EDITORIAL
diario El País

Gobierno y oposición

El incremento de casos de covid-19 causado por la nueva variante Ómicron ha hecho que la pandemia vuelva a ocupar titulares.

Lo que está viviendo Uruguay es similar a lo que ocurre en los países con altos niveles de vacunación, un aumento importante de casos pero no así de las personas en CTI o del número de fallecidos. La explicación es conocida, la nueva variante es más contagiosa pero menos letal y las vacunas están jugando un partido importantísimo.

Aunque el incremento no debería llamar a la histeria, pues los servicios de salud no se están viendo estresados salvo en cuanto a la realización de test, lo que a esta altura es un sinsentido -como recomienda la OMS debería comenzar a hisoparse solamente a las personas con sintoma y a nadie más- el Frente Amplio no ha perdido la oportunidad de ir nuevamente al fango, como cada vez que puede.

En efecto, desde el novel presidente de los frentistas que está abandonando su perfil moderado para mirandizarse con gran velocidad, hasta el expresidente Mujica se apostó por mentir y azuzar a la opinión pública, sin argumentos y sin propuestas. Esta estrategia, finalmente mezquina con el país más que con el gobierno, se afianza en la medida en que el Partido Comunista resultó primero en las recientes elecciones frentistas, con los tupamaros segundos a pocos votos. Este Frente Amplio de extrema izquierda dista mucho del que fue corriéndose progresivamente al centro hasta ganar las elecciones nacionales de 2004.

Los uruguayos han alabado en forma masiva la estrategia de “libertad responsable” impulsada por el presidente Luis Lacalle Pou, lo que marcó una derrota cultural de proporciones. Es un entripado que la dirigencia del Frente Amplio no logra superar.

José Mujica, en una de sus típicas declaraciones que demuestran el rencor que lo ha movido siempre en su vida política, declaró en la festiva ocasión de la inauguración del extraordinario museo de la Fundación Atchugarry que el gobierno dejó para atrás a los viejos para llevar vacunas a Punta del Este. Esto, como sabe absolutamente todo el mundo es falso, todo habitante del país que ha querido vacunarse ha podido y los que recientemente han decidido vacunarse también han tenido siempre abierta esa posibilidad. La mentira de Mujica, una más en su extenso prontuario de baja política, habla mucho más de si mismo que del gobierno.

La construcción de las noticias falsas o fake news no vienensolo de las redes sociales. Muchas veces, como ocurre con frecuencia con Trump o Mujica, viene desde connotados dirigentes políticos, lo que incrementa su responsabilidad. El debate político puede y debe ser duro en la confrontación de ideas, pero mentir a sabiendas como hizo Mujica es sencillamente miserable.

Hace dos semanas el presidente del Frente Amplio, ante una acción del gobierno haciendo cumplir la ley, ni más ni menos y sin ningún episodio de violencia de tipo alguno declaró: “Están construyendo las condiciones para que la violencia se exprese de todos lados”. Parece casi un llamado a la violencia de quien preside al principal partido de la oposición, un nuevo despropósito que debería haber sido repudiado por todo el sistema político y pasó prácticamente desapercibido.

Más recientemente, ante el aumento de los casos de covid-19, Pereira llamó a que el gobierno tome medidas. Como es habitual, no puso ni un solo ejemplo ni se le cayó una idea, porque sabe que cualquier restricción que proponga sería absolutamente impopular. Los uruguayos han alabado en forma masiva la estrategia de “libertad responsable” impulsada por el presidente Luis Lacalle Pou, lo que marcó una derrota cultural de proporciones aún no percibida por los analistas políticos. Mientras que el Frente Amplio pidió la cuarentena compulsiva desde el mismo comienzo de la pandemia en un documento oficial de marzo de 2020, el gobierno creyó en los uruguayos y en la libertad y el éxito de esa decisión fundamental en tiempos de incertidumbre se transformó en un entripado que la dirigencia frentista no logra superar.

Lo cierto es que hay que analizar la realidad de forma científica con todos los datos sobre la mesa. Hoy por hoy no solo es innecesario adoptar nuevas medidas de restricción y confinamiento como pide la izquierda vernácula y conservadora, sino que es absolutamente contraproducente. El covid-19 está en una nueva etapa en todo el mundo en que al volverse endémico con bajísima letalidad en los países con alta vacunación no requerirá más medidas restrictivas. Es más, ya no tiene sentido siguiera seguir el conteo diario de casos ni el testeo a mansalva, estamos en otra etapa en que hay que tener en cuenta todo el contexto y no solo el covid-19, incluyendo la enorme cantidad de otras enfermedades que producen medidas restrictivas inoportunas. Es tiempo, en definitiva, de más libertad responsable.

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