Editorial

El impuestazo montevideano

Las elecciones del próximo 10 de mayo se viven con mucha intensidad en algunos departamentos, en particular en aquellos en que hay una disputa real por el poder que genera incertidumbre por el resultado.

Claros ejemplos de esta situación son las elecciones en Maldonado, Paysandú, Artigas o Río Negro. En otros continuaría el actual oficialismo sin mayores dificultades, como en Montevideo y Canelones para el Frente Amplio, Tacuarembó o Durazno para el Partido Nacional y los colorados retendrían su bastión de Rivera.

Estas realidades locales muestran la diferencia abismal que puede existir entre el resultado de la elección nacional y la departamental y la independencia con que se maneja el electorado, en particular en las elecciones locales, respecto de los partidos políticos.

Una excepción destacable por su importancia es la elección de Montevideo, donde el peso de la camiseta frenteamplista importa mucho más que la gestión de la Intendencia. Ya no corre la sentencia de Sendic de que se gana igual con una heladera de candidato, pero sí que con cualquier candidato de peso el Frente Amplio sigue siendo favorito en la capital.

Según la última encuesta de la empresa Cifra solo el 29% de los montevideanos aprueba el desempeño de la actual intendenta Ana Olivera, mientras un 46% la desaprueba. Incluso entre los votantes del oficialismo el 31% desaprueba la actuación de Olivera. La consultora concluye que por primera vez en el cuarto de siglo que lleva gobernando el Frente Amplio en Montevideo un intendente culmina su gestión con más juicios negativos que favorables. Sin embargo, según la misma empresa y las restantes del rubro, el Frente Amplio superaría con creces el resultado de 2010.

¿Cómo se explica esta situación? El primer factor, como ya mencionamos, es el peso de la camiseta. En Montevideo, a diferencia de la mayoría de los departamentos del interior, la elección se partidiza y los frentistas, aunque estén disconformes, siguen votando a su partido. En segundo lugar el oficialismo reparó el error de 2010 y propuso tres candidaturas que incluyen a dos senadores relevantes en vez de imponer una artificial que generó numerosos descontentos. En tercer lugar el Frente en Montevideo surfea la ola progresista que cobró nuevo impulso en octubre con el inesperado resultado de un nuevo gobierno con mayoría absoluta por tercera vez consecutiva.

Pese a los esfuerzos de los candidatos del Partido de la Concertación, cuyo desempeño sabremos recién el 10 de mayo, esta realidad de fondo, de razones culturales estructurales de largo aliento, no ha logrado modificarse. Sin proponer nada, con una campaña anodina entre jingles y carteles coloridos, el Frente sigue sólido en su performance en la capital.

La pésima gestión y los problemas básicos que no solo no se resuelven sino que se agravan con el paso del tiempo, no inciden y este es el principal logro político del Frente.

Tan seguros están de su victoria que incluso en su propio programa de gobierno para el próximo período incluyeron sin escozor una propuesta que debería despertar la indignación del contribuyente capitalino. Dice el programa en su punto 7.2 Catastro/Política Tributaria, páginas 78 y 79: La Intendencia Departamental lleva adelante una política de justicia tributaria fiel al criterio "que pague más el que tiene más". Si bien no hay una normativa que obligue a la Intendencia a regirse por el catastro nacional, por su uso, por ser consuetudinario, ocurre así de hecho. Proponemos aprobar una normativa clara, que permita ejercer plenamente la potestad autonómica departamental para adecuar el valor de la propiedad de inmuebles tomando como referencia el valor del mercado inmobiliario".

En buen romance, eso quiere decir que si realmente lo aplican la contri- bución inmobiliaria en Montevideo aumentará, de acuerdo al barrio, entre un 50% y un 400%. Un impuestazo fenomenal en un departamento en que ya se pagan impuestos exorbitantes por servicios calamitosos. Dada la gestión de los últimos 25 años y el aumento sideral de la carga tributaria en ese período, el Frente simplemente propone expoliar a los montevideanos, cargándoles las ineficiencias de su gestión.

La soberbia que trasunta la propuesta es a su vez una demostración de lo que ocurre cuando el partido de gobierno no siente el riesgo de que pueda perder el poder. Sería sano para la salud de nuestra democracia que, ante semejante desprecio por el ciudadano y el contribuyente, se demostrara una vigorosa rebeldía en la próxima elección.

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