EDITORIAL

El gobierno no entiende

Los reclamos se originan por un agro estancado, la desaparición continua de productores, gastos crecientes con una fuerte composición de los dependientes del gobierno -tarifas, impuestos- aumento de la tributación ciega, infraestructura en problemas.

En la respuesta de Tabaré Vázquez que leyó un comunicador, quedó en evidencia la falta de comprensión sobre el momento actual y especialmente la ausencia de rigor en el manejo de las cifras globales del agro.

Para analizar la realidad del sector se acentuó en el gasto en temas sociales y con muy poco rigor al analizar causalidades. Por ejemplo, al mencionar temas de pobreza rural como si el mundo hubiera empezado en el 2005, se omitió, como se hace siempre, mirar series más largas y correlacionarlas con algo por lo que el gobierno haya gastado recursos.

Si hubiera tenido rigor hubiera reparado en estudios oficiales, por ejemplo uno oficial sobre "Ingreso y empleo en los hogares rurales" presentado en el 2001, que da cuenta de un proceso de mejora que empezó mucho antes que el gobierno socialista, que gusta de compararse con cifras de la crisis del 2001/2002, crisis que el libro de Paolillo demuestra hasta qué punto los socialistas quisieron aprovechar políticamente. Y es paradójico que justo este gobierno sea el que ahora se ufana de un grado inversor que no ayudó a cuidar (recuérdese al Pit-Cnt marchando sobre Punta del Este con Castillo haciendo comparaciones con el monumento a los dedos en la Playa Brava, o las exhortaciones de una parte del FA a la renuncia de Batlle).

Recordar lo que hace Colonización, una institución politizada que a uno lo recibía con un cuadro de Raúl Sendic, o destacar la ley de 8 horas que no cambió nada en el campo, o que se transfirieron recursos a las intendencias, no tiene absolutamente nada que ver con lo que el campo padece hoy. Y adornarse con supuestos éxitos, ya que algunos no lo son y otros son irrelevantes, no hace más que subrayar esta incomprensión. Por ejemplo, toda referencia a la aftosa es obvio que viene de muy atrás, una verdadera política de Estado. Decir que se abrieron más mercados para la carne, cuando los principales mercados se abrieron antes de este gobierno —Europa, EE.UU., Israel, Mercosur, Rusia o China—, y cuando es esta administración la que sistemáticamente impide todo avance en materia de acuerdos de libre comercio, que no anota uno solo en 15 años, parece muy fuerte. Además se trata de habilitaciones sanitarias, nada que ver con condiciones arancelarias. Y qué decir de la trazabilidad, invento socialista en su condición de obligatoria desde 2006, sin ningún beneficio medible, convertida hoy en una caricatura; o los planes de suelos, presentados como si en Uruguay de no ser por este gobierno estaríamos destruyendo tierras, lo que es falso además de honrar un instrumento que por obligatorio es nuevamente rechazable.

En cambio el comunicador reparó en el crecimiento de la economía, esto sí cierto, aunque menor al de decenas de países en el mismo período y parecido al de muchos otros de similares niveles de ingreso como bien lo reporta el Banco Mundial. En cambio no miraron las cifras del BCU respecto del crecimiento, no ya de la economía como un todo, sino del agro, que en 11 años creció 14,8% y la pecuaria que en esos largos años creció solo 1,8%, es decir estancamiento puro y duro. Cómo no reparan en que con los mejores precios, o las más bajas tasas, el agro en su conjunto casi no se movió.

Y cómo no reparar en estudios de la propia DGI que indican que respecto de sus tributos todos los sectores pagan más o menos lo mismo, olvidando, claro, que el agro paga todos los tributos municipales que conforman casi el 50% de su presión fiscal. O que después de reformas y promesas la tributación sobre la tierra duplica a la de la renta según el MGAP. Y tampoco recuerdan que la mayor desaparición de productores entre censos se dio en el último.

Estos son los problemas: un agro estancado, una desaparición continua de productores, gastos crecientes con una fuerte composición de los dependientes del gobierno —tarifas, impuestos—, aumento de la tributación ciega, infraestructura en problemas, etc.

Y todo lo anterior en un contexto de incomprensión, de fomento del consumo por retraso cambiario y desatención a la exportación, con costos estatales que no bajarán, con 70 mil empleados públicos más, y con crecientes intervenciones en las decisiones de los empresarios a los que no se pierde ocasión de ningunear.

En lugar de escuchar con atención los reclamos y recoger al menos algunos, en lugar de respetar una situación que obviamente no se entiende, se ha preferido confrontar, agraviar y especialmente intentar enfrentar a los productores rurales con el resto de la sociedad: otra vez galerudos y botudos, pequeños productores contra empresarios rurales, la ciudad contra el campo y sus camionetas, etc.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos