EDITORIAL
diario El País

Una interpelación absurda

En el día de ayer se concretó la primera interpelación realizada por el Frente Amplio al actual gobierno y el resultado demuestra por qué demoraron 444 días en llevar adelante este mecanismo: fue uno de los papelones más grandes que recuerdan los anales legislativos.

El afán de protagonismo del diputado Civila le ganó a toda lógica jurídica, ética o política a la hora de realizar un llamado a interpelación. Desde su primera intervención y, en realidad desde sus notas en diversos medios en los días previos, quedó claro que el llamado a sala no tenía ninguna razón de ser y sí quedó en evidencia que el diputado iba a pegar una brutal patinada, lo que efectivamente aconteció.

La exposición inicial de Civila osciló entre el sinsentido y los lugares comunes y terminó con una serie de preguntas personales a la ministra Arbeleche en la que solo faltó de qué signo zodiacal era. Las pocas que fueron referidas al tema fueron contestadas, las tonterías no, pese a que el miembro interpelante repitió, como suele ocurrir en estos casos, que no se le contestaron las preguntas.

La exposición de la ministra Arbeleche, por su parte, fue impecable e implacable. Con paciencia meritoria, explicó cómo funciona el régimen de promoción de inversiones, las leyes y decretos que aplican y la forma en que funciona la Comap, comisión de aplicación de la ley de inversiones, que evalúa los proyectos.

Quizá lo más importante a destacar es el carácter objetivo y fuera de toda discrecionalidad de la exoneración tributaria que motivó la interpelación. En efecto, es posible consultar en línea con un simulador el beneficio tributario que aplica a una inversión. Vale decir, a partir de indicadores objetivos y una matriz que aplica a todos los casos se llega al cálculo. No existe prebenda ni preferencia alguna, la Comap realiza sus informes en forma estrictamente objetiva y sin que entre ningún elemento discrecional.

La Ministra de Economía, por lo tanto, tenía dos opciones. Cumplir con la ley y otorgar la exoneración fiscal ajustada a derecho o negarla y violar la ley. No llama la atención lo del diputado Civila, un socialista fanático que ha llevado su partido a la mínima expresión electoral al asimilarlo al partido comunista, defensor de todos los exabruptos del kirchnerismo y de toda dictadura criminal en Latinoamérica mientras sea de izquierda.

Resulta que para el gobierno nacional, gobierno de defensores de las leyes sustentado en una Coalición Republicana, las leyes sí importan. También la ley importa para la ministra Arbeleche, una servidora pública impoluta a la que los ataques absurdos y desesperados del Frente Amplio siquiera han rozado.

Al ver Civila como su interpelación corría entre el murmullo de los legisladores de su propio partido sobre el papelón que estaba haciendo y la intrascendencia en que se iba apagando, salió en un delirio místico propio del revolucionario de escritorio en que devino y espetó a los gritos y fuera de sí: “Esto es una pieza de evidencia de un crimen mayor, gobiernan para beneficiarse a sí mismos”.

¿En qué enfermiza cabeza cabe ese tipo de declaración? ¿Acaso en la realidad paralela en la que vive -en la que Néstor Kirchner fue un adalid de la honestidad y Hugo Chávez un prócer de los derechos humanos- se ve todo de una forma tan distorsionada?

¿A qué alude el diputado Civila con que el caso tratado, perfectamente ético y legal, es una pieza de un crimen mayor? Evidentemente un fiscal debería actuar de turno y llamarlo a que declare cuál es la conspiración gigantesca que descubrió. Pero más ridícula y vergonzosa aún es la parte en que afirma que el gobierno gobierna para beneficiarse a sí mismo.

El diputado Civila afirmó que el gobierno actúa de mala fe. A partir de allí todo intercambio bienintencionado es imposible. ¿Cómo se hace para dialogar con alguien que acusa a la otra parte de esa forma?

Con esta afirmación demuestra que el Frente Amplio es el constructor y profundizador de una grieta que se quiere fomentar día a día en nuestro país, pese a la pandemia y afectando el bienestar de los uruguayos.

Civila afirmó que el gobierno actúa de mala fe. A partir de allí todo intercambio bienintencionado es imposible. No se puede dialogar con alguien que acusa a la otra parte de esa forma. Por lo tanto, así como la interpelación fue una verdadera vergüenza por su falta de fundamentos y la forma en que la llevó adelante el diputado socialista, quizá lo más infame termina siendo que declara que el Frente Amplio no cree posible el diálogo y el acuerdo en el sistema político uruguayo. Aunque el revolucionario de Vascolet aún no se haya dado cuenta, los buenos no están todos de un lado contra los malos del otro, le bastaría con leer la prensa.

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