Editorial

Sobre nuestros héroes

Cuando la realidad es y se trata de hechos históricos, que los tupamaros robaron, secuestraron y asesinaron desde comienzos de la década de los sesenta cuando nuestro país era gobernado por colegiados de impecables credenciales democráticas.

El lunes el presidente Tabaré Vázquez fue declarado "Héroe de la Salud Pública de las Américas" por la Organización Panamericana de la Salud en una ceremonia desarrollada en la ciudad de Washington en Estados Unidos. Este reconocimiento, que debe haberle sentado mal a una persona de la humildad de nuestro presidente, es en mérito a su lucha contra el cigarrillo, como es sabido, su principal enemigo.

En el acto, el presidente, haciendo gala de la sencillez que lo caracteriza, expresó: "Yo no he trabajado para ser un héroe, y no sé si lo soy". Solo un verdadero héroe podría tener el recato de no estar seguro de su condición de héroe. El presidente sabe que lo es, la duda es simplemente, para no agrandarse frente a este reconocimiento mundial que le otorga una silla en la Liga de la Justicia junto a Superman, Batman y Aquaman. Sin duda surgirá algún roce con el último mencionado como consecuencia de la afición a la pesca de nuestro mandatario y nuevo héroe mundial.

Por estos días también se estrenó una nueva película que ensalza la epopeya tupamara que se suma a la película de Kusturica para poner supuestamente, a la historia en su lugar, destacando la lucha por la democracia de estos "paladines del liberalismo y la República". Cuando la realidad es y se trata de hechos históricos, que los tupamaros robaron, secuestraron y asesinaron desde comienzos de la década de los sesenta cuando nuestro país era gobernado por colegiados de impecables credenciales democráticas. Sin embargo, no podemos llamarnos a engaño. Se pueden manipular los hechos y demostrar cualquier cosa. Sabemos que aunque hayan sido delincuentes cueles y sangrientos y que cuando se dio el golpe de Estado hacía tiempo que habían sido derrotados, los muestran como héroes de la democracia porque ese es el relato que se exhibe y ha transformado a José Mujica en una estrella de la farándula internacional.

Los críticos de siempre —a los que nada les viene bien— podrán recordar que fue un pésimo presidente, que fundió empresas públicas, dilapidó recursos y trabajó para su gigantesco ego, pero dirán que es envidia. Que el Pepe siempre tuvo buenas intenciones y trató de profesionalizar la gestión pública poniendo al frente de la principal empresa pública del país a un "experto en genética humana" como Sendic y de asesor presidencial a un "formidable" relacionista público como el Pato Celeste.

Desde la semana pasada también los frentistas de todos los sectores han cantado loas a Danilo Astori, luego de que anunciara que no va a ser candidato presidencial. En un acto típico de la humildad de las cúspides frentistas, reconoció que su intención de voto es muy baja y su candidatura aportaba poco. Una vez fuera de carrera, todos sus compañeros, que siempre lo quisieron pero nunca antes lo había expresado por humildad también, aprovecharon para explayarse en merecidos ditirambos. No es para menos, hay que reconocerle a Astori que su impecable gestión al frente de la conducción económica del país, terminó los dos períodos anteriores de gobierno con un déficit fiscal cuatro veces mayor que el anunciado y multiplicando la deuda pública. Y si no fuera porque las condiciones internacionales fueron extraordinariamente positivas, podría haberle errado por mucho más y no por falta de mérito. Salvo alguna noble iniciativa de TV Ciudad, nadie hará una película sobre él y no parece verosímil que le den un premio mundial, pero no sería justo dejar a Astori fuera de la lista de héroes de gobernantes frenteamplistas, por aquello de que siempre hay que ser agradecido.

Tal parece, que por suerte para nuestro país, el tiempo de los estadistas aburridos y republicanos que solo trabajaban por el país y no para las luminarias internacional, quedó en el pasado. Nuestros gobernantes de la era progresista se han dedicado a los temas en donde verdaderamente se juega la suerte del país, como el diseño de las cajas de cigarrillos, algunos presos de Guantánamo y otros tantos refugiados sirios que realmente conllevaron fantásticos beneficios para la vida de los uruguayos.

El amable lector, envidioso de estos logros inapelables, estará pensando egoístamente en sí mismo y murmurando que preferiría otro tipo de gobernantes. Típica mentalidad uruguaya que no sabe reconocer la grandeza por ser mediocre. Hoy el mundo nos reconoce a través de estos héroes, que reflejan parte de su luz hacia nosotros. Por lo que deberíamos sentirnos infinitamente agradecidos. Hemos tenido la dicha de ser contemporáneos de estos hombres superiores, no podríamos aspirar a una mejor fortuna.

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