EDITORIAL

Grandes cambios

“Ha elegido como Ministra de Educación, a Betsy DeVos, la cual, aparte de su prestigio como empresaria, ha liderado el desarrollo de las Chartered Schools, sistema, por el cual las escuelas públicas de mal desempeño pasan a manos privadas.

Se avecinan grandes cambios con Trump. En relaciones exteriores y defensa, la definición de los adversarios para combatirlos estaría hecha. El islamismo extremista, como Daesh (mal llamado Estado Islámico), ha sido identificado como el gran peligro. El principal aliado sería Rusia por una serie de razones. A su líder, Vladimir Putin no le tiembla el pulso cuando quiere usar la fuerza para imponer su punto de vista. Su pueblo es más sufrido y acostumbrado a obedecer, luchar y padecer la muerte de sus hijos. La amenaza islámica para Rusia ha sido una realidad histórica y palpable. El reciente asesinato de su Embajador en Turquía es una muestra. A lo largo de su enorme y vulnerable frontera, hay numerosos países donde impera el Islam. Además, un 20% de la población rusa profesa la religión musulmana y una de las naciones de la federación, Chechenia, le causa muchos problemas, si bien ahora la situación parece más calmada. Por lo tanto, el nombramiento de Rex Tillerson, como Secretario de Estado, es congruente, aunque en el Senado, donde aprueban los nombramientos, le darán guerra. Tiene experiencia internacional y ha comandado una empresa enorme. (Sus recursos son substancialmente más grandes que los PBI de muchos estados). Con Putin acordó grandes negocios de explotación de hidrocarburos en el ártico, tema de capital gravitación para ese país. Por otra parte, en la 1ra. y 2da. Guerra Mundial, las potencias occidentales se aliaron con Rusia para combatir a Alemania, el gran peligro de entonces. Antecedente que tiene su importancia. El otro adversario señalado es China, nación contra la que Trump no cesa de lanzar dardos que, entre otras cosas, dañan la estrecha interdependencia industrial que han forjado varias empresas norteamericanas instaladas allí, así como la tranquilidad general. El Presidente electo piensa contar con militares experientes y de alta graduación en su entorno, uno de ellos a cargo de Defensa, un departamento que históricamente ha estado en manos de civiles.

Mejorar la educación es otra bandera clave para luchar contra la exclusión social, el sub empleo y el malestar en aquellos de la clase media sin rumbo, que se convierten en pobres. Todo ello acelerado por los cambios tecnológicos y la consecuente destrucción masiva de tradicionales puestos de trabajo. Este fenómeno se puede paliar preparando mejor a la población con maestros motivados, más preparados y sistemas de enseñanza acordes a los desafíos del mañana. Ha elegido como Ministra de Educación a una enérgica mujer, Betsy DeVos, la cual, aparte de su prestigio como empresaria, ha liderado el desarrollo de los Chartered Schools. Bajo este sistema, la gestión de escuelas públicas de mal desempeño pasan a manos privadas y con ello se han conseguido resultados sorprendentes. Pero es casi seguro que su nombramiento será combatido ferozmente por el gremio de los maestros, férreos oponentes a estos cambios. De haber ganado Clinton, esa modalidad educativa corría gran riesgo.

Para mejorar el desarrollo urbano y la vivienda pública, Trump propone a Ben Carson, un excepcional médico cirujano, ex competidor suyo en la carrera presidencial,como ministro de Vivienda (HUD). Con un pasado de niño carenciado, Carson se crió justamente, en vasas subsidiadas por el Estado, conociendo muy bien el tema y lo que habría que hacer. Para combatir (el poco) desempleo que hay y los bajos salarios, se habla de varias medidas. Aumento del sueldo mínimo, disminución de la inmigración ilegal y la renegociación de los tratados de libre comercio, complicando la importación. Anuncios que provocaron serias inquietudes para el comercio mundial. A cargo de esta iniciativa ha propuesto a Wilbur Ross, crítico del TLCAN otro hombre de inmensa fortuna. Que el Presidente y su gabinete se componga mayormente por súper ricos y triunfadores, no tendría porqué necesariamente ser algo negativo como se teme. Personas exitosas en sus actividades, aunque no sea lo mismo la política que los negocios, deberían representar un activo importante. Y sino, recordemos que el primer presidente de los EE.UU. integraba la media docena de hombres más ricos de las 13 colonias. Era un agricultor de avanzada que también se distinguió como militar en la guerra de los 7 años. Aun cuando odiaba la lucha armada, cumplió con lo que el entendía como su responsabilidad, liderando la campaña por la independencia. Gobernó los primeros 8 años y luego se fue a su casa.

Sin ánimo de comparar a Trump con Washington, esperemos que el gran peso de la tradición y el ejemplo del pasado, sirvan para iluminar a este hombre que todavía es una gran incógnita.

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