044 votos, unos pocos miles más que el peor votado en 2012 (Castillo, 21.745 votos).

Segundo, en comparación con elecciones internas de otros partidos, y en particular con el proceso de elecciones de juventudes del Partido Nacional que ya se produjo 2 veces, en 2007 y en 2012. Cada vez, los jóvenes blancos que solo podían votar si tenían entre 16 y 29 años de edad —y no con más de 14 años como fue el caso de estas elecciones frenteamplistas— anduvieron orillando los 50.000 votos en todo el país. Es decir que el actual presidente de la juventud del Partido Nacional tiene un respaldo ciudadano en las urnas que se asemeja al que ostentará Javier Miranda en tanto presidente de todo el Frente Amplio: en las dos elecciones hubo similar cantidad de votos válidos en total.

Por supuesto, esta comparación no se tiene presente en general en los análisis que se hacen desde la politología vernácula, siempre izquierdocentrada en sus comentarios. Sin embargo, es un dato muy importante para entender la evolución de los partidos políticos, ya que muestra hasta qué punto la lógica de la estructura militante izquierdista se ha ido vaciando de ciudadanos de a pie para irse llenando con militantes de las corrientes y sectores más radicales del Frente Amplio.

En efecto, esa es la tercera conclusión de esta elección frenteamplista. Es cierto que todos los sectores de 2012 perdieron votos en este 2016. Pero también es cierto que el que más crece, medido en porcentaje del total de votos de los sectores y comparando 2012 con 2016, es el Partido Comunista (que de 13% en 2012 pasa al 16% en 2016). Y la primera fuerza es de nuevo el MPP (21,5%). De esta forma, los grupos conocidos por ser relativamente más militantes, en un contexto de escasa votación general, se hicieron de una porción más grande de poder interno gracias a esta instancia: el sector de Constanza Moreira, por ejemplo, pasará a representar el 7% del total de los votos a los sectores, casi el mismo peso que tendrá Asamblea Uruguay con 8,5% del total.

Mirándolo desde la perspectiva inversa, los sectores que se conocen como más moderados se derrumban. Algunos ejemplos son el sector de Astori que pasa de cerca de 18.000 votos en 2012 a algo más de 5.300 en 2016; la Vertiente Artiguista-5005, que de más de 9.000 votos en 2012 queda en menos de 3.000 cuatro años más tarde; y el Partido Socialista, cuya ala moderada ganó por muy poquito su interna hace pocos meses, y que es el que más pierde en cifras absolutas, pasando de más de 25.000 votos en 2012 a menos de 8.000 en 2016.

Evidentemente todos estos resultados muestran que Miranda será un presidente del Frente Amplio con legitimidad de origen muy débil. Ganó sí, pero con muy pocos votos propios. Además tendrá a un PCU y a un MPP con más peso interno en los órganos de decisión de la coalición, lo que hará más importante el protagonismo de los aguerridos militantes radicales en las medidas claves que deba tomar el oficialismo.

Por un lado, se hizo muy notoria la distancia entre la militancia y la dirigencia izquierdistas, y la ciudadanía en general que no participó como antes de este tipo de elección.

Por otro lado, el Frente Amplio sacó una foto de sí mismo en la que se ve que los sectores radicales están sobrerrepresentados con respecto a lo que son los pesos relativos de cada uno de ellos fijados por toda la ciudadanía que votó en octubre de 2014.

El peso del Partido Comunista en particular, con su feroz prédica retrógrada, será nuevamente mucho mayor a raíz de este tipo de elección interna que el peso marginal que toda la ciudadanía definió para él en 2014.

Esta vez, con menos de 10.000 votos en total, quedó como segunda fuerza del Frente Amplio.

El resultado de esta interna es pues muy malo para el país: fortaleció a los militantes radicales izquierdistas.

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