Editorial

Hora de responsabilidades

El intercambio epistolar entre Astori y Mujica ha mostrado el verdadero estado de la interna frentista por el nerviosismo que cunde por quién pagará el pato por haber fundido Ancap y el costo que tendrá su necesaria capitalización.

La situación a la que la sucesión de pésimas administraciones ha llevado a Ancap es francamente dramática. No estamos hablando de errores puntuales que afectan simplemente el resultado de algunos balances, sino de un desmanejo estructural que pone al borde de la quiebra a la principal empresa del Uruguay. Siendo como es, además, una empresa pública, las responsabilidades políticas (además de las otras que corresponde y que dirimirá la Justicia llegado el caso), son inexcusables.

Cuesta creer cómo se ha deteriorado la situación del ente en los últimos años y no hay excusa que valga. Ni las inversiones, muchas mal hechas y con notorios sobrecostos que no reportarán utilidad alguna a Ancap, ni la evolución del precio del dólar y del barril del petróleo son explicación suficiente. Más aún, si el petróleo no viniera en la tendencia decreciente de los últimos tiempos ¿cuánto peor sería la situación de la empresa? ¿No estaría ya directamente en quiebra? Aquí no se puede tapar el sol con la mano, hay responsabilidades groseras que deben exigirse porque no hay antecedentes en la historia nacional de una gestión (si se la puede llamar así) tan deplorable para los intereses de los uruguayos.

Las cifras son conocidas y elocuentes. Ancap acumula un déficit desde 2011 que llegará este año al menos a los 750 millones de dólares, o más de 800 según estimaciones del director Diego Labat. Los pasivos del ente pasaron de 354 millones de dólares, en 2005, a 2.173 millones en 2014. No hay con qué darle, no se puede imaginar peor forma de administrar los recursos de todos los uruguayos.

Las responsabilidades políticas de esta situación calamitosa de los presuntos defensores de las empresas públicas que ya se cargaron Pluna, AFE y van por Ancap, detonaron la pelea pública entre Astori y Mujica. La responsabilidad del expresidente Mujica es innegable, su gobierno fue calamitoso desde el punto de vista de la administración general del Estado, con un crecimiento exponencial de la deuda pública y del déficit fiscal, y un descontrol (como lo llamó el propio Astori) inocultable en el manejo de las empresas públicas. Detrás del folclore ramplón y bucólico del personaje "Pepe" Mujica, está uno de los peores presidentes de nuestra historia reciente, sin dudas el peor desde la recuperación democrática, sin levante y sin excusas, ya que gozó de mayoría parlamentaria propia y de una bonanza económica excepcional.

También asoman como responsables que no pueden sacar la pata del lazo Martínez y Sendic. Hoy puede resultar irónico que nos los hayan querido vender como buenos gestores a los responsables directos de la debacle de Ancap, una empresa monopólica, que es como chocar un auto conduciendo en una autopista vacía. La imagen de ambos, sin embargo, ya se ha devaluado como el patrimonio de Ancap. Los balbuceos de Sendic para explicar la situación dan pena, y Martínez ha demostrado en los meses que lleva como intendente de Montevideo que vamos a seguir tapados por la basura y trancados en el tránsito.

Tampoco Astori, por más que quiera explicarse, puede eludir el zafarrancho. Mintió en la campaña electoral al hablar de la situación económica, incluida la de las empresas públicas. Pisoteado él y su sector en forma permanente en la interna del Frente, siempre bancó para seguir ocupando posiciones de poder aunque fueran más simbólicas que reales. Al aceptar esta situación y al poner la cara con su equipo para convalidar los desastres de Mujica, se vuelve tan responsable como el expresidente. Más aún, pretendió justificar y darle barniz técnico a una situación que él mismo hoy admite como de "descontrol", lo que es inaceptable. Al menos esperemos que este episodio termine de demostrar que la presunta seriedad de Astori y sus muchachos es una de las grandes falsedades que los uruguayos hemos comprado de los gobiernos frentistas.

Ahora la única solución que parece quedar es la capitalización de Ancap por unos 800 o 1.000 millones de dólares. Que quede bien claro: ese es dinero que se va a sacar del bolsillo de los uruguayos para pagar la fiesta de Mujica, Astori, Martínez y Sendic.

La historia los juzgará, pero seguramente antes lo hará la Justicia y el pueblo uruguayo que ya no soporta que le tomen el pelo tan descaradamente.

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