EDITORIAL
diario El País

Formas republicanas

El Frente Amplio culminará su periplo de tres lustros en el poder en unos pocos días, y volverá a ser oposición. La historia nos dice que cuando lo fue en el pasado, poco contribuyó con el bienestar institucional del país.

Ese conglomerado político que aún no reniega de posiciones tan anacrónicas como las que representa el marxismo-leninismo, y cuyos miembros más violentos jamás han pedido disculpas por sus actos, incluso pudo decaer más.

La relativa pureza ideológica que ostentaron hasta que llegaron al poder en el 2005 algunos de los movimientos integrantes de la fuerza política que todavía gobierna, se vio más devaluada aún a partir de ahí. Y totalmente deteriorada.

Con el poder real en las manos, no solo se agravó el radicalismo, sino que no pudieron contener el contagio del socialismo del siglo veintiuno de Chávez, que cual gangrena que se propaga en forma implacable, contaminó rápidamente el cuerpo de la maquinaria frenteamplista.

Así, lo que una vez fue utopía y discutida filosofía de pensadores como Marx y Rousseau, se convirtió en nostalgia de los sesenta, con el vale renovado del delirio revolucionario de la mano de la gorda billetera venezolana y la influencia de la eterna dinastía cubana.

Los principios se fueron a pique, solo unos pocos se dieron cuenta y dispararon decepcionados. El dulce pica los dientes, y las golosinas venezolanas eran irresistibles. Sedujeron a personas, estructuras, y empresas compañeras, pero lo peor no fueron las consecuencias prácticas de esas relaciones. Lo más embromado no fue la connivencia para no se sabe qué.

La coalición multipartidaria tiene bien claro que el desafío más importante es volver a sacarle brillo a nuestras instituciones republicanas. El Frente Amplio, ahora como oposición, debería comportarse con grandeza.

Ni las pérdidas millonarias consecuencia de negocios de todo tipo. El daño más grave que provocaron fue el deterioro moral y el debilitamiento institucional. Eso es lo peor que nos dejó la aventura chavista de algunos de nuestros compatriotas. Nos contagiaron de mediocridad y de relativismo.

Para unos cuantos, durante mucho tiempo el fin justificó los medios. Chávez y su entorno fueron para ellos un ejemplo de que la política para servir a las mayorías marginadas debía estar por encima de las leyes.

Y así con miradas displicentes, la inoperancia manifiesta se atenuó con falsas justificaciones basadas en un hacer por el bien común que no existió. No dar corte a la institucionalidad dejó de ser un pecado, y pasó a ser un galón en las nuevas jerarquías políticas nacionales e internacionales donde la transgresión sin sentido pasó a ser un intangible de valor.

En ese camino, todo se entreveró. Y los que antes pintaban “Yanquis go home” abrazaban la Star Spangled Banner, y en un pif-paf la OCDE, el BID, el FMI, y la OMC dejaron de ser monstruos opresores serviles del salvaje capitalismo global, para pasar a ser nuestros nuevos mesías para el debido comportamiento interno y externo. ¡Guambia con las listas grises; que el Señor nos ampare de caer en una lista negra!

Dejaron de hablar de nacionalizar la banca y optaron por bancarizar a la nación.

Así el barco se fue al garete. La última campaña política nos dejó el sinsabor de la pérdida de valores republicanos. Vimos a Ministros haciendo proselitismo grosero y de mal gusto, a dependencias de la Presidencia de la República jugando en la cancha como un actor más, hasta toleramos el acto final con la actitud del candidato oficial durmiendo el reconocimiento de su derrota.

Ya es momento de retomar el rumbo. Y siempre que algo nuevo empieza no hay que perder la esperanza en las posibilidades de construir mejor sobre lo que ya está bien.

Es tarea de todos. Y a pesar de ello, nuestras instituciones son más fuertes de lo que creíamos. Ahí están, han aguantado la tormenta, y aún perduran. Machucadas pero enteras.

La coalicion multipartidaria tiene bien claro que el desafío más importante es volver a sacarle brillo a nuestras instituciones republicanas. El Frente Amplio, ahora como oposición debería comportarse con grandeza.

Poner a Marx, a Lenin, a Castro, a Chávez, y a algún otro favorito por el estilo en el ropero, pasarle dos llaves, olvidarse de ellos, y mirar para adelante. Que a fin cuentas, está bien claro que en los países modelo de desarrollo social, todos estos pensadores y el proselitismo de sus admiradores no cuentan.

Lo que sí vale son las formas, las instituciones democráticas sanas, el respeto a las autoridades y a la Constitución. Basta de hacer leyes de cualquier manera.

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