EDITORIAL
diario El País

La importancia de esta Expo Prado

En este momento, Uruguay muestra al mundo su estatus privilegiado. 

Ocurre que mientras muchas naciones se debaten en cuarentenas interminables, en discusiones de cómo revivir su economía, o de cómo adaptarse a la “nueva normalidad”, en nuestro país está teniendo lugar la Expo Prado, evento emblemático si los hay, donde el principal sector de la economía nacional, muestra sus mejores ropas.

Este evento está lejos de ser un acto superficial, o de relaciones públicas. Es una muestra y una competencia, donde se presenta a la ciudad y al mundo, los avances y el resultado del trabajo y la inversión de miles de productores que son quienes generan la mayoría de las exportaciones del país.

Detrás de cada uno de esos formidables animales, hay miles de horas de trabajo y esfuerzo, de inversión en ciencia y tecnología, en cuidado por el bienestar animal... es la punta del iceberg de todo un sistema productivo que, tal vez con el puerto de Montevideo, es la razón de ser del país, y el gran motor de su economía desde el inicio de los tiempos.

Claro que también desde el inicio de los tiempos, este sistema productivo ha sido incomprendido y víctima de prejuicio y fanatismo ideológico. Desde el primer sitio a Montevideo, agudizado luego por el proyecto urbano batllista consolidado después de 1904, y por las olas migratorias que trajeron concepciones ideológicas europeas, Uruguay ha padecido un quiebre entre la ciudad y el campo. Un quiebre ridículo para cualquiera que lea un poco de historia, pero asombrosamente vigente, tal como lo mostraron algunas declaraciones de estos días.

Por ejemplo, el senador socialista Daniel Olesker afirmó días pasados que le sorprendía la habilitación según él muy rápida, de los protocolos para la Expo cuando los teatros debieron esperar meses para ser abiertos. Y sostenía que esto se debía al vínculo cercano del Partido Nacional con la Asociación Rural. Si hubiera que empaquetar una dosis de prejuicio para regalo, esta declaración de Olesker solo precisaría una moña.

Primero, la Expo Prado es una actividad mayormente en espacios abiertos, se ha limitado el aforo de visitantes a un tercio de lo normal, y el cumplimiento de protocolos es de un rigor que sorprende a cualquiera que vaya. Además, se trabajó durante largo tiempo antes de que se habilitara. En contraste, los teatros son actividades en espacios cerrados y mayormente pequeños. La diferencia es obvia para cualquiera que no marche por la vida con una edición de El Capital de Marx tapándole los ojos.

Pero Olesker, por lo menos, tiene la cualidad de hablar siempre de frente, aunque sea para replicar las consignas más huecas y trilladas. Hay otros que operan de manera menos elegante.

Por ejemplo, un conocido comunicador vinculado a la radio del MPP divulgó en redes sociales estos días unas fotos de fiestas masivas que serían supuestamente en la Expo Prado, preguntándose de manera insidiosa cómo era eso posible. A esta patada inicial con apariencia de ingenuidad, se sumaron dirigentes y militantes relevantes de la oposición, sugiriendo de nuevo, que había una especie de tolerancia cómplice de parte de las autoridades, seguramente “compradas” por el “lobby rural conservador”.

El hecho de que en medio de una pandemia, el país pueda celebrar una Expo Prado, debería ser motivo de orgullo para todos los uruguayos. Es una vidriera que muestra a la región y al mundo lo mejor de nosotros mismos.

La realidad es que luego se comprobó que esas fotos eran de años previos. Pero el mensaje, y la insidia, quedaron sobrevolando el ambiente.

¿Por qué se hace esto? Porque hay gente en el Frente Amplio que lucra políticamente con venderle a un sector votante urbano, que existe un grupo de millonarios terratenientes, egoístas y explotadores de sus peonadas, que están de mano dada con el gobierno, y que abusan de su posición dominante.

Esto es todo una estupidez, anclada en visiones que nunca fueron reales, pero menos hoy, donde el sector agropecuario es hiperprofesional, eficiente, y lejos de beneficiarse de ninguna prebenda pública, es el lomo sobre el que marcha la ficción de buena parte de este estado burocrático e improductivo, potenciado hasta niveles ridículos en los pasados quince años del país.

El hecho de que en medio de una pandemia como la actual, el país pueda celebrar una Expo Prado, debería ser motivo de orgullo para todos los uruguayos. Es una vidriera increíble que muestra a la región y al mundo lo mejor de nosotros mismos. Tanto por el esfuerzo que hemos hecho como sociedad para tener un estatus sanitario envidiable, como para mostrar la fortaleza del sector económico que nunca paró, y que será sin duda el espinazo sobre el cual se generará la recuperación económica del país. Como siempre, el Uruguay se salvará con el agro...

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