Editorial

La Guía de Diversidad Sexual

El texto denominado Educación y Diversidad Sexual. Guía Didáctica, elaborado por el colectivo "Ovejas Negras" (que integran personas lesbianas, gais, bisexuales y trans), junto al Ministerio de Desarrollo Social y la Red de Género de la ANEP, despertó críticas en distintos sectores de la sociedad. La reacción de la directora del Instituto Nacional de Mujeres (que depende del Mides) Beatriz Ramírez, denunciando la injerencia de la Iglesia Católica por opinar en el tema, disparó la cuestión hacia un aspecto político que debía evitarse.

Ramírez expresó que "como instituto y como organismo de gobierno, nos sentimos incómodos y molestos frente a la permanente injerencia de la Iglesia Católica o cualquier iglesia" y agregó que "éstas muestran permanente hostilidad y no reconocen que vivimos en una sociedad diversa". El remate fue: "Viola los principios de laicidad del país".

La respuesta de monseñor Sturla —cabeza de la Iglesia Católica en el Uruguay— fue contundente: "Una cosa es que no estemos de acuerdo. Está bien, eso es clarísimo. Otra cosa es que se niegue el derecho a la Iglesia de decir lo que piensa. Eso es fascismo".

Y sí, hay fascismo de derecha y de izquierda. Según Benito Mussolini "la concepción fascista del Estado es totalmente incluyente; fuera del mismo no puede existir ningún valor humano o espiritual, mucho menos tener valor. Comprendido esto, el fascismo es totalitario, y el Estado fascista —síntesis y unidad que incluye todos los valores— interpreta, desarrolla y potencia toda la vida de un pueblo". Obvio que al Duce le molestaban las "injerencias".

No hay dudas de que el tema va a seguir y que a lo largo de este año los defensores de la Guía insistirán en sus propuestas y los opositores enfrentarán serios riesgos de descalificación. Hace ya un tiempo que el discurso y la agenda de este país han sido impuestas por la izquierda (siguiendo el estilo Mussolini) y la discrepancia debe ser manejada cuidadosamente; el castigo para los que no se resignen y den pelea es la condena social en todas sus expresiones (escraches, pintarrajadas, agravios, etc.).

La Guía sostiene que "si estamos de acuerdo con que la homosexualidad y el lesbianismo no son patologías, que la orientación sexual no se contagia, que la discriminación en el aula debe ser perseguida y que tenemos que garantizar los derechos de todas y todos, se vuelve imprescindible no sólo trabajar estos temas entre la población estudiantil, sino también entre el propio cuerpo docente". Plantea a los docentes "salir del armario" —porque ello recorta la labor docente exclusivamente a los contenidos de la asignatura— y asumir públicamente su condición, al tiempo que propone algunos ejercicios para los escolares a efectos de detectar sus inclinaciones.

No tenemos dudas con la afirmación de Sturla que la "ideología de género" llevada a sus extremos significa "deconstruir el modelo tradicional de familia". También tenemos muy claro que la Iglesia tiene la obligación —más que el derecho— de fijar su posición en un tema polémico como éste. Al fin y al cabo es una institución con más de 2000 años en la historia de la humanidad y que con sus claros y oscuros, ha orientado y orienta a millones de seres humanos. No puede permanecer en silencio.

Como tampoco lo han hecho otras iglesias. Los cristianos evangélicos han solicitado también al Codicen que no apruebe la Guía. El Consejo de Representatividad Evangélica en Uruguay, que agrupa a un millar de iglesias e instituciones educativas, de servicio y sociales, sostiene que la laicidad de la enseñanza pública "no comprende dentro de la función docente promocionar a los alumnos sus opciones ideológicas, religiosas, políticas, tampoco sus opciones sexuales, saliendo del armario, como propone la Guía; porque la función docente no tiene que ver con el derecho del docente. Sí tiene que ver con que el alumno sea respetado, no discriminado en razón de las opciones de vida que realice".

Agrega que "no vemos conveniente la intromisión del sistema público de enseñanza en la formación y orientación de valores que son propios del ámbito familiar, sobrepasando la frontera de dar información sobre un tema a la de subjetivar posiciones y conductas, pudiendo ingresar en la generación de conflictos con posiciones religiosas o filosóficas de los padres, promoviendo problemas en el seno familiar además de incitar a la discriminación o desprecio de otros ideales o concepciones de vida que la mayoría de la población uruguaya sigue sosteniendo".

El respeto a los derechos de las minorías no significa avasallar, de una, los derechos de las mayorías. Pero, además, esta no es una cuestión de derechos, sino de opiniones, sobre cómo hay que educar a los niños. No inventemos.

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