EDITORIAL

La izquierda mentirosa

La campaña electoral es un momento de análisis de lo que se ha hecho y también de propuestas sobre lo que se hará. Por eso importa mucho tener en cuenta los antecedentes de cada uno, para saber si sus promesas se sustentan en sus acciones pasadas. Y en ese proceso, el Frente Amplio (FA) y sus aliados de la hegemonía cultural izquierdista resultan excelentes promotores de un relato enteramente falso de la historia reciente del país.

Por un lado si se escucha al FA y a sus aliados sindicales, por ejemplo, cualquiera terminará creyendo de que en los años 90, y en particular entre 1990 y 1995 que fue el gobierno del Partido Nacional, los salarios sufrieron bajas sustantivas, ya que los blancos están vendidos a los intereses de la oligarquía y se levantan todos los días pensando en cómo dañar a las clases populares.

No hay nada más hipócrita que eso. Los datos estadísticos oficiales, los mismos que todos los izquierdistas usan para señalar el crecimiento del salario real en esta última década, señalan que, con base 100 en julio de 2008, el salario real en marzo de 1990 fue 104,59, y en marzo de 1995 alcanzó 109.05. Superiores pues, ambos, a la base de 2008, y con tendencia a subir en ese quinquenio. Pero, ¿es que acaso no saben estos datos los analistas izquierdistas que promueven estas mentiras? Son datos que están a un par de clicks de cualquiera que quiera investigar seriamente lo que ocurrió en los 90, y por tanto se hace difícil pensar que los desconozcan.

Por otro lado, algunos politólogos izquierdistas, de esos que sostienen sus banderas con cara de objetividad científica, ya no pueden ocultar más la mala evolución electoral del FA. Apelan entonces a defender el legado de gestión del partido de sus amores con los argumentos más inverosímiles y típicos de la propalación de mentiras políticas y propaganda fraudulenta del Partido Comunista, esas con las que, de jóvenes en los años 80, comulgaron hasta la saciedad.

En efecto, resulta que en la perspectiva de estos izquierdistas soterrados el FA ha hecho grandes administraciones llenas de éxitos, y que es solo un buen planteo de los partidos opositores, un juego comunicacional eficiente digamos, lo que está negando las perspectivas naturales de triunfo del partido oficialista.

Así, los mentados politólogos que evolucionan desde hace años en su cotidiano trabajar en una Facultad de ciencias sociales rodeados de decenas de indigentes, procuran tomar el pelo a las propuestas del Partido Nacional en materia de políticas sociales, a través de algún infantil comentario en redes contra Bartol.

También, más pretendidamente argumentativos, señalan que el Uruguay de 2019 es el mejor de la región en materia de reparto de riqueza, de índices sociales y de crecimiento económico.

Que afirmaciones de ese tipo sean dichas por algún repartidor de mortadela italiana o por algún dentista de prestigio es algo muy posible: ninguno de los dos dedica su tiempo y su trabajo al análisis social y político del Uruguay, por lo que nadie puede esperar que sean especialistas en estos asuntos. Empero, que sandeces tan rotundas sean afirmadas por politólogos en pretendidos textos argumentados, llama profundamente la atención sobre la enorme falta de formación que demuestran.

Y hay que reconocer también que se hace difícil contradecir a aquellos que señalan que en realidad lo que hay, simplemente, es pura mala fe intelectual al servicio de su causa partidista, demostrando así ser dignos hijos del Partido Comunista que los formó con sus sempiternas mentiras.

¿O acaso estos especialistas no saben que Uruguay, desde hace al menos 70 años, es el que presenta mejores guarismos en materia social en Sudamérica y es uno de los que, desde siempre, mejor ha repartido sus riquezas en comparación continental?

¿O acaso ya en los años 90 no era Uruguay uno de los mejores países de la región (y del mundo) medido a partir del índice de desarrollo humano?

¿Qué hubo de nuevo, positivo y rupturista en este sentido a partir de la impronta del FA en el poder?

Una campaña electoral precisa de debates y de intercambios de opiniones de parte de partidos diferentes que expresen sus disensos. Pero precisa también que no se tergiverse la realidad: ni de parte de la izquierda política, como en el caso de la evolución de los salarios reales en los años 90, ni de parte de los inefables politólogos izquierdistas que muestran ser capaces de escribir cualquier tontería con tal de defender el balance de gestión del FA en el poder. En los dos casos, dan mucha vergüenza ajena.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados