EDITORIAL
diario El País

Gonzalo Aguirre (1940-2021)

En el día de ayer falleció a los 81 años el Dr. Gonzalo Aguirre, uno de los dirigentes políticos más importantes de nuestro país desde la dictadura a nuestros días.

La mera descripción de los cargos que ocupó, con lo importante que fueron, llegando incluso a desempeñar la presidencia de la República en varias ocasiones como vicepresidente en el período 1990-1995, sería quedarse corto en la descripción del personaje.

Gonzalo Aguirre Ramírez perteneció a una familia de ilustres políticos y juristas, y no desentonó. Siendo ya un reconocido abogado, durante la última dictadura puso su conocimiento y su coraje al servicio de su Partido Nacional, pero especialmente al del restablecimiento de las instituciones, tema que le era tan caro. Fue como secretario del Triunvirato clandestino del Partido que actuó por esos años que comenzó a forjarse el dirigente político.

Poco le importaron las detenciones o las consecuencias negativas sobre el ejercicio de su profesión que le deparó el servicio a la Patria, su poderosa inteligencia y su valentía ciudadana estuvieron en la primera fila de la lucha por la recuperación de la democracia. Esas dos características que separadas son infrecuentes y conjuntas escasísimas, intelecto superior y coraje sereno, lo convirtieron rápidamente y con méritos sobrados en un notable representante blanco en todas las instancias de la época.

Corredactor de la célebre proclama del Obelisco junto al Dr. Enrique Tarigo, su figura política fue cobrando importancia en los tumultuosos tiempos de la salida del gobierno de facto. En las particulares elecciones de 1984 fue candidato a la vicepresidencia de la República como parte de la formula que encabezó Alberto Zumarán. Luego de la victoria de Julio María Sanguinetti, se destacó como uno de los senadores más brillantes que recuerda el Parlamento, conjugando sus conocimientos enciclopédicos, en particular en derecho constitucional pero también en historia nacional y muchos otros temas. Más de una vez se dijo un poco en broma y bastante en serio que Gonzalo Aguirre debía ser senador vitalicio, para provecho de la República.

Hacia las elecciones de 1989 Aguirre, que había formado poco antes el Movimiento Renovación y Victoria, identificado en la memoria colectiva con su lista 97, selló una alianza con el Herrerismo de Luis Alberto Lacalle, para integrar la única fórmula presidencial blanca que alcanzó el poder en el siglo XX. A nadie escapó que ese binomio tenía resonancias históricas como símbolo concreto de un partido que dejaba atrás enfrentamientos intestinos para dar paso al partido de gobierno. Los blancos se impusieron con claridad en esas elecciones y Lacalle-Aguirre triunfaron cómodamente dentro del lema, bajo el sistema que aún permitía candidaturas múltiples.

Como vicepresidente de la República, Gonzalo Aguirre volvió a destacarse presidiendo el Senado en tiempos de grandes iniciativas legislativas reformistas, y por su rol político de primerísimo nivel, siendo también presidente del Directorio. La acción de gobierno del Partido Nacional en ese período estuvo sustentada en un notable elenco, comenzando por el propio presidente Luis Alberto Lacalle, varios de sus ministros y legisladores, pero indudablemente Gonzalo Aguirre brilló con luz propia.

Culminada la obra de gobierno siguió siendo un dirigente fundamental del Partido Nacional, con destacados aportes, conjugando su visión penetrante con los temas acuciantes de la coyuntura. Su última incursión política destacada fue en la campaña de 2009 donde encabezó el grupo Concordia Nacional junto a Ignacio de Posadas y Ana Lía Piñeyrúa, aunque siempre siguió ligado a la suerte de su país y su partido.

Fue uno de los grandes hombres de Estado que tuvo el Uruguay en las últimas décadas y su influencia política e intelectual es visible en muchas iniciativas de las que hoy se beneficia el país entero.

Fue un erudito en su especialidad y autor de obras históricas como “La revolución del Quebracho y la conciliación”. Más recientemente, demostrando un sentido del humor finísimo que le era reconocido por todos quienes lo conocieron, compiló divertidas anécdotas parlamentarias en su último libro, “La otra cara del Parlamento”. También fue un destacado columnista en varios medios de prensa, entre ellos, naturalmente, nuestro diario.

Gonzalo Aguirre fue uno de los grandes hombres de Estado que tuvo el Uruguay en las últimas décadas y su influencia política e intelectual es visible en muchas iniciativas concretas de las que hoy se beneficia el país entero. Demócrata cabal, blanco como hueso de bagual y figura tan ilustrada como valiente, ya forma parte de la Historia que se escribe con mayúscula.

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