EDITORIAL

Ignorancia y prejuicio

La situación de crisis en el agro tiene mucho que ver con la permanente transferencia de recursos orquestada por el Frente Amplio desde la producción genuina a los sectores clientelares urbanos a los que debe su éxito electoral.

La situación que atraviesa el sector agropecuario es un síntoma lacerante del gran problema que ha padecido este país por el último medio siglo o más: la ignorancia y el prejuicio de buena parte de la clase política respecto al principal rubro económico del país.

Debe haber pocas muestras más claras de ese prejuicio que la respuesta del presidente Vázquez frente a los reclamos de los productores: soberbia y desprecio marcados por la negativa siquiera a recibir a las gremiales. Sabemos que la agenda del presidente es compleja, pero si tuvo tiempo para reunirse con el dictador más sangriento de África, apenas días antes de que sus propios generales lo mandaran a un asilo, debe haber oportunidad para sentarse a conversar con quienes son la locomotora silenciosa de la producción nacional.

Pero la postura de Vázquez no es nueva ni original. Desde siempre, su partido político ha manifestado un nada velado desprecio por el sector agropecuario, sector al que no entiende, al que mira con ojos desconfiados, y donde ve un núcleo de ricachones conservadores, que se pasan lamentando. La realidad no podría estar más lejos.

Desde la crisis de la aftosa el sector agropecuario ha experimentado un cambio radical, marcado por la tecnificación, la mejora de la calidad de producción, la profesionalización de sus cuadros empresariales, y una diversificación como no se ha visto nunca en nuestra historia. Desde la explosión de la forestación (rubro que también siempre ha sido mal mirado por el FA), hasta la revolución genética en ganado y granos, pasando por el cambio de enfoque en el sector ovino.

¿Qué ha aportado el gobierno para sostener y potenciar estos cambios? Nada. O más bien, se ha dedicado a entorpecer y a agudizar los conflictos.

En casi 15 años de gobierno del Frente Amplio se ha dejado venir abajo de manera indignante el entramado de rutas y carreteras que son claves para la salida de la producción, encareciendo de manera tremenda este proceso. Se ha dicho ya varias veces que logísticamente es hoy más económico el viaje de la soja desde Montevideo o Nueva Palmira a China, que desde el productor original hasta la costa.

Por otro lado se siguen aumentando de manera escandalosa los costos fijos por el lado de tarifas y combustibles, como forma encubierta de transferencia de recursos desde los sectores productivos a los grupos clientelísticos urbanos. Algo que resulta obvio cuando se ve que mientras se aumenta el costo de un insumo clave para producir como es la electricidad, aun en contra de la voluntad de la propia UTE, los organismos gastan millones en regalitos navideños para una plantilla exacerbada en los últimos años. Y mientras los productores deben competir con otro insumo clave como es el combustible contra países vecinos donde su costo es muy inferior, en Uruguay se aumenta el valor para seguir tapando los agujeros de administraciones de Ancap ruinosas.

Pero estos son apenas dos muestras al pasar. Casi más grave es el agudizamiento del histórico prejuicio urbano en contra del agro, permanentemente reforzando por la visión de que el sector sería un reducto contumaz de violaciones a los derechos laborales. Algo que más allá de algún caso concreto, nunca ha sido verdad. Mientras por otro lado se financió durante años con dinero del Banco República a empresas que sí eran notorias violadoras de estos derechos, pero cuyos dueños eran amigos del poder y hasta financiaban los festejos cuando el FA ganaba las elecciones.

Durante algunos años esta situación se pudo sostener por los precios anormalmente altos de algunos productos como la soja. Pero el regreso a cierta normalidad ha dejado al descubierto una realidad alarmante.

Es así que mientras jerarcas del gobierno y sus amanuenses tertulianos de radios y periódicos, sugieren que el país va mejor que nunca porque las carreteras están saturadas un 2 de enero, la realidad genuina del país productivo se cae a pedazos. Y cuando el sector levanta la voz con justa indignación ante los gestos de desprecio del gobierno, la única reacción de este es agarrarse de las palabras de algún productor soliviantado para volver con la cantinela de los bloqueos y lo que le pasó a Allende.

La realidad es que para el Frente Amplio el agro nunca ha sido prioridad ni preocupación. Su inquietud es tener bien sebosos a los sectores urbanos clientelares a los que debe su éxito electoral. El día que la máquina agropecuaria deje de aportar los recursos para mantener esa ficción política, el país en su conjunto pagará un precio tan alto como injusto.

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