EDITORIAL

Sí, hay espacio para el enojo

Frente a tanta perorata vacía del gobierno, conviene subrayar este aserto claro y contundente de Azucena Arbeleche; el gran problema del Estado es su ineficiencia. El Estado no renuncia a su ineficiencia y ese problema se lo traslada a las empresas y a los trabajadores.

Para el presidente de UTE, ing. Gonzalo Casaravilla, "no hay espacio para el enojo" por el aumento de la tarifa eléctrica con fines recaudatorios. Así lo expresó en sendas entrevistas recientes en los semanarios Crónicas y Brecha. "El sentimiento que yo tengo bien internalizado es que no hay que sentirse mal porque no podemos bajar las tarifas, en la medida que es plata genuinamente ganada en esta actividad, que podemos volcar a alguna actividad productiva del país". Con una franqueza parecida al sincericidio, transparentó lo que había trascendido días antes: la contradicción entre quienes prometían una rebaja y quienes anunciaban un aumento, como siempre, dentro del mismo gobierno. Eufemísticamente se refirió a "intereses encontrados" entre el ente y el Ministerio de Economía.

Hay dos maneras de interpretar las declaraciones del jerarca. Se puede, como lo hizo "El Observador" días pasados, destacar la probidad de su gestión y, al mismo tiempo, deplorar el uso que la conducción económica hace de este éxito, con el fin explícito de abatir el déficit fiscal. (Un déficit que, por otra parte, no se mueve de donde está, alimentado ahora por una ley que agujerea por muchos años la sostenibilidad previsional). Pero la otra interpretación posible apunta al modo en que las autoridades naturalizan la extracción de recursos a los ciudadanos para pagar sus despilfarros e imprevisiones. "No hay espacio para el enojo", "no hay que sentirse mal"… Es reveladora la capacidad de los gobernantes de edulcorar su discurso para hacer pasar los errores por rutilantes aciertos. "Es plata genuinamente ganada que podemos volcar a alguna actividad productiva". ¿"Genuinamente ganada" o expoliada a consumidores cautivos del monopolio estatal? ¿Destinada a "alguna actividad productiva" o al agujero negro de un déficit salido de control?

No es excepcional el sarampión que ha atacado a algunos grupos de presión con el "todos y todas" y demás lindezas del llamado "lenguaje inclusivo". A falta de medidas concretas que beneficien realmente a la población, el gobierno también se está especializando en construir tinglados de palabras, no ya para ocultar sus ineficiencias, sino para venderlas como virtudes.

El 7 de diciembre, el Centro de Estudios para el Desarrollo organizó una mesa redonda sobre competitividad, en la que participaron la Ec. Azucena Arbeleche, del Partido Nacional, y el Director de la OPP, Cr. Álvaro García. Allí se comentó que, según el Informe de Competitividad 2017-2018 del World Economic Forum, Uruguay ocupa el puesto 117 entre 137 países, de acuerdo con el indicador de eficiencia en el gasto del Estado. Frente a tanta perorata vacía del gobierno, conviene subrayar este aserto claro y contundente de Arbeleche: "el gran problema del Estado es su ineficiencia. El Estado no renuncia a su ineficiencia y ese problema se lo traslada a las empresas y a los trabajadores".

El director de la OPP contrapuso los argumentos habituales: justificar la incapacidad de reducir el gasto por la incidencia del componente endógeno (salarios públicos y pasividades) y de las políticas sociales en salud, educación y seguridad. Pero las respuestas de Arbeleche fueron concluyentes. En cuanto al gasto endógeno, recordó la liviandad administrativa que ha permitido que se multiplicaran de manera irracional los seguros de enfermedad y las pensiones por invalidez, entorpeciendo que los obtengan quienes verdaderamente los merecen.

Y reivindicando plenamente el gasto social, reclamó efectuarlo con transparencia, poniendo como ejemplo el cúmulo de impericias e ilicitudes que están aflorando de la comisión investigadora de ASSE.

En su agotamiento, tanto de agenda gubernativa como de rigor ético, el único argumento que queda al FA es el de agitar el cuco de la "derecha insensible", que cortará prestaciones sociales y gobernará para los ricos.

Los resultados actuales, en cambio, no les dan para ufanarse de mucho.

Gestiona la educación favoreciendo a los ricos y haciendo desertar a los pobres. Gestiona la salud extrayendo ingentes recursos de los trabajadores, pero impidiéndoles elegir dónde asistirse, y convirtiendo a ASSE en un curro de jerarcas que autorizan compras a sus propias empresas. Gestiona la seguridad, dejando barrios enteros a merced de las bandas de narcotraficantes. Y lentamente, el uruguayo naturaliza estos desmanes..

Tanto que el presidente de una empresa pública eficiente se complace de que sus sufridos clientes pagarán más para tapar agujeros de inoperancia. Sí: hay espacio para el enojo. Y grande.

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