EDITORIAL
diario El País

No hay inestabilidad

Cada vez que hay un problema en el seno de la coalición republicana (CR), aparecen comentaristas y politólogos para augurar futuros políticos borrascosos. Y, todas las veces, sus diagnósticos y pronósticos se equivocan.

El último episodio de envergadura fue la crisis generada en las jerarquías del Ministerio de Turismo. Ella fue innegable y refiere a una interna lamentable dentro del Partido Colorado (PC). Pero terminó resolviéndose de forma responsable: por un lado, el ministro Cardoso renunció y solicitó en el Parlamento, en tanto diputado por Maldonado, que se conformara una comisión investigadora. Por otro lado, el PC propuso una figura de peso en su interna, que fue aceptada por el Poder Ejecutivo, para ocuparse de una cartera que tiene enormes desafíos por delante.

Cuando se verifica un problema de este tipo, es obvio que surgirán valoraciones políticas críticas. Notorias figuras del Frente Amplio (FA), por ejemplo, quisieron llevar agua para su molino señalando que se trataba de un nuevo cambio ministerial, el cuarto por motivos políticos desde marzo de 2020, y que eso significaba una señal de debilidad del gobierno.

Pero lo relevante no es tanto eso, sino que, una vez más, apareció el coro de comentaristas que se sumó a esa crítica de la izquierda. Como siempre, esas voces compañeras de ruta del FA procuran hacerse pasar por objetivas o científicas. Disimulan de esta forma su compromiso político evidente con la izquierda, y pretenden así tener más eco cuando señalan, por ejemplo, que este cambio ministerial quita estabilidad al gobierno del país.

Sostener que porque se cambien cuatro ministros en 17 meses se está ante un problema de estabilidad gubernativa es de una mala fe intelectual muy grande. Primero, porque en un sistema semipresidencialista como el nuestro esa estabilidad se mide sobre todo y antes que nada por el respaldo parlamentario del Ejecutivo. Ese respaldo ha permanecido intacto desde marzo de 2020. Se funda en una coalición política sólida, que no solamente ha probado su entereza enfrentando la peor crisis sanitaria de la que se tenga memoria en los últimos 150 años de la vida nacional, sino que además sigue mostrando una unidad de rumbo esencial al votar la semana pasada en Diputados, por ejemplo, la Rendición de Cuentas de este período.

Sostener que porque se cambien cuatro ministros en 17 meses se está ante un problema de estabilidad gubernativa es de una mala fe intelectual muy grande.

¿Acaso no saben esos comentaristas que una cosa es la estabilidad política, y otra muy distinta es una crisis puntual, como lo ocurrido en Turismo, o varios cambios ministeriales, como los cuatro llevados adelante desde marzo de 2020, que en nada ponen en tela de juicio el sentido general del gobierno? Por supuesto que lo tienen teóricamente muy claro. Pero, como siempre, prima en esos análisis la voluntad opositora, la mezquina visión izquierdista agazapada tras algún título honorable, y la camiseta frenteamplista oculta bajo la presunta objetividad de la ciencia. Quieren hacer creer que están “au dessus de la mêlée” (por encima de los enfrentamientos políticos), citando así a Vaz Ferreira, y, al mismo tiempo, no pierden oportunidad de sembrar cizañeras dudas sobre el gobierno de la CR.

La verdad es que hubo una alternancia en el poder en 2020. Ella implicó, entre otras cosas, que los ministros dejaron de estar eternamente atornillados a sus cargos. Es impensable que bajo un gobierno de la CR, por ejemplo, un ministro de Relaciones Exteriores se oponga a lo que dice el presidente de la República al punto tal de traer al canciller brasileño a Montevideo para que refuerce su posición personal: eso mismo fue lo que pasó con Vázquez y Gargano en 2006 con relación al posible tratado de libre comercio (TLC) con Estados Unidos (EEUU). En la administración Lacalle Pou, el ministro está en concordancia con el presidente; y si no lo está y no cuenta con respaldo parlamentario para seguir en el cargo, debe renunciar.

No se precisa ser politólogo para darse cuenta de que es mucho mejor un gobierno que muestra un solo rumbo y que exige calidad en la gestión de sus ministerios, so pena de que el ministro tenga que dejar su cargo si eso no se cumple, que uno en el que el presidente promueve un TLC con EEUU, su ministro lo contradice públicamente, y termina triunfando la visión de ese ministro por sobre la voluntad presidencial.

Ya es hora de que algunos comentaristas dejen de operar en favor del FA como si aún militaran en la unión de jóvenes comunistas como lo hacían hace tres décadas atrás. Todo el mundo sabe, incluso ellos, que no hay ninguna inestabilidad en el gobierno del país.

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