EDITORIAL

Un hombre y una mujer

Cosse tenía la doble condición: segunda en las internas y mujer. Pero el candidato dijo no. Lo grave fue que, a diferencia de Lacalle Pou, Martínez no había pensado nada con respecto a su compañera de fórmula.

No se trata del retorno de la aclamada película de Claude Lelouch de hace 50 años que hizo época por el romanticismo de la historia que contaba, sus imágenes y su música, sino de la realidad política de hoy en Uruguay de cara a las elecciones de octubre y noviembre: las fórmulas presidenciales, si aspiran a ser exitosas deben incluir representantes de ambos sexos. Como no hay candidatas presidenciales mujeres -la única que competía era Carolina Cosse- las miradas y las expectativas se vuelven hacia la vicepresidencia.

Tradicionalmente, el compañero del presidenciable surgía de la misma decisión de las urnas en las internas. Con el tema de la unidad de los partidos como prioridad, lo habitual era que el derrotado, el que saliera segundo o tuviera una muy fuerte votación pasara automáticamente a completar el binomio titular. En estas elecciones las fórmulas se han cerrado y posiblemente se cerrarán sin tener en cuenta las performances electorales de los vices, que incluso en los dos principales contendores ni siquiera compitieron. No son los votos los que mandan, sino otros factores donde se destaca nítidamente el “que sea mujer”. Más allá de las muy estupendas condiciones y antecedentes que puedan tener, hay una exigencia de los tiempos que corren en nuestro país para que sea así, a riesgo de ser excomulgados.

En los dos últimos comicios el Partido Nacional armó su fórmula sobre la base del primero y segundo de las internas. No tuvo dificultades: estaba dividido en dos grandes corrientes (herrerismo y wilsonismo) que determinaban la conveniencia de unirse en un frente común. El domingo pasado mostró un mapa interno diferente. Con el wilsonismo dividido, porque un grupo de intendentes -Enrique Antía (Maldonado), Sergio Botana (Cerro Largo) y Éber Da Rosa (Tacuarembó)- se separó de su líder Jorge Larrañaga y votaron la candidatura de Enrique Antía, la presencia de Juan Sartori alteró el cuadro tradicional: se ubicó segundo, pero había generado una enorme resistencia a lo largo de la campaña en el resto del Partido que -con razón o sin razón- complicaba las cosas.

El gran favorito y a la postre triunfador, Luis Lacalle Pou, consciente de lo que podía ocurrir, ya había manejado opciones para solucionar rápidamente el tema. Y sin lugar a dudas que la que llevó adelante recibió el apoyo de la vieja colectividad de Oribe: Beatriz Argimón, la Presidenta del Honorable Directorio del Partido Nacional. Todos contentos y asunto terminado.

El Partido Colorado parece no tener urgencias. Está lejos -numéricamente por lo menos- de su época de esplendor. Con todo, hay molestias en esa colectividad porque no tienen claros los criterios que maneja el presidenciable Ernesto Talvi, que hace su debut en las grandes ligas. Lo que sí ha quedado expuesto es que no quiere candidatos que pertenezcan a la vieja guardia o con mucho pasado político. Así fue como rechazó la posibilidad de incluir nada menos que al dos veces Presidente Julio María Sanguinetti y que haya centrado su objetivo en la llamada “gente nueva”, aunque sin especificación de género.

Distinto -y lastimoso- ha sido el escenario del Frente Amplio. Daniel Martínez rechazó de pique nomás que Carolina Cosse, ubicada segunda, fuera su compañera de fórmula, por más que parecía cantada por su condición de mujer y una correcta votación. Además, sumando los votos del candidato comunista Óscar Andrade, la trenza MPP y PCU que tan buenos resultados le había dado a los radicales, superaron a Martínez. En 2009 Mujica superó a Astori en las internas y luego terminaron juntos. En 2014, la lista de Raúl Sendic tuvo una excelente votación que le permitió a Tabaré Vázquez prescindir de su rival Constanza Moreira e incluso de Lucía Topolansky y su MPP. Pero en aquel momento el factor femenino no incidía y el único criterio válido eran los votos.

Cosse tenía la doble condición: segunda y mujer. Pero el candidato dijo no. Lo grave fue que, a diferencia de Lacalle Pou, Martínez -clarísimo favorito para la interna- no había pensado y menos previsto nada con respecto a su compañera de fórmula. Debió improvisar y recorrió el camino del papelón, con una larga lis-ta de entrevistas y negativas hasta cerrar en Graciela Villar, una dirigente con buenas referencias, pero prácticamente desconocida, que apoyó la candidatura de Mario Bergara, ubicado último en la interna. ¿Asunto terminado? ¿Todos contentos?

Tal como viene la mano parece que tras el último domingo de octubre el ministro Murro volverá a decir: “Creo que el domingo tuvimos un sacudón, un tropezón fuerte. Yo estoy triste por lo que pasó”.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados