EDITORIAL
diario El País

Frenar los cambios

A veces, como pasó con su anunciado referéndum contra la LUC, la oposición demuestra no tener claro lo que quiere.

Llevó unos días que clarificaran entre ellos, primero la conveniencia de apoyar al Pit-Cnt en esa aventura condenada al fracaso y después decidirse sobre qué artículos aceptarían impugnar, cuando habían votado afirmativamente más de la mitad de ellos.

Ahora se han definido en ese sentido: nos hicieron saber que se oponen a los cambios introducidos en seguridad y educación, justamente las dos áreas en las que más fracasaron sus gobiernos. A ello suman el rechazo nada menos que a la regla fiscal, justamente la medida de sinceramiento económico que resulta imprescindible para corregir el déficit desbocado que nos legaron.

Lo que la gente racional medianamente informada se pregunta es por qué no centran en esos mismos temas la anunciada autocrítica, en lugar de seguir defendiendo obstinadamente sus desaciertos, a contramano del clamor de la amplia mayoría del país.

Pero así son las cosas: “off the record”, algún dirigente de la central sindical ha reconocido que hicieron suya esta campaña de firmas para no defraudar a los sindicatos más radicales, en previsión de que no se les escaparan del redil.

Y lo gracioso (dicho sea esto con ironía, porque de divertido no tiene nada) es que hay dirigentes de la oposición que por lo bajo señalan lo mismo, que se vieron forzados a apoyar al Pit-Cnt en procura de no perder su adhesión frenteamplista. O sea, que tanto la central sindical como la principal fuerza opositora del país, lo único que supieron hacer fue enganchar sus vagones a la locomotora de un puñado de ultras. Y todo parece indicar que esa deplorable dependencia seguirá marcando el discurso opositor en los años que se vienen.

Por estos días se incorporó otro "lugarcomunismo" que se invoca dos por tres, a pesar de ser carente de toda veracidad y racionalidad.

Tiene que ver con la invectiva del senador emepepista Charles Carrera contra el director de la OPP, Isaac Alfie, a quien acusó de ser "uno de los protagonistas de la crisis de 2002".

La verdad es que Alfie debería recibir un premio a la paciencia, por la cantidad de tonterías que dicen de él, a pesar de tener el inédito orgullo de habernos sacado (y estar sacándonos) de agudas crisis, por dos veces consecutivas. Cada tanto inventan o tergiversan algo nuevo con que ensuciar su eficiente servicio al país. Pero su respuesta al senador Carrera exime de todo comentario: "le recomiendo que lea el mensaje del Poder Ejecutivo de la Rendición de Cuentas del año 2004 -que fue enviado en el 2005- y qué dice, acerca de la gestión del equipo que yo tuve el honor de encabezar".

En efecto, Alfie había asumido como Ministro de Economía en agosto de 2003, y el mensaje en tal sentido del entonces presidente Tabaré Vázquez reconoció lo evidente; que el sustancial crecimiento registrado en 2004 de la producción de bienes y servicios, de un 12,3%, recuperó buena parte de la caída de la actividad provocada por la crisis.

Con su pedido de referéndum, el Pit-Cnt y el Frente Amplio nos han hecho saber que se oponen a los cambios introducidos en seguridad y educación, justamente las dos áreas en las que más fracasaron sus gobiernos.

Cabe preguntarse entonces, a qué juegan cuando formulan ese tipo de declaraciones falsas y maliciosas, tanto en una comisión parlamentaria como ante la prensa. ¿Realmente creen en lo que dicen o están distorsionando la verdad intencionadamente? ¿Se enganchan de furgón de cola de los ultras, como en el ejemplo anterior, para tratar de reanimar un fervor militante que son conscientes de que está fatalmente menguado? Fervor militante que, por otra parte, intentan azuzar irresponsablemente en plena emergencia sanitaria, como ocurrió anteayer con la riesgosa aglomeración convocada por el Pit-Cnt frente al Palacio Legislativo.

El pésimo rol jugado por el expresidente Vázquez respecto a los tribunales de honor tiene los mismos efectos. El griterío por el frustrado desafuero del senador Manini, mal puede acallar el atronador silencio respecto de por qué avalaron las actas, por qué callaron, por qué negaron a la opinión pública una información clave, para arribar a la “verdad y justicia” que tanto pregonaban.

El país seguirá atravesando circunstancias difíciles en lo económico y social, por el impacto de una pandemia global que acentúa las debilidades heredadas del gobierno anterior. Solo saldremos con capacidad de sacrificio y mucho trabajo, pero sobre todo con franqueza, de parte de los actores políticos. No es tiempo de chicanas, ni falsedades, ni maximalismos inconducentes. Ojalá todos asuman esa decisión responsable.

Quien la incumpla perderá respeto y consideración ciudadana.

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