EDITORIAL

Del gasoil y las paridades

El precio de paridad marca no solamente el precio al que llegaría ese combustible, sino sobre todo marcaría el precio máximo al que se podría vender el gasoil de Ancap.

La discusión pública sobre el precio del gasoil está realizando un buen aporte a la toma de consciencia acerca de lo que significa una economía encerrada, llena de trabas arancelarias y no arancelarias al comercio, que conducen a una visión de país aislado, sin chance de pactar acuerdos comerciales con nadie.

Respecto del gasoil, mucha gente afirma la pertinencia de disponer del mismo a precio de paridad de importación, es decir al precio que valdría si se lo importara libremente. Cabe recordar que el precio de paridad marca no solamente el precio al que llegaría ese combustible, sino que sobre todo marcaría el precio máximo al que se podría vender el gasoil de Ancap. Por eso es que cuando se plantea la posibilidad de importar libremente gasoil, se refiere no solamente a internar el precio más barato al que acceden otros países, sino a fijar un techo en ese valor para la oferta local. Así, resulta realmente positivo que se hagan estas comparaciones y se calcule la pérdida social, o el aumento de costos que supone esta situación. Y cabe señalar que se viene instalando la consciencia de que este debe ser un objetivo a lograr: gasoil a precio comparable con el de otros países, ya sea importado o propio a ese precio.

Pero esta discusión interesante, que plantea en la práctica los costos del encierro, podría extenderse a muchísimos otros rubros, que valen dentro de fronteras mucho más que en el mundo y que si se pudieran adquirir a un precio de paridad de importación cambiaría radicalmente, no solo el consumo de los uruguayos, sino la asignación de recursos en la economía. Esto último, obviamente, con una orientación más competitiva hacia el mundo. Veamos algunos ejemplos de bienes y servicios que pagamos a valores absurdos en comparación con sus respectivas paridades de importación, igual que el gasoil. Automóviles, teléfonos, combustible, azúcar, aceite, zapatos, botas, pantalones, camisas, duraznos, papas, cebollas, zanahorias, fertilizantes, herbicidas, insecticidas, semillas, abrigos, vino, bebidas refrescantes, cerveza, cuadernos, pollo, banda ancha, fletes, algunos lácteos, termos, etc. Si a estos bienes con aranceles y trabas no arancelarias, agregamos otros que pagan el arancel externo común, ahí hay que agregar televisores, heladeras, acondicionadores de aire, juguetes y todo lo que quieran. ¡Paridad de importación con arancel cero para todos los bienes! Al menos los de la primera lista, donde están representados elementos de consumo de primera necesidad así como componentes muy relevantes de los costos de producción.

En definitiva, Uruguay es un país muy caro en el mundo, porque lo son cada una de sus producciones de bienes y servicios, de las cuales la lista anterior es apenas una muestra. Quizás no se entiende bien que si el nuestro es un país de vocación exportadora (qué otra cosa se puede ser con 3 millones de habitantes), esto significa que en el país se deben internar, con sus ventajas y desventajas, los precios del mundo, todos ellos: los de los bienes exportables y los de los importables. Por eso es francamente ingenuo pensar en un acuerdo de libre comercio con cualquier país exportador, por ejemplo China o Estados Unidos, dada nuestra realidad política. En efecto, algunos creen que un acuerdo con estos países supone una gran oportunidad para colocar mejor nuestras producciones, más todavía cuando compiten por ese acceso otros países que disponen de acuerdos preferenciales. Pero olvidan que acuerdos de este tipo posibilitan también que se introduzcan en el país toda clase de bienes de esos orígenes a precio de paridad de importación como se reclama con el gasoil. O sea que todos los productos mencionados y muchos más tendrían chance de competir con los nuestros, más concretamente con el valor agregado nacional, con sus altos salarios y su productividad, que quizás resistiría poco, debiendo transformarse para seguir en carrera. Y esto enfrentaría la nueva situación a gremios industriales pero especialmente a gremios de trabajadores. Ya lo hizo el Pit-Cnt oponiéndose al acuerdo con China, o todo el partido de gobierno respecto del acuerdo en su momento con EE.UU., o más recientemente con Chile.

No hay consciencia sobre lo que significa nuestro baja apertura basada en restricciones en general no arancelarias, pero para fuera del Mercosur también en nuestro Arancel Externo Común. En la modificación de este enfoque que incluye también muchos servicios, le va al país la oportunidad de crecer, no sin cambios del statu quo para la asignación de recursos. La discusión sobre el gasoil y su paridad de importación pone el tema sobre la mesa, y quizás aproveche para razonar más allá del combustible.

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