EDITORIAL
diario El País

Los fueros, el país y el sentido común

El menos común de los sentidos, el sentido común, al final se impuso.

El menos común de los sentidos, el sentido común, al final se impuso. Después de idas y venidas, se supo que quienes querían votar el desafuero del senador Guido Manini Ríos, trámite que ha quedado en modo “pausa” hasta después de las elecciones municipales, no tendrán los votos suficientes. Para llegar a esta instancia intervinieron distintos factores. Entre ellos, que el líder de Cabildo Abierto, nuevo partido que sorprendió en los comicios con su buena votación y el efecto rastrillo en barrios frenteamplistas, no tuvo otro remedio que adoptar una posición que no dejase lugar a dudas ni colocara al Partido Nacional en una absurda encrucijada, o sea, apoyar su inmunidad legislativa, cuando el propio ex Comandante decía no querer la protección parlamentaria. Afirmaba que él mismo votaría en contra de ella. Insistía en presentarse ante la justicia desprovisto de fueros, seguro como estaba de su correcto proceder en la causa promovida por el fiscal Rodrigo Morosoli, mientras al mismo tiempo sus correligionarios opinaban lo contrario.

El mensaje que bajó desde la Presidencia al senador Manini y a Cabildo Abierto fue meridiano; preservar la unidad. En momentos disruptivos como los generados por la discusión, fueros sí fueros no, la firmeza del liderazgo es fundamental para que las distintas fuerzas se enfoquen en lo primordial; el funcionamiento de un gobierno presidencial que tiene la particularidad de estar compuesto por una coalición de partidos. Una vez más, como lo hizo cuando hubo de enfrentarse al inesperado desafío provocado por una inusitada pandemia, el Presidente Lacalle Pou estuvo a la altura de los acontecimientos. Su llamado a la razonabilidad, lo era también a la sustentabilidad política.

Y eso es lo que la gente espera de quien tiene la máxima responsabilidad. La de conducir al país mirando siempre hacia adelante, para reactivar su economía, recomponer su estado financiero dañado por un déficit del 5%, dejado por el gobierno de Vázquez y su Ministro de Economía, Danilo Astori. Para recuperar el tiempo perdido de los años de bonanza que los gobiernos del Frente Amplio desperdiciaron insensatamente y superar los recesivos de los últimos tiempos. Para terminar con el irresponsable despilfarro practicado en los períodos anteriores. Para que los dineros públicos se utilicen con seriedad y produzcan los efectos deseados. Para que lleguen a sus destinatarios, ya sea en la educación, tan esencial para que la gente pueda progresar y deje de vivir de las limosnas del Estado, como lo hace actualmente, una buena parte de ella. Para que la población viva con tranquilidad gracias a un combate eficaz al delito, con políticas carcelarias que no sean reproductoras de delincuentes. Para que la sociedad que paga impuestos los vea reflejados en mejores servicios y menor burocracia inútil y descontrolada. Para que la salud pública haga honor a ese calificativo y no sea un antro de acomodos y hechos delictivos como los que salen a la luz continuamente. Para que el equipo gubernamental pueda abocarse a crear un marco que fomente la creación de empleos, atraiga inversiones y capitales, con un régimen laboral que apoye a los obreros pero que no ahogue o funda a los empresarios, provocando el cierre de actividades y fuentes de trabajo, como ahora sucede.

Es mucha la labor que el nuevo gobierno tiene por delante y la mayor parte de la sociedad lo que anhela, sea del color partidario que sea, es que las autoridades cumplan con esos objetivos.

No es lo indicado para que Uruguay pueda sortear la compleja coyuntura presente, en la que se superponen problemas sanitarios y económicos con inevitables consecuencias negativas de largo alcance, enredarse en discusiones estériles. Alrededor de un lamentable pasado que comenzó en la década de 1960 a raíz de las acciones terroristas de los tupamaros, finalizando recién cuando los militares optan por volver a los cuarteles y se recupera en 1985 la perdida democracia, tras complejas reuniones y discutibles transacciones. El tenor del berenjenal en el que se metía al Uruguay con el llamado de la fiscalía a declarar nuevamente sobre la causa Gavazzo, en la que el ex Comandante en 3 instancias declaró haber puesto en conocimiento al entonces Ministro de Defensa Menéndez, sería llover sobre mojado. Ya había explicado que su superior le ordenó, con conocimiento del secretario de la Presidencia Miguel A Toma, que continuaran las actuaciones del Tribunal, homologadas luego por el Presidente. Lo mismo que hizo Vázquez años antes, en el juicio al militar Gilberto Vázquez, por el caso del tupamaro Roberto Gomensoro.

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