EDITORIAL

El invento del Frente Amplio

En este proceso de indagatorias en torno al colosal agujero negro de Ancap, que ajuste fiscal mediante pagan todos los uruguayos, Sendic siempre ha buscado echar culpas a otros en lugar de mirarse al espejo para encontrar el responsable.

Sendic sigue sin entender nada y hace tiempo que los uruguayos se preguntan cómo fue que el Frente Amplio y el mismo Tabaré Vázquez aceptaron que integrara la fórmula presidencial, lo presentaran como la "renovación" del FA y se convirtiera en el Vicepresidente de la República. Acaba de ser procesado tras una acusación fiscal y por sentencia de la jueza de Crimen Organizado, Beatriz Larrieu, por los delitos de abuso de funciones y peculado. Fue la justicia uruguaya que lo procesó, pero igual arremete contra los senadores Álvaro Delgado, Pedro Bordaberry y el abogado Pablo Correa, en un desesperado operativo "enchastre" tan torpe y bajo como fuera de lugar.

Pero no es la primera vez que el exvicepresidente apunta a esta estrategia para defenderse de las consecuencias de sus actos. En este proceso de tres años que llevan las indagatorias en torno al colosal agujero negro de Ancap, que ajuste fiscal mediante estamos pagando todos los uruguayos, siempre ha buscado echar culpas a otros en lugar de mirarse al espejo para encontrar el responsable. Recordemos.

En su origen fueron los balances de Ancap. Cuando se prendieron las primeras luces rojas, allá por mayo de 2014 (el déficit era de US$ 163 millones), Sendic le echó las culpas al tipo de cambio. "La evolución del precio del dólar (que recién empezaba tímidamente a crecer), fue determinante en el resultado", afirmó y repitió. Hubo que explicarle que eso era un disparate.

Como el déficit siguió creciendo y las preguntas también, le echó las culpas al subsidio del boleto: "Ancap transfirió para el subsidio al boleto US$ 126 millones", dijo. Juan Salgado, presidente de Cutcsa (y amigo del presidente Vázquez), lo barajó de inmediato: "En el transporte de pasajeros Ancap no invierte un solo centésimo. Sendic debería asesorarse bien o estudiar antes de poner los temas en la órbita de la opinión pública" (agosto de 2015).

No solo no le hizo caso, sino que tampoco se rindió; solo cambió el verso. Pocos meses después responsabilizó a los estacioneros (esa gente que compra el combustible de Ancap al precio que fija Ancap y luego lo vende al precio que también fija Ancap), por un acuerdo salarial del 2010 y 2011. Fue sorpresa y estupor por el nuevo dislate.

Después vino el "affaire" de su título de licenciado en Genética Humana en la Universidad de la Habana. Descubierta su inexistencia, anunció que iba a aportar documentación que lo avalaba y todavía se está esperando. Eso no impidió el categórico respaldo de su partido en la voz del mismísimo Plenario, que en una declaración estilo Maduro afirmó: "Se rechaza la campaña desplegada por la oposición y diferentes medios de comunicación destinada a menoscabar la imagen y credibilidad de integrantes de nuestro gobierno, como así también debilitar la institucionalidad democrática del país". Sí señores, un ataque a la democracia por decir que Sendic no tenía un título que no tenía, en lugar de asumir que nada hace peor a la institucionalidad democrática que la mentira.

Por último el tema de la tarjeta corporativa. Tras muchas idas y venidas alegó que se había perdido una caja con los documentos que contenían los reembolsos efectuados (que obviamente eran prácticamente todos). La culpa entonces no fueron sus compras y gastos indebidos, sino la "extraña" desaparición de esos archivos (antes fue el título), como si estuviera perseguido por la maldición de los documentos esfumados.

Desde el FA dicen ahora que el procesamiento de Sendic afecta al Uruguay y al sistema político. Falso. Todo esto daña solo al FA. Sendic fue procesado porque aquí en Uruguay funciona un sistema republicano-democrático con sus instituciones y sus principios. Porque rige la separación de poderes y el Parlamento despliega su función principal que es la de contralor del Poder Ejecutivo y allí están las comisiones investigadoras. Porque llegado el caso está la garantía del Poder Judicial, tal vez el más débil de los tres poderes porque no tiene el mando de la fuerza de las armas ni el respaldo de las urnas. Sin embargo es el más sólido resguardo del imperio del derecho y el respeto a la Constitución. Sus decisiones no se discuten, se acatan.

Ese Poder —no Bordaberry, Delgado, Correa, la conspiración Atlanta o el Divino colchón— lo considera autor de dos delitos: peculado ("El funcionario público que se apropiare el dinero o las cosas muebles, de que estuviere en posesión por razón de su cargo, pertenecientes al Estado, o a los particulares, en beneficio propio o ajeno…) y abuso de funciones ("El funcionario público que en el uso de su cargo cometiere u ordenare cualquier acto arbitrario en perjuicio de la Administración o de los particulares…").

Así de simple y republicano.

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