EDITORIAL

La hora del discurso almibarado

El Frente Amplio es experto en el arte de contrabandear como bueno algo que es terrible. Así fue como ensalzaron la decisión del diputado Placeres (acusado de delito) de renunciar y la pintaron cuasi de acto heroico.

Quienes trabajan en comunicación política saben que suelen convertirse en chivos expiatorios. Cuando a los políticos les va bien, generalmente es por mérito propio. Pero cuando les va mal, la culpa es de los publicistas.

Con el Frente Amplio está pasando algo parecido. La mala performance que exhibe el gobierno ante la opinión pública, que tan gráficamente refleja el posicionamiento del oficialismo en las encuestas, suele atribuirse a supuestos “problemas de comunicación”. Uno de los argumentos más utilizados por sus voceros es que el gobierno no ha sabido comunicar sus logros, que todo sería distinto si hubieran sido buenos en eso. La justificación siempre tiene un talante victimista: “estamos tan ocupados gobernando, que no tenemos tiempo para convencer a los ciudadanos de lo bien que lo hacemos”.

En realidad es al revés. Lo único en que son eficientes es en comunicar logros que no les pertenecen y tergiversar falencias para (tratar de) convertirlas en virtudes.

Vamos a los hechos.

Están realizando una costosa campaña publicitaria, pagada no por ellos sino por la OPP (con recursos de todos los uruguayos, frentistas y no frentistas), para destacar que hicieron 1.500 obras de infraestructura en 1.500 días. En realidad, muchas de las obras que mencionan y muestran en esa exhibición de autobombo son cofinanciadas por la OPP junto a las intendencias departamentales, pero son proyectos impulsados directamente por las segundas.

Entre ellos cabe mencionar la manera algo impúdica con que la OPP se atribuye la futura recuperación de la Plaza de Toros Real de San Carlos, en fase de concretarse gracias a la iniciativa y el empuje del intendente nacionalista Carlos Moreira.

La única razón por la que tratan de apropiarse de ese logro es porque parte de la obra se realizará con presupuesto del Estado. Lo que hay que explicar es que ese aporte no es una dádiva del gobierno frentista, sino el mero cumplimiento de un mandato constitucional: es obvio que si los contribuyentes de ca-da departamento del interior pagan impuestos al gobierno central, este debe devolver al menos una parte de ellos en obras para ese mismo destino. Lo gracioso, en el caso del Real de San Carlos, es que el mismo gobierno que no tuvo reparos en dejar que se deteriorara el Cilindro Municipal para terminar derrumbándolo, ahora se la va de respetuoso del patrimonio con la plaza de toros coloniense, cuando el mérito de protegerla es claramente de un intendente blanco.

En esa misma preocupación casi obsesiva por comunicar cosas que alimenten la reputación oficialista, el FA viene instalando grandes carteles de vía pública (estos sí, felizmente pagados por ellos y no por el Estado) donde destaca aparentes virtudes de los últimos gobiernos. Nos llamó la atención particularmente uno que dice “Yo voy por más crecimiento económico”, con un muchacho que mira a cámara sonriendo, satisfecho de lo bien que le va a un país donde cierran empresas todos los días y el Mides promete averiguar recién ahora cuánta gente duerme en la calle. Esa voluntad de vender publicitariamente al Uruguay como un país de fantasía revela, en el mejor de los casos, soberbia, y en el peor, un grave alejamiento de la realidad.

Pero la publicidad que hacen el gobierno y el Frente Amplio no es toda la propaganda oficialista.

También está lo que los idóneos en la materia llaman “acciones de comunicación”, que no pasan por el uso de soportes publicitarios sino por la manera en que se difunden ciertas noticias.

Ya hemos analizado en esta página los paradójicos elogios que recibió el diputado Placeres esta semana, al renunciar a su banca para enfrentar a la Justicia que lo procesó. Los asesores de comunicación del frenteamplismo son expertos en el arte de contrabandear como bueno algo que es terrible. Porque no admitieron lo evidente, que tuvieron que exigirle a Placeres la renuncia para no someterse al naufragio electoral de un desafuero.

Lejos de ello, ensalzaron la decisión poco menos que como un acto heroico del diputado, un renunciamiento enaltecedor de su persona. Este discurso almibarado para homenajear a quien incurrió en conjunción de interés público y privado, nos hizo acordar a cuando pretendieron convertir en fortaleza la caída del vicepresidente Sendic, argumentando que fue tan noble que hizo un renunciamiento semejante por la mera compra de un calzoncillo.

Son unos genios comunicando, pero ¿alguien todavía les cree?

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