EDITORIAL

El Fonasa: un huevo vacío

El Sistema Nacional de Salud es la cáscara de una invocada “Justicia Social” que muestra una deficiente prestación de esos servicios, con aumento de costos de las mutualistas y abandono a los usuarios a tiempos cada vez más extensos para consultas y tratamientos.

Friedrich Hayek, uno de los economistas liberales de mayor prédica gustaba referirse en términos financieros a los llamados weasel words, un animalito de la rama de los mustélidos especializado en vaciar un huevo dejando la cascara intacta.

Tomando su gráfica imagen, bien se puede decir que los gobiernos socialistas de nuestro continente se han transformado en esos "simpáticos" animalitos destinados a vaciar la sociedad de valores democráticos y aumentar la participación del sector público a niveles asfixiantes.

Un ejemplo claro es el costo del Fonasa creado por la Reforma de la Salud implementada por el exministro Daniel Olesker, un socialista radical inmune a todas las advertencias recibidas sobre su cuestionado proyecto.

Tan así, que el Sistema Nacional de Salud es la cáscara de una invocada "Justicia Social" que muestra una deficiente prestación de esos servicios al aumentar los costos de las mutualistas y abandonar a los usuarios a tiempos cada vez más extensos tanto en las consultas médicas como en los tratamientos requeridos.

El déficit actual del Fonasa alcanzó la friolera de 432 millones de dólares, un aumento del 38% en términos reales de lo que aporta Rentas Generales (descontada la inflación) en otras palabras, la suma que paga la sociedad para financiar el Sistema Nacional de Salud. De tal forma, que al llegar su costo actual a los 1.560 millones de dólares se comprueba que casi el 30% sale de los sufridos bolsillos del pueblo ante el alarmante resultado al finalizar el 2016.

No obstante, lo más preocupante es que el gobierno afirma que este déficit, que tiende a crecer año a año, es inevitable según lo afirmado por muchos de los "iluminados" socialistas inventores de esta implacable maquina de succión de recursos. Y no solo se niegan a definirlo como lo que realmente es: un indecente déficit, sino que responsabilizan al Poder Legislativo por el sucesivo ingreso de nuevos colectivos, como si las mayorías frenteamplistas regimentadas fueran ajenas a las decisiones que lo llevaron a esta crítica situación.

Y si algo faltaba, a pesar de la percepción de que el sistema esta invadido por la corrupción, todavía se resisten a toda Comisión investigadora, que en el caso de ASSE seguramente terminaría con jerarcas, sindicalistas y decenas de funcionarios entre las rejas al actuar posteriormente el Poder Judicial.

Pero lamentablemente el problema va más allá, porque esa justicia social que todo explica supone la existencia de un "club de justicieros" que se atribuye la calidad de definir mejor que el mercado, quiénes son los ciudadanos que merecen y quiénes no, los eficientes servicios públicos. De ahí que, entre Ministerios, personas públicas no estatales y todo tipo de ONG (la mayoría refugio político de "compañeros") surge claramente que los "merecedores" son ellos mismos o la burocracia que los apoya en perjuicio de los contribuyentes que solo ven la cáscara intacta de un huevo vaciado por la ineficacia y la impunidad.

Todos estos gobiernos sufren de un vicio de origen basado en una arrogancia autoritaria. Así han pretendido, "fracasando con rotundo éxito", imponer por ciencia infusa la forma que debería tener el mundo, mientras los que no gozan de su pensamiento "igualitario y salvador", no tendrían otra opción que obedecer.

En otras palabras, han querido ignorar la necesidad de un consenso social mínimo basado en valores y obligaciones recíprocas; más grave aún, le han quitado a la sociedad su voz para reclamar ante el constante avance de un subdesarrollo político, que disfrazado con "muletillas solidarias" esparce sus residuos intoxicando los derechos de los más desvalidos.

En un país donde el Estado es el mayor empleador y no se hace responsable de su conducta, la oposición aparece como condenada a la inanición, porque casi imperceptiblemente, el antiguo principio "de que el que no trabaja no come" hoy se ha sustituido por el principio rector del socialismo que sentencia que "quien no obedece no come".

El viejo populista Getulio Vargas "tío abuelo" del "Lula-petismo" brasileño, que tantos resultados similares nos muestra desde su crisis ética y econó-mica, en un momento de racionalidad política llegó a decir: "los Ministerios se componen de dos grupos de gente: los incapaces, y los que son capaces de todo".

A la luz de los resultados del Fonasa queda al lector sacar sus conclusiones sin reparar en la cáscara de otro huevo vacío.

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