EDITORIAL

La hora de la deshonestidad

El equipo económico del gobierno, con Danilo Astori a la cabeza, se ha empeñado en minar la credibilidad de la oposición en esta materia, apelando al siempre bajo expediente de mentir y agitar cucos de inestabilidad.

Era de esperar. El Frente Amplio siente que ya no revierte el próximo resultado electoral con nada; entonces echa mano a argumentos demagógicos y engañosos, con tal de confundir a la opinión pública. La hora de "los niños que comían pasto" parece estar volviendo.

Y sí, elegimos tal tristísima expresión, porque sobre esa ya comprobada mentira el Frente Amplio construyó su triunfo electoral de 2004. Algunos la usan todavía hoy, a sabiendas de que las maestras que fueron testigos presenciales de aquellos sucesos, han aclarado una y otra vez que lo del pasto era una falsedad, rápidamente utilizada por un Vázquez que se negó a recibirlas y rectificarse.

El equipo económico del gobierno, con Danilo Astori a la cabeza, se ha empeñado en minar la credibilidad de la oposición en esta materia, apelando al siempre bajo expediente de agitar cucos de inestabilidad, azuzando el temor al cambio que se da en los ciudadanos más conservadores.

Así, nadie tuvo reparos en publicar en la web de Presidencia de la República, un espacio que debería seguir un protocolo institucional y no ser sumido en el barro de la confrontación partidaria, tremendistas declaraciones de Astori contra la propuesta económica del Partido Nacional.

No solo la menoscaba diciendo que contiene medidas "imposibles de llevar a la práctica", sino que agrega que solo se podrían implementar con "un feroz recorte del gasto público", con "un gran retroceso en conquistas sociales que se han alcanzado durante los 15 años de gestión del Frente Amplio".

Es interesante que el ministro, otrora tan mesurado en sus apreciaciones políticas (uno extraña la época en que homenajeaba al gran Alejandro Atchugarry), ahora utilice el adjetivo "feroz" para referir al recorte, más que necesario, imprescindible para que el país vuelva a funcionar. Nos retrotrae a aquel estúpido comercial televisivo de un sector radical del Frente, en el que un fantasma de sábana blanca, con una motosierra en la mano, le sacaba a un niño la ceibalita y la cortaba al medio, en plena campaña para poner en la presidencia a Mujica. Ya abandonaron la capacidad de argumentar: vuelven a agitar al fantasma de la motosierra como si el país pudiera mantener eternamente un déficit incremental del 5%, como si la realidad de las empresas y los trabajadores estuviera para seguir aumentándoles impuestos y tarifas públicas, como si solo se pudiera contener el gasto eliminando políticas sociales, y no pudiera hacerse cortando las extraordinarias, impúdicas sangrías del despilfarro, el clientelismo y el desorden administrativo

Bien hizo el candidato Luis Lacalle al rechazar enfáticamente los comentarios de Astori y desafiarlo a un debate con Azucena Arbeleche, su principal asesora en materia económica y quien, como se recordará, fue la primera economista en encender "luces amarillas" cuando la academia aún cantaba loas a la conducción económica frenteamplista.

Uno podría decir que la "ferocidad" de Astori fue el exabrupto de un político en retirada. Pero vean la cuenta que agregó al collar el director de la OPP, Álvaro García, entrevistado por el programa radial Panorama, de 1410 AM. Consultado respecto de la ironía de Talvi sobre cómo haría el Frente Amplio para "arreglar el lío que va a dejar", García replicó: "si de herencias hablamos, nosotros sí sabemos cuáles son".

Otra vez la mentira para la tribuna. Otra vez la distorsión de la realidad para distraer ante la falta de argumentos de peso. Cualquier persona con conocimientos de economía sabe que después de la tremenda crisis de 2002, el gobierno de Jorge Batlle dejó al país en crecimiento, ya desde 2003. En su primer período, el FA no tuvo que hacer otra cosa que continuar con la política económica rediseñada por el ministro Atchugarry, al punto que, como rememorábamos más arriba, una vez en el gobierno, Astori rindió homenaje al extinto dirigente colorado por la precisión e inteligencia con que redirigió los destinos del país.

La herencia que deja ahora el FA a los partidos fundacionales es bien diferente. Desaprovechó una larga década de bonanza económica, dilapidando recursos, usando el empleo público para repartir prebendas y realizando inversiones sin criterio alguno, con los récords de haber fundido la empresa pública más próspera del país y de haber construido un estadio para el autobombo, con la plata de los usuarios de telefonía.

Ya no saben cuánta más deshonestidad intelectual desplegar. Solo falta que vuelvan a lo de la motosierra cortando ceibalitas y los niños comiendo pasto.

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