EDITORIAL

Hastío ciudadano

El “nos vemos en las urnas” del presidente Vázquez exige que los partidos opositores estén a la altura de las circunstancias. El país se juega mucho en las elecciones de 2019.

Está siendo un verano muy movido, al punto de que el clima político con el que cerró 2017 ya cambió radicalmente: el oficialismo está hoy, claramente, en dificultades.

A lo largo de 2017, la vieja dirigencia frenteamplista, conforme con sus resultados electorales exitosos, convencida de que no tenía rivales y segura de jugar de memoria abriendo el abanico de opciones que rastrillaban distintos apoyos en el eje Astori-Vázquez-Mujica, se confió en que toda la molestia ciudadana que se estaba acumulando era políticamente manejable.

Fue así que Vázquez se acostumbró a sus salidas mensuales en Consejos de Ministros por el interior del país que, en realidad, terminaron siendo rituales de autocomplacencia. Cualquier tibia crítica de los vecinos, como ocurrió por ejemplo en la visita a Nuevo Berlín, fue furibundamente acallada por los aplaudidores oficialistas. Astori por su lado, jugó como siempre al viejo ministro responsable capaz de imponer, con cara seria, cualquier mazazo impositivo al mundo productivo con tal de mantener su gasto público completamente desbocado; y Mujica por el suyo, cumplió como siempre con su papel de viejo filosofador que encanta a los miembros de su tribu, sin abandonar del todo la idea de ser de nuevo candidato en 2019. Los tres creyeron que podían irla llevando, con el oficio que da su más de un siglo de experiencias políticas sumadas.

Pero la gente se hartó. Es que fueron varias las promesas que no se cumplieron desde que asumió Vázquez en 2015. Primero, en materia de inseguridad ciudadana: pasaron ya casi 3 años del actual gobierno y estamos lejos de que la situación mejore tal como lo prometió el Frente Amplio en campaña. Segundo, en materia del Uruguay productivo: la rentabilidad ha empeorado y los costos se han disparado, pero el gobierno no ha reaccionado tomando medidas en favor de la producción nacional. Al contrario, en 2017 el Frente Amplio mostró claramente que todas las ventajas competitivas que este gobierno no está dispuesto a dar al empresariado nacional sí las ofrece a un proyecto industrial finlandés que ni siquiera está aún definido. Tercero y muy importante, la gente se cansó de la sucesión de episodios de corrupción que han mostrado el derroche de dineros públicos, el clientelismo, el nepotismo y los acomodos de la izquierda en el poder. Sobre todo el enorme desastre de Ancap, con las mentiras de Sendic, terminó siendo insoportable para la opinión pública.

Es muy sintomático el encontronazo de la semana pasada entre Vázquez y algunos manifestantes vinculados al campo a la salida del Ministerio de Ganadería. Primero, porque son de esos episodios que los dirigentes del Frente Amplio jamás pensaron que podían tenerlos como protagonistas, ya que siempre invocaron el monopolio de la virtud moral y la verdadera representación del pueblo. Segundo, porque la tensión de la situación vivida solo es comparable en la historia reciente con los episodios que sufrió el expresidente Batlle en 2002, cuando el país estaba sufriendo una de sus peores crisis económicas. Y tercero, porque deja en claro que el hastío ciudadano es muy real y muy fuerte, al punto de excederse y faltar la consideración y el respeto que exige, siempre, la investidura presidencial.

Estamos en un cruce de caminos políticos muy importante. La gente está harta a la vez que no pide mucho: quiere poder ganarse la vida con el esfuerzo de su trabajo, educar a sus hijos para que puedan salir adelante, vivir en seguridad sin sufrir robos, rapiñas u homicidios, y tener un gobierno que los represente, los respete en su inteligencia, cumpla con sus promesas y sea honesto en el manejo de los dineros públicos.

Evidentemente, esta coyuntura interpela de lleno a los partidos de oposición. Porque cuando la gente se cansa tan explícitamente del gobierno, es responsabilidad de la oposición representar ese enojo y mostrar un camino alternativo posible.

Y porque en un país civilizado no es posible aceptar la idea de "que se vayan todos", que en realidad lo único que hace es generar un vacío de poder que perjudica al régimen democrático. Empero, para que ese camino sea real, hay que responder con seriedad al hastío popular: la gente sabe bien, por ejemplo, que el nepotismo, el acomodo y la corrupción también abarcan a algunos gobiernos departamentales dirigidos por partidos que no son el Frente Amplio.

El "nos vemos en las urnas" del presidente Vázquez exige que los partidos opositores estén a la altura de las circunstancias. El país se juega mucho en las elecciones de 2019.

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