EDITORIAL
diario El País

No solo hacer, sino también inspirar

La administración Lacalle deberá no solo gobernar, sino además, inspirar”. Esta reflexión, sencilla, clara y contundente, es parte de las más reciente columna de Leonardo Guzmán y define una realidad que hace pensar a muchos.

Pasada ya la impresionante celebración del sábado pasado, cuando en un día luminoso y radiante una multitud pudo finalmente festejar lo que ya se sabía desde el domingo anterior, empieza ahora el momento de ver cómo el presidente electo arma su gabinete, cómo construye su equipo de gobierno y cómo ante ello termina de ajustar la nueva coalición. Sabemos que funcionó bien para consolidar el triunfo electoral, ahora habrá que ver cuan bien funciona en los próximos cinco años.

No será fácil, pero los indicios permiten ser optimistas. Los cinco partidos involucrados mostraron estar seriamente comprometidos con el proyecto. Eso ayudará a su consolidación. Son cinco partidos con visiones muy definidas y diferentes unas de otras. Pero de eso se trata cuando se arma una coalición, aquí o en cualquier otro lugar del mundo: dejar a un lado lo que es distinto y concentrarse en un proyecto común básico y posible. Sobre esto los cinco partidos parecen no tener dudas.

Por añadidura, quien encabeza ese equipo, el presidente electo Luis Lacalle Pou, siempre entendió cual era su rol ante esta disyuntiva y tuvo muy claro que la coalición no podía ser algo que solo lo ayudara en el balotaje; era necesario ir más a fondo. En ese sentido, mostró ser un verdadero líder y así lo percibieron no solo los dirigentes de los cinco partidos, sino sus respectivos votantes. Se podía ser blanco o colorado, seguidor de Novick, votante de Cabildo Abierto o del Partido Independiente y a la vez un entusiasta admirador del candidato.

Liderar una coalición de partidos tan disímiles no es fácil y Lacalle Pou demostró tener condiciones para ello. Es un político excepcionalmente bueno y ello es necesario para coordinar esta tarea. Es respetuoso, tiene aplomo, es sereno; eso le otorga, además, la capacidad para ejercer su autoridad desde el cargo que le ha sido confiado.

Liderar es inspirar, como bien ha dicho Guzmán en su columna.

Si bien la coalición tendrá una presencia importante en ambas cámaras, el nuevo gobierno no puede ni debe subestimar a la oposición que ejercerá el Frente Amplio. Algo de cómo actúa el Frente estando en el llano, se sabe porque desde ese lugar actuó a partir del retorno de la democracia hasta que ganó en 2004. Y si bien algunos de sus dirigentes en estos días expresaron el deseo de ser una oposición responsable y constructiva, la dinámica de los hechos terminará demostrando que no necesariamente será así. Acaban de demostrarlo con las tarifas.

El Frente Amplio en estos años fue un hábil inspirador de relatos: logró que parezcan hechos consumados, solo dichos y expresiones de deseos. Consiguió que cierta forma de expresarse, con una jerga muy propia, termine convirtiéndose en la realidad misma aunque no lo fuera.

Eso hizo desde el gobierno y eso seguirá haciendo como grupo opositor.

Construyeron un discurso que todos compran por bueno: la cultura, la academia, el mundo del espectáculo y el sindical. Desprecian y amedrentan a quienes no adoptan ese discurso: hay que alinearse dócilmente y sin protestas detrás de su modo hegemónico de ver el mundo.

El nuevo gobierno que presidirá Luis Lacalle Pou podrá, tras un enorme esfuerzo, revertir la dramática situación de inseguridad que vive el país. Podrá, paso a paso, generar estímulos para dinamizar el país productivo y de esa manera crear más empleos y de mejor calidad. Podrá hacer un esfuerzo sobrehumano para abrir mercados y colocar más y mejor producción nacional. Podrá darle al país y a las generaciones venideras el nivel de educación que la población reclama. Podrá ir ganando la difícil lucha contra la pobreza y devolverle al país un sitial de dignidad en su política exterior. Pero nada de esto se notará ni será reconocido si no pone fin a esa mezquina y perniciosa cultura hegemónica que tanto daño le hace a quienes quieren hacer bien las cosas.

Por eso también en ese terreno, Lacalle y la gente que conformará el nuevo gobierno deberán inspirar. Inspirar para creer en lo que hace, inspirar para darle fuerza a sus logros, inspirar para hacer sentirle al país que todo lo que se haga tiene un sentido, tiene un objetivo digno y valorado y que por todo ello vale la pena jugarse, pese a lo que pretendan imponernos los relatos hegemónicos.

Por eso, no solo se trata de hacer sino de inspirar.

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