EDITORIAL

La gran mentira

Las noticias que llegan desde Argentina no dejan de causar asombro. Probablemente el episodio más atroz sea el del exfuncionario K que fue sorprendido cuando introducía millones de dólares en un convento. Cada día que pasa, todo empeora.

A esta altura resulta que no hubo engaño a las monjas, sino colaboración activa de parte de ellas. Y resulta que las monjas no eran monjas y el convento no era un convento. Todo mentira. Para decirlo con una palabra que los propios argentinos instalaron entre nosotros, todo trucho. Incluso los partes policiales.

Los uruguayos miramos hacia la otra orilla y tendemos a mover la cabeza con suficiencia. Una vez más confirmamos que nuestros vecinos no tienen remedio. Pero, por más confortable que resulte ese sentimiento, es totalmente injustificado. Nosotros estamos tan rodeados de mentiras como ellos. Solo hay dos diferencias: allá hay más plata y una cierta vocación por el escándalo.

¿Exagerado? Veamos.

En este país hemos tenido una subasta trucha que se usó para intentar arreglar el desaguisado de Pluna. Probablemente se trate del mayor operativo de engaño a la opinión pública que en este país haya sido organizado por un gobierno. Falsificación ideológica con todos los agravantes. No solo no hubo una subasta real, sino que se armó toda una puesta en escena que incluyó hasta extras que prestaron (¿o alquilaron?) sus nucas para salir en la televisión.

El señor que ofertó no usó su verdadero nombre, ni era un ofertante real, ni jamás puso un peso. Mientras esa fantochada ocurría, un risueño presidente Mujica adelantaba el desenlace mientras viajaba en avión, lo que significa que estaba al tanto de toda la maniobra.

Hablando de Mujica, tenemos un muy trucho presidente más pobre del mundo. No solo vive en un predio que tiene un enorme valor de mercado, sino que compra otros predios en subrepticios negocios con asociaciones anónimas innominadas que se hacen al filo de los plazos legales. Todo con la participación de un oscuro personaje vinculado a la muy corrupta Venezuela. Pobreza trucha y transparencia trucha.

Desde luego, tenemos de vicepresidente a un licenciado trucho, que insulta con su comportamiento a todos quienes se han esforzado durante años para obtener un título, pero mucho más insulta a quienes se esforzaron sin llegar a recibirse y tienen la decencia de no atribuirse lo que no obtuvieron.

Y no solo tenemos de vicepresidente a un licenciado trucho. Además tenemos un licenciado trucho que ha sido monolíticamente apoyado por el partido de gobierno, lo que convierte al truchismo académico en truchismo político de la peor especie.

Podríamos seguir. Tenemos un saté-lite de Antel trucho, una caída de la repetición en primaria que es trucha, aumentos a los jubilados que son truchos, mejoras en la seguridad ciudadana que son truchas, promesas electorales escandalosamente truchas (desde la promesa de no aumentar la carga fiscal hasta la de cambiar el ADN de la educación). Tenemos una "consolidación fiscal" que es trucha porque es un duro ajuste fiscal que ni siquiera sirve para equilibrar las cuentas.

Vivimos rodeados de mentiras. Pero lo importante es entender la causa. Si el autoproclamado "progresismo" miente tanto, es porque todo él está construido sobre una falsedad. La idea de que la sociedad uruguaya estuvo durante un siglo y medio en manos de gobernantes insensibles y corruptos que no se ocuparon del pueblo hasta que se produjo la luminosa llegada del Frente Amplio es una ficción que no resiste análisis.

Si así hubiera sido, un hijo de modestos trabajadores nunca se hubiera recibido de médico, ni hubiera podido convertirse en un rico empresario, ni hubiera llegado a ser dos veces presidente de la República.

Si eso fuera cierto, Uruguay no se hubiera colocado siempre (no solo ahora) a la cabeza de todas las estadísticas sociales y de distribución del ingreso en América Latina. Si eso fuera cierto, no hubiéramos tenido nunca la calidad educativa que llegamos a tener, ni los niveles de seguridad ciudadana de los que disfrutamos durante décadas, ni la calidad de debate público que algún día nos destacó. Ni nunca hubiéramos sido un país atractivo para centenares de miles de inmigrantes, en lugar de ser un país del que los inmigrantes se escapan.

La verdad es que el "progresismo" está destruyendo todo lo que dice que vino a construir. Por eso está obligado a falsear la historia y el presente. Si no miente, no puede conservar el poder. Y eso es lo único que le importa.

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