Editorial

La honestidad brutal de Muñoz

Las palabras duras de la ministra de Educación en un “comité virtual” revelan verdades incómodas que muchos saben pero que el oficialismo siempre niega indignado, en público.

La honestidad, en política, está sobrevalorada. No la honestidad en cuanto al manejo de los bienes públicos ¡por favor! Pero sí, en cuanto a decir lo que se piensa sin mayor consideración por las formas.

Sin embargo, las declaraciones de la ministra María Julia Muñoz en un "comité virtual" del Frente Amplio son bienvenidas, ya que dejan en evidencia una cantidad de problemas que padece el oficialismo, pero que cuando se le mencionan, suele generar de su parte una indignación impostada.

Para empezar, vale decir que a los efectos legales, ya que el tema se ha mencionado en estos días, da igual que sus palabras fueran en un grupo de WhatsApp que en un estrado en la Plaza Lafone. El artículo 333 del Código Penal, el que define el delito de difamación, señala que "El que ante varias personas reunidas o separadas, pero de tal manera que pueda difundirse la versión". Es claro entonces que cuando alguien hace declaraciones en un grupo donde será leído al menos por unas 100 personas, y con la posibilidad de que eso circule fácilmente, está cumpliendo con el requisito básico del tipo penal mencionado.

Pues bien, ¿qué dijo Muñoz? De todo, tal cual es su costumbre. Desde cosas elementales y lógicas, como que es ridículo que se busque segmentar a dirigentes políticos por su edad y no por su capacidad, o que la edad jubilatoria debería extenderse, ya que los avances de la medicina nos permiten vivir más años en mejores condiciones. Hasta otras igual de elementales y lógicas, pero que suelen ser negadas furibundamente por su propio partido cuando quien las dice es alguien de la oposición.

La primera, que las leyes que se están votando en este parlamento, casi siempre por mayorías automáticas propias y sin ningún tipo de negociación constructiva y honesta con la oposición, son de una pésima calidad técnica. Por eso Muñoz reclama a ese grupo virtual, que en el próximo período se ubique en las listas parlamentarias a gente capacitada, sin fijarse en la edad, y que se incluya a más abogados, para evitar que se redacten "leyes horribles, impracticables".

Esto es una realidad que rompe los ojos. Basta ver la cantidad de leyes que se votan, simplemente para enmendar errores vergonzosos de normas previas. Al punto que el Colegio de Abogados ha ofrecido al Parlamento sus servicios de asesoría gratuitos para frenar estos disparates que tienen a jueces y operadores sin saber para dónde arrancar.

Lo segundo que señala Muñoz es que en el oficialismo no hay ni un legislador que entienda de cuestiones presupuestales. La ministra hace una salvedad con el diputado Asti, lo cual teniendo en cuenta sus antecedentes en la intendencia de Montevideo, y como parte de un sector que ha manejado la economía en el período de mayor prosperidad en décadas, pero que nunca logró gastar menos de lo que ingresa, es un elogio bastante inmerecido. Se trata de un problema central para el oficialismo, donde lo que domina es un voluntarismo irresponsable, y donde parece creerse que el dinero crece en los árboles y se puede dilapidar en las cosas más delirantes, sin que tenga consecuencias.

Hay un tercer punto de las palabras de Muñoz que no es compartible, pero que deja en claro la filosofía que mueve al Frente Amplio en algunos temas. La ministra dijo estar preocupada por los "neopentecostales" (...) "sector, para no decir plaga, que aumenta, y si me preocupa es porque no sabemos crear una utopía de hombre nuevo en siglo XXI y nos pisan los talones".

Las palabras de Muñoz dejan en evidencia una verdadera histeria que cunde en el Frente Amplio respecto a todo lo que tenga que ver con religión o visiones trascendentes de la vida. Particularmente cuando gente con esa vocación se involucra en temas sociales y de apoyo a los más necesitados. La ministra lo ve como una competencia algo absurda ("nos pisan los talones") y reivindica la luctuosa parábola del "hombre nuevo", que tanta sangre y represión generó en nuestro continente en el siglo pasado.

¿Por qué molesta tanto al Frente Amplio que la gente tenga vocación religiosa? ¿Por qué le molesta tanto al Frente Amplio que otros tengan vocación social y de ayuda a los necesitados? ¿Acaso el Estado está logrando éxitos tan marcados en ese campo como para despreciar el aporte de otros? La realidad es que no. Y que la única explicación de tanto odio es una simple lucha de poder. Siente que gente a la que desprecia le está "robando" la clientela. Patético y lamentable, pero real. La ministra por lo menos lo dice. Hay muchos otros que no lo hacen, pero actúan con ese mismo dogma, aún perjudicando a quienes aseguran querer ayudar.

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