Editorial

Gobierno genuflexo

Seguramente el dictador venezolano sabe muchas cosas, porque entre su gobierno corrupto y el frenteamplismo uruguayo ha habido una larga cadena de negocios. La gran mayoría muy poco claros.

Sí, el gobierno uruguayo es genuflexo ante la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela. Podrá adornar como quiera su actitud, pero es una falta de respeto y una burla descarada que invoque al pueblo venezolano en esta actitud.

"No podemos aislar al pueblo venezolano" es el latiguillo de Vázquez y compañía; pero sí dejamos que los maten (en las manifestaciones populares de 2017 hubo 157 muertos en la calle por la represión y más de 2.000 heridos), que los presos políticos se cuenten por miles, que deban sobrevivir sin alimentos ni medicinas, que se arrasen sus derechos humanos, que no exista parlamento ni justicia independientes y que los venezolanos huyan desesperados de su país al punto de que ya hay 3 millones que deambulan por la región y se estima que serán 5 millones en el correr del año. Hay que ser muy cínico para invocar al pueblo cuando se defiende a una dictadura de esa calaña o, tal vez, ocultar otras cosas…

Olvidemos por unos momentos esa realidad que vive Venezuela hoy y fijemos la atención en otros aspectos, que se dirá que son anecdóticos de la relación con Maduro, pero son bien expresivos de la genuflexión del gobierno uruguayo.

1) A principios de este mandato de Vázquez, el entonces vicepresidente Raúl Sendic que disfrutaba a pleno de su rol de gran figura renovadora del Frente Amplio fue calificado públicamente de "cobarde" por Maduro: "Chávez me decía: tranquilo Nicolás, el mundo está lleno de cobardes, cuando por allá salió un cobarde a tratar de ganar indulgencia con los gringos". ¿Cuál sería la respuesta de un gobierno con dignidad, cuando se acusa al vicepresidente de la República de "cobarde" (y vendido al oro yanqui también)? Obviamente que no sería solo el torpe balbuceo posterior de Sendic ("A Maduro le falta información… No creo que merezca esa consideración…) a modo de explicaciones por sus dichos. El gobierno frenteamplista de Tabaré Vázquez expresó malestar, pero Maduro lo ignoró y no se retractó. Después el silencio genuflexo.

2) Tan silencio genuflexo que un par de meses después el presidente Vázquez recibió a Maduro con el objetivo de cancelar las deudas entre ambos países y firmar nuevos acuerdos comerciales (transparentes). Ancap pasó US$ 267 millones por una deuda de US$ 400 millones que tenía por petróleo y ese dinero —según lo acordado y firmado por los presidentes— quedaba depositado en el banco venezolano Bandes como "garantía de cobro inmediato por la venta de cada producto". Las empresas uruguayas (Conaprole, Pili, Calcar y Claldy entre otras) irían cobrando con el certificado de exportación. Vázquez calificó su negocio como "un soplo de aire fresco" para la economía uruguaya, pero el dinero para pagar las ventas se fue para China. La industria láctea vendió por US$ 100 millones y solo se recibió menos de 10. Le hicieron "el cuento del tío" al Presidente de la República y el "aire fresco" de Vázquez, y el Frente Amplio asfixió al sector lácteo.

3) Saltamos un par de años. Fue el turno del canciller Nin Novoa (se ve que Maduro los elige). El dictador lo atacó con un "agrede a Venezuela, coordina con el Departamento de Estado las posiciones contra Venezuela, coordina con la embajadora de Estados Unidos en Montevideo la agresión a Venezuela y guarda silencio de las masacres en otros países". En otra palabras, cipayo y recontra vendido al oro yanqui. El presidente Vázquez, emitió un comunicado en el que rechazó "tajante y categóricamente" las acusaciones de Maduro a Nin Novoa y pidió al mandatario venezolano "que proporcione las pruebas de la infundada denuncia" o, en caso contrario, "se retracte públicamente". No tuvo suerte. Nin Novoa llamó entonces a Cancillería al embajador venezolano y le zampó un rezonguito que lo dejó muy contento. Pero nadie se retractó de nada y de disculpas ni hablamos. Todos resolvieron volver al silencio genuflexo.

Ese silencio genuflexo que se ha mantenido durante toda esta administración Vázquez obedece al mismo motivo del silencio genuflexo de la nueva asunción de Maduro: el gobierno no quiere irritar al dictador. Tal vez el dictador sabe mucho porque entre su gobierno corrupto y el frenteamplismo uruguayo ha habido muchos negocios. La gran mayoría muy poco claros. Allá la corrupción es de todos los días; acá todavía somos un poco más exigentes con ese tema, pero ya no alcanza y la justicia trabaja más.

Nadie se cree el verso de que la posición uruguaya responde a la necesidad de "no aislar al pueblo venezolano". Suena más bien a un pacto de silencio, a la ley de la omertá, a un secretismo que se va a terminar cuando hablen las urnas a fin de año.

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