Editorial

La historia flechada

Un reciente artículo pone en cuestión la metodología de trabajo de dos de los historiadores más respetados por la academia de sesgo izquierdista, que es la que escribe e interpreta el pasado de nuestro país.

Ediciones de la Plaza publicó hace poco "El Partido Nacional en la cultura patria", con artículos de varios destacados intelectuales. Hay uno de ellos, "Mente libre, inteligencia gorda", escrito por Pablo da Silveira, que merece una atención especial, porque allí se deja en claro, con brío y maestría, cómo los historiadores José Barrán y Benjamín Nahum parcializan, ideologizan y son poco rigurosos al momento de escribir la historia de las revoluciones saravistas.

El asunto es estudiado cuando da Silveira analiza el mito del paisanaje bárbaro, tan extendido por esta dupla de historiadores de izquierda. En particular, la referencia que se busca en detalle, en sus orígenes y desarrollo, es la consignada en una divisa de aquel entonces, "aire libre y carne gorda". En resumidas cuentas, si bien queda acreditado que esa frase era conocida en 1904, "las fuentes documentales son muy escasas, provienen de personas hostiles a la revolución, son contradictorias a la hora de describir la materialidad de los hechos y han sido recogidas con enormes imprecisiones", escribe da Silveira. Y agrega con razón, que nada de esto ocurre con divisas como "Defensores de las leyes", "Por la patria" o "Patria y libertad", que sí formaron parte del común de los revolucionarios saravistas.

La clave es asumir la ideologización marxista y tosca que animaba a Barrán y a Nahum al escribir su "Historia social de las revoluciones de 1897 y 1904". En efecto, incapaces de aceptar una motivación política sustantiva y de fondo para esos alzamientos revolucionarios, el conocido par de historiadores izquierdistas intentó a todas vistas forzar un motivo económico y social para explicar el fenómeno que está describiendo.

Como expresa da Silveira, "según ellos, el verdadero motivo por el que hubieran debido alzarse era la pobreza, no la ausencia de garantías y libertades. De modo que todas las citas que incluyen en esa sección hablan de la pobreza en el campo y de cómo ese factor alentó los alzamientos". Y la conclusión del tema no es que la famosa frase "aire libre y carne gorda" sea una invención de Barrán y Nahum, sino que es algo más sustancial y que hace a la forma en la que estos izquierdistas historiadores procesaron su trabajo de investigación: a diferencia de lo que ellos sugieren, no hay prueba alguna de que las revoluciones de 1897 y de 1904 se identificaran masivamente con ese lema, ni que lo usaran como consigna política, ni tampoco como explicación para sumarse a la guerra civil.

Alguien podrá decir que estamos ante una discusión histórica, metodológica y teórica que nada tiene que ver con la realidad actual del país. Sin embargo, el aporte del artículo de da Silveira va más allá de un debate académico, por dos motivos esenciales.

En primer lugar, porque deja en claro que Barrán y Nahum escribieron con sesgo ideológico y que, a partir de ese sesgo, elaboraron una historia de mala calidad metodológica y al límite de la buena fe intelectual, si por ella se entiende que no muestran interés alguno por la verdad de lo ocurrido, sino más bien que lo que les interesa es justificar sus prejuicios.

El dato no es nada menor porque no son dos historiadores novatos, que cometen errores menores en alguna investigación lateral, sino que se trata del par de historiadores más respetado por la academia de historia de sesgo izquierdista, que es la que escribe e interpreta el pasado de nuestro país. El texto de da Silveira, con coraje intelectual, pone en tela de juicio y con toda razón el destacado protagonismo de esta dupla entronizada por muchos.

En segundo lugar, porque en los últimos años distintos trabajos, sobre todo de periodistas, han aportado una visión diferente y muy documentada de lo ocurrido en la historia de los últimos 50 años del país. Seguramente hartos de las falacias de los historiadores profesionales sobre este período, que ocultan información e interpretan la historia en un sentido favorable a la izquierda política y al Frente Amplio en particular, distintos aportes han arrojado luz clara sobre episodios que la hegemonía cultural izquierdista ha querido relativizar o disimular, como por ejemplo la connivencia tupamara-militar del invierno de 1972, o el apoyo de grandes figuras del Frente Amplio al golpe de Estado de febrero de 1973.

El artículo de da Silveira en este sentido es muy importante porque devela que la manipulación de la Historia no refiere solo a la de los últimos 50 años, sino también a la de hace más de un siglo. Protagonista es allí, la construcción ideologizada de Barrán y Nahum.

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