EDITORIAL
diario El País

Un gesto de convicción cívica

La visita del presidente de la República Luis Lacalle Pou a la sede del Frente Amplio, donde se encontró con su presidente Fernando Pereira, fue un mensaje claro.

Con ese gesto de convicción cívica y republicana, el presidente trasmitió su idea de que la reforma jubilatoria era un asunto prioritario para el país y según como se resuelva tendrá un efecto u otro sobre las generaciones venideras.

Por lo tanto, al acercarse a la casa de su adversario y ser bien recibido por sus dueños, está invitando a que todos los partidos políticos discutan la propuesta y en lo posible lleguen a un acuerdo. Cuanto más amplio el acuerdo, mejor.

Amplio sí, pero no puede ser un acuerdo alcanzado sobre concesiones que en definitiva respondan a reclamos demagógicos y no resuelvan el problema o peor aún, lo posterguen.

La situación del sistema jubilatorio es muy grave y la respuesta que el momento exige debe ser formulada desde una calificada responsabilidad. No puede haber golpes bajos, no puede haber trancazos al voleo ni gritos para la tribuna. Esto obliga a trabajar en serio, a asumir una responsabilidad compartida por todos y presentar un resultado contundente. Nada de medias tintas.

Por eso el presidente tomó la decisión de ir él mismo, en persona, hasta la sede del Frente Amplio, el partido opositor, y entregarle a su presidente, en mano propia, la propuesta.

El Frente Amplio deberá abordar su responsabilidad con honestidad política y hacer oídos sordos al canto de sirena de los sindicatos. Por una vez tendrá que pensar por sí solo.

El Frente Amplio deberá vencer su resistencia y dejar de lado sus juegos retóricos. Esto de empezar con “peros” sin fundamento no llevará a ningún lugar. Decir que no se sabe si la propuesta es “del presidente o del gobierno”, podrá parecer un inteligente retruque pero de ingenioso no tiene nada.

Esta es la propuesta que hay, es la que tendrá que discutir el Frente Amplio y la Coalición Republicana (con cuyos representantes el presidente también se reunió), es la que con ajustes y modificaciones, y si las cosas salen bien, terminará aprobando el Parlamento.

Por lo tanto, no hay más remedio que ponerse la tarea al hombro y darle una respuesta al país. El Frente deberá abordar su responsabilidad con honestidad política y hacer oídos sordos al canto de sirena de los sindicatos. Por una vez tendrá que pensar por sí solo y no dejarse llevar por la presión del Pit-Cnt.

En varias oportunidades entre 2018 y 2019 Danilo Astori, el exministro de Economía del entonces gobierno frentista, dijo que el gobierno que asumiera en 2020 debía encarar la reforma de la seguridad social. “La esperanza de vida está medida en 60 años y actualmente supera los 80”, dijo y propuso hacer una reforma “que incluya todos los parámetros, incluidos los montos y la edad de retiro”.

También en agosto de 2018 la prensa de la época citó al presidente de la Comisión Nacional de Programa del Frente Amplio, Ricardo Ehrlich, quien dijo: “los caminos van por políticas de incentivo a retrasar la edad jubilatoria”.

Por otra parte, las empresas deberán asumir este tema. Han sido proclives a apurar jubilaciones aún en los casos en que el empleado no se considerara pronto para retirarse.

Muchas organizaciones, instituciones educativas, universidades y facultades tienen topes: llegada una cierta edad los empleados deben jubilarse y no se les ofrece alternativa alguna. No siempre es el trabajador el apurado por irse, especialmente cuando las cuentas no le cierran. Es la empresa que impone un retiro coercitivo a una edad que resulta demasiado temprana para los intereses del trabajador y del sistema de seguridad social.

Habrá que afrontar además, el tema de las otras cajas, la militar, la profesional o la bancaria, que tienen serios problemas pero que funcionan con ventajas que no cuentan los que aportan a Industria y Comercio. Son los afiliados a esta última los que tienen topeados sus retiros y que están inhabilitados para realizar otras actividades pagas. La caja menos problemática es la más problemática para quienes aportan a ella. Se trata de una inexplicable paradoja.

Discutir este tema va a tomar tiempo. Mientras tanto y en la medida que va por fuera de la gran reforma, sigue pendiente de solución una puntual injusticia, flagrante y cruel, que se resuelve aprobando una ley que permita al que se jubiló a tomar tareas remuneradas aún cobrando su jubilación completa, tal como le corresponde.

Desde el período pasado está sobre la mesa el proyecto del diputado colorado Conrado Rodríguez, elaborado con tal precisión que basta levantar la mano y votarlo. No hay que agregarle ni quitarle una coma.

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