EDITORIAL
diario El País

Geopolítica europea

Se cierra el año y el Mercosur no pudo avanzar en concretar el acuerdo que hace ya más de dos décadas que se negocia con la Unión Europea (UE) con el fin de facilitar el libre comercio entre estas dos grandes regiones del mundo. ¿Por qué es tan difícil conseguir resultados exitosos en este tema?

Los esfuerzos de la presidencia de Uruguay, en un semestre tan particular por la pandemia mundial, fueron infructuosos. Más allá de la buena disposición de Alemania, que estuvo a cargo de la presidencia de la UE en este semestre, y más allá de la buena voluntad que existe para seguir avanzando en el próximo semestre, no se alcanzaron resultados concretos.

No se trata entonces de un problema de tal o cual cancillería o de tal o cual perfil personal. Lo que está atrás de la frustración sobre este acuerdo son temas de fondo que hacen a la geopolítica europea mucho más que a la voluntad de los países del Mercosur.

En efecto, el proceso de la construcción europea no deja de lado la expresión de los intereses nacionales de los países que la conforman, y en particular de sus principales potencias. En este sentido, una apertura total al comercio con el Mercosur, que es el área mundial de mejor productividad para todo lo que refiere a la producción de alimentos, significaría un enorme golpe de competencia para la cadena de producción de países agrícolas europeos, como por ejemplo para Francia.

No hay que irse muy lejos en la historia de la UE para saber que dentro de los valores estratégicos que siempre defiende París, que es principal motor de esa unión regional, está su capacidad de producir alimentos de forma sustentable para Francia y para toda la región. Son demasiados los productos franceses que peligrarían, sobre todo frente a las competencias venidas de Argentina y de Brasil: esos dos países, por cantidad y calidad, pueden ganar mercados enormes en toda Europa si ella se abriera a la total competencia comercial del Mercosur.

Además, hay varios países europeos cuyos procesos políticos nacionales están viviendo el auge de movimientos nacionalistas con cada vez mayor apoyo popular. ¿Cómo justificar, hoy en día, abrir el juego a la competencia de productos del Mercosur, por ejemplo, cuando buena parte de la opinión pública europea está reclamando favorecer las opciones económicas nacionales frente a la competencia extranjera? En este sentido no hay que olvidar que si se llegase a buen puerto de una negociación Mercosur-UE, ese eventual tratado debiera de ser luego ratificado por los parlamentos nacionales de los Estados europeos: en el estado actual de la situación política de muchos de ellos, es evidente que esas ratificaciones no ocurrirían.

La geopolítica europea está marcada por regiones y países que son mucho más importantes que el Mercosur para la UE. Para Alemania, por ejemplo, la influencia en Europa del Este o su vínculo con Turquía merecen mucha más atención que lo que pueda ocurrir con nuestras pampas o con Brasil. Sudamérica, en este esquema, es un área que sí cuenta para países europeos mediterráneos, como España, Francia o Italia, por ejemplo, pero que no está dentro de las principales prioridades estratégicas a contemplar hoy en día por la UE: antes que ella están el norte de África o el Medio Oriente para prestar atención y hacer esfuerzos, si son necesarios, en un sentido de mayor imbricación económica.

No se trata de un problema de tal o cual cancillería o de tal o cual perfil personal. Lo que está atrás de la frustración sobre este acuerdo son temas de fondo que hacen a la geopolítica europea mucho más que a la voluntad de los países del Mercosur.

No es que el Mercosur no importe a la UE. Es que un principio realista elemental de la política exterior es que nadie lleva adelante políticas que perjudican dimensiones sustanciales de sus factores de poder. Para el caso, la competencia de Argentina y Brasil sobre todo en la agroindustria pone en jaque a actores económicos europeos muy importantes y, por más que haya otros rubros europeos que se favorecerían de la apertura comercial, el peso estratégico de los sectores que no quieren abrirse es muy importante.

En este esquema gana protagonismo el camino propio de Uruguay. Un poco como lo que logró Chile con la presidencia de Lagos, lo cierto es que el tamaño de nuestras exportaciones no dificulta en lo más mínimo al gran mercado que es la UE. ¿Por qué no asumir un interés geopolítico común entre Europa y Uruguay y plantear un avance bilateral en la apertura comercial? ¿Por qué no hacer ese mismo camino con el Reino Unido, por ejemplo?

La geopolítica europea no va a cambiar. Es tiempo de aprovecharla y avanzar en un camino propio que favorezca a nuestros intereses nacionales, nuestra inserción internacional y nuestra mayor prosperidad.

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