EDITORIAL

Fuerzas y gobierno al desnudo

El epílogo de la conducción de las Fuerzas Armadas, bajo responsabilidad de Eleuterio Fernández Huidobro, titular del Ministerio de Defensa durante todo el gobierno de José Mujica y lo que iba del de Tabaré Vázquez, ha sido tétrico.

Se recuerdan en estos negros momentos, las declaraciones del entonces Ministro, alertando sobre el estado calamitoso de las Fuerzas Armadas, los magros salarios del personal y las carencias en las tres armas. Entonces, no cabe otra que preguntarse por qué no mejoró la situación. Siendo que quien reclamaba no era precisamente de la oposición —a la que suelen no escuchar— sino uno de ellos mismos. Un líder histórico del FA, quien dos veces estuvo al mando de dicha cartera.

Se continúa hablando, por ejemplo, de la idea de un fideicomiso para poder abastecerse; de la venta de un inmueble de la FAU en Buenos Aires, con cuyo producido se pueden comprar algunos aviones, como si recién comenzaran a gobernar. Lo que salta a la vista, es la chocante flaqueza para gerenciar, para ejecutar, que caracteriza a este gobierno. A pesar de haber estado en el poder en los años de mayor bonanza económica que se recuerde. Con amplitud de recursos y mayoría absoluta en las Cámaras. No han sido capaces de arreglar el entuerto militar. Como tampoco construyeron nuevas carreteras o arreglaron la red vial y los puentes indispensables para responder al aumento de la actividad económica, así como tampoco rescataron al destruido sistema ferroviario, más allá de los eufóricos anuncios de Mujica.

Hoy todos lamentamos dos accidentes fatales ocurridos en pocos días, en los cuales perdieron injusta e inútilmente la vida cuatro hombres jóvenes que ilusoriamente abrazaron la carrera militar. Sin tener, seguramente, demasiada consciencia que estaban entregando su suerte a un gobierno indiferente a sus penurias y a la amenaza que supone exponerlos a un parque de aviación obsoleto.

Aunque todavía no se conocen los resultados de las investigaciones para determinar el motivo de los siniestros, los tristes episodios han sacado a la luz el enorme contrasentido de la existencia de todo un esquema que incluye Armada, Fuerza Aérea y Ejército, cuando por otro lado, la vetustez de los equipos es un trágico absurdo, puesto que para los pilotos, entrenarse en aeronaves de los años sesenta es condenarlos a correr mucho mayores riesgos de lo que de por sí implica el ser aviador.

No se ha confirmado aún si los motivos detrás de ambos sucesos se han debido a un error humano o a problemas técnicos, pero si algo está claro, es la vergüenza que provoca el calamitoso estado de los equipamientos. La experiencia de los que piloteaban las dos unidades, además del buen clima reinante, inclinan a pensar que la explicación se encuentre en la obsolescencia de las aeronaves.

De los 81 aviones que tiene la Fuerza Aérea, apenas el 39% está operativo. Y estos últimos implican aparatos de una antigüedad peligrosa que demandan mucho mantenimiento, al tiempo que por la propia vejez de los modelos hay dificultades en conseguir los debidos repuestos. Gracias al ingenio criollo se alarga su vida útil hasta extremos poco vistos en otras partes del mundo, pero de esta manera se expone indebidamente al personal.

En la Armada Nacional la situación también es crítica. La flota tiene una antigüedad promedio de 48 años. O están fuera de servicio o recuperados para operar parcialmente a ridículas velocidades. De los dos aviones de patrulla marítima, hay únicamente uno en funciones. Tampoco disponen de un helicóptero, ni para rescatar alguien del agua y las aeronaves han pasado ya los 30 y 37 años. Aparte se sabe que es un problema recurrente el no disponer del necesario combustible para hacerse a la mar.

Por el lado del Ejército están mejor porque gracias al invento de las misiones de paz, de las que los uruguayos han hecho una suerte de profesión, gozando de un bien ganado respeto y aprecio internacional, se han podido equipar con armamento más moderno. Sin embargo, si tenemos en cuenta que el 81% es para sueldos, el 5% para inversión que solo alcanza para comprar munición de las armas portátiles, según el Comandante Manini Ríos, el 14% es para funcionamiento y el personal administrativo en Ministerio supera al número de soldados, queda en evidencia el desquicio imperante. Lo lógico es tener una fuerzas reducidas pero bien equipadas, que puedan cumplir con ciertos cometidos específicos y no una bolsa de trabajo mal remunerada, para hacer tareas que no le corresponden, como recoger basura, vigilar cárceles, etc.

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