EDITORIAL
diario El País

¿El gobierno nos representa?

En lo que respecta a nuestro país y su política internacional, se multiplican los hechos difíciles de tragar. El último es la declaración del Embajador uruguayo ante la OEA, Hugo Cayrús.

Al votarse la resolución presentada por Brasil y Colombia, apoyada por 26 naciones, en la que se le pide a Bolivia, llamar urgentemente a elecciones, el representante uruguayo justifica la abstención de nuestro país sentando cátedra sobre democracia y golpes de estado. Y por supuesto, lo hace en nombre de Uruguay.

Pero lo cierto es que se trata de la posición del gobierno del FA y la mitad de los uruguayos no comparte esta actitud, que viene a sumarse a la que ha tenido y mantiene con Venezuela y Nicaragua. Por más que sea costumbre hacerlo de esta manera y los uruguayos quedemos automáticamente enrolados en la decisión transmitida por la actual Cancillería, sería preferible para muchos que quedase claro que gran parte de la ciudadanía uruguaya no comparte esa visión. Y se le atraganta cuando lee u oye que Uruguay... Más allá de que estar en compañía de Barbados, Suriname, y Trinidad y Tobago, que también se abstuvieron, no nos hace muy felices que digamos.

En Bolivia, a diferencia de lo que sucede en Venezuela, donde el chavismo y el madurismo siguen desangran- do al país humana y económicamente o en Nicaragua, donde los cientos de muertos han sido inútiles, las Fuer- zas Armadas no respaldaron al mandamás andino. Al hacerle saber que no obedecerían la orden de tirar contra los “enemigos” de Morales, Evo decidió emigrar rápidamente en dirección a México, lo mismo que su vice Álvaro García Linera y otros conspicuos parlamentarios.

Ya sea porque el boliviano no pudo conquistarlos o porque no supo untarlos, como lo hizo Chávez desde el primer momento, el multitudinario rechazo popular a su obsesión por mantenerse en el poder a cualquier precio pudo fructificar. Y de inmediato surgió un gobierno interino, encabezado por una enérgica senadora, la Dra. Jeanine Áñez, quien no se ha demorado -tal como prometió- en llamar a elecciones, enviando un proyecto de ley al Parlamento. Si bien podría haberlo hecho por medio de un decreto, prefirió que tuviera respaldo parlamentario.

El argumento del gobierno uruguayo para abstenerse de votar la resolución de la OEA elabora cuestionamientos de orden institucional. La severidad con que el gobierno de Vázquez condena el desplazamiento del presidente Morales contrasta con el hermético silencio respecto del notorio fraude electoral allí ocurrido. El cual fue denunciado por la oposición y luego corroborado por la comisión de auditores enviada por la OEA, a fin de auditar las recientes elecciones. Como si esto fuera poco, no solo fue tramposo el resultado a favor del Presidente, sino que dicho señor no podía haberse presentado a una nueva reelección. Para colmar sus ansias de permanencia en el poder, Evo ya había trampeado con la complicidad del Tribunal Supremo Electoral. El TSE dio lugar a su aspiración de eternizarse en el Palacio Quemado, en el entendido de que su deseo respondía a un derecho humano. Por lo tanto, consiguió saltearse la limitación institucional.

Por el momento, los refugiados en México han anunciado que ninguno de los dos será candidato, si bien Morales luego le agregó algún matiz a la afirmación, pero el llamado a sus huestes encendió la mecha y los enfrentamientos han terminado con la vida de más de treinta personas. Es de esperar que en el Congreso, a pesar de las posiciones encontradas de los integrantes del MAS y los partidos que hasta ahora eran la oposición, se aprueben inminentes comicios y con ello retorne la calma.

En nuestro territorio, a un día de conocerse quién encabezará el próximo gobierno uruguayo, es oportuno destacar la necesidad de que nuestra política internacional vuelva encarrilarse de acuerdo a nuestras históricas credenciales. Con determinación para censurar a los gobiernos dictatoriales donde no se respetan ni las instituciones ni los derechos humanos. Aun cuando hayan llegado por las urnas y se disfracen de democráticos y elegidos por el pueblo.

Se vienen además tiempos difíciles en lo que concierne a las relaciones comerciales, en un mundo en pugna entre la libertad de comercio y el proteccionismo que ha recuperado vigor. Con un Mercosur al que hay que prestar mucha atención y actuar con inteligencia y habilidad para proteger nuestros intereses y nuestra pequeña escala, en medio de una Argentina que se avizora más cerrada y un Brasil más abierto.

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