Editorial

El final de la "Gran Guerra"

A un siglo del final de la Primera Guerra Mundial todavía se recuerda aquel conflicto bélico en Europa que fue seguido con enorme interés por los uruguayos a través de los periódicos de la época.

Se acaba de cumplir un siglo de la terminación de la Primera Guerra Mundial a "la undécima hora del undécimo día del undécimo mes", es decir el 11 de noviembre de 1918, tal como habían pactado los combatientes. Un par de días antes, en un vagón de tren estacionado en las cercanías del bosque de Compiegne, Francia, se había negociado la humillante rendición de los alemanes. Un suspiro de alivio recorrió el mundo hasta llegar al lejano Uruguay en donde miles de personas se lanzaron a celebrar el final de aquella pesadilla.

Es que la guerra duró algo más de cuatro años con un saldo de 10 millones de muertos y 20 millones de heridos. Una carnicería iniciada tras el asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero de la corona del imperio austrohúngaro.

El magnicidio causó la declaración de guerra del Imperio contra una Serbia que recibió el inmediato apoyo de Rusia. El imperio alemán se sumó al austrohúngaro en tanto Gran Bretaña y Francia se alinearon con los serbios. Más adelante otros países participarían, entre ellos Estados Unidos cuyo aporte sería decisivo.

Así empezó una cruel conflagración centrada en Europa, la "guerra de las trincheras" signada por sangrientas batallas de posiciones que duraron meses como las de Verdun y Somme (en cuyo recuerdo se dio nombre a dos calles de Montevideo, un ejemplo de las fuertes repercusiones de la guerra en nuestro país).

Mucho se ha escrito sobre la llamada "Gran Guerra", pero eminentes historiadores como el británico Michel Howard opinan que en 1914 Europa estaba al borde la guerra en virtud de "las actividades militares y las pasiones de los pueblos". El militarismo alemán y la intervención austrohúngara en los Balcanes fueron condimentos esenciales. Declarada la guerra, los germanos se enfrentaron con un problema estratégico crucial. Encasillados entre una Rusia hostil por el Este y una Francia no menos hostil por el Oeste debían derrotar a uno de ellos por separado, en la forma más rápida posible, para evitar una guerra de dos frentes. Finalmente se decidieron por invadir Francia a través de la neutral Bélgica. Gran Bretaña entró en la guerra. Los cañones empezaron a tronar.

Paradójicamente, el estallido bélico fue recibido con entusiasmo en las capitales de los países beligerantes en donde se perdió la noción del enorme costo que tendría para todos. La guerra se convirtió en una cuestión nacional. Un sentido de deber patriótico colocó a las grandes mayorías bajo las banderas del nacionalismo, algo que tras la invasión alemana a Bélgica se propagó entre los aliados, como así se denominaba a los integrantes de la alianza franco-ruso-británica.

La larga duración de guerra generó conmociones en el interior de los países trabados en combate. El más decisivo de los episodios ocurrió en 1917: las revueltas en Rusia, un país cuyo ejército estaba cada vez más desmoralizado. La abdicación del zar y el triunfo de los revolucionarios comunistas condujeron a las nuevas autoridades de Moscú a abandonar la contienda. Sin la presión desde el Este, por un momento pareció que la balanza se inclinaba hacia los alemanes que ahora sí podían lanzarse contra los aliados con las espaldas cubiertas.

Empero, también Alemania padeció convulsiones internas, propias de un pueblo que soportó cuatro inviernos de guerra con las consiguientes privaciones. El ejemplo ruso era contagioso y las penurias empujaron a los ciudadanos alemanes a presionar a su gobierno en busca de la paz. En 1918, en un intento desesperado, Alemania lanzó una ofensiva sobre Francia. La ofensiva fracasó porque junto a las filas galas estaban listos para la pelea un millón de recién llegados soldados estadounidenses. "La presencia de aquellos muchachos altos y alegres de la región central de Estados Unidos convenció a los aliados —dice Howard— que no podían perder". Y así fue. En julio de aquel año contraatacaron y en pocas semanas vencieron la resistencia alemana.

La Primera Guerra Mundial, cuyo final acaecido un siglo atrás se conmemoró el domingo, cambió el mapa de Europa y otros territorios producto de los acuerdos posteriores realizados en París entre las potencias triunfadoras. Su desarrollo fue seguido con gran interés en Uruguay, un país felizmente alejado de los campos de batalla con un pueblo mayoritariamente proaliado. La prensa, el medio de comunicación por excelencia de aquella época, informaba a diario sobre el devenir de la guerra. Y cuando la paz llegó en aquel noviembre de 1918 miles de uruguayos festejaron la victoria aliada y el fin de una pesadilla.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos