EDITORIAL

Febrero de 1973 en la escuela

La mayoría de los niños y adolescentes que serán los futuros ciudadanos del país solo accede a un conocimiento sumario de la Historia reciente del Uruguay y del mundo, cuando cursa educación primaria.

En efecto, sabido es que la mayoría de los jóvenes no termina secundaria. Además, los que llegan a cursar tercero y cuarto de liceo no siempre tratan estos temas en Historia por lo extenso de los programas. Así las cosas, la amplia idea que se haga el escolar de sexto año en estos asuntos será, en la mayoría de los casos, la única que tenga en su futuro.

Los libros de referencia utilizados por los escolares son también importantes para los maestros. Allí hay material pedagógico y un relato legitimado para estudiar sobre "Historia y construcción de la ciudadanía". Uno de los más vendidos es editado por Santillana y dirigido por Alejandra Campos. ¿Quiere saber cómo se presenta la crisis golpista de febrero de 1973?

En la página 144, bajo el título "febrero: primer paso hacia el golpe de Estado", se señala lo siguiente: "el 5 de febrero, los militares dieron a conocer dos comunicados en que planteaban sus objetivos y proyectos en asuntos que —según la Constitución— no les correspondían. Para sorpresa de muchos, proponían combatir la corrupción, luchar contra el desempleo y eliminar la deuda externa. Estas ideas confundieron a la propia CNT y al Frente Amplio, que pensaron que eran ideas de un sector progresista de las Fuerzas Armadas, dispuesto a impulsar cambios a favor de los sectores populares".

La redacción es clara. Si el FA y la CNT mostraron simpatía o adhesión hacia los comunicados 4 y 7 fue porque estaban "confundidos". Sin embargo, la verdad histórica está alejada de esta versión pro- izquierda que es la que la escuela pública define para los futuros ciudadanos del país.

La verdad es que en pleno levantamiento del Ejército y la Fuerza Aérea se realizó en 8 de Octubre y Comercio un acto del Frente Amplio que estaba previsto con anterioridad. El discurso central estuvo a cargo del general Líber Seregni, que reclamó la renuncia del presidente Bordaberry. Pero además, Seregni envió un mensaje a los militares: "solamente a partir de ese diálogo restablecido es viable la interacción fecunda entre pueblo, gobierno y Fuerzas Armadas, para comenzar la reconstrucción de la patria en decadencia". No hubo ninguna confusión. La adhesión al golpe era consciente y definida porque, desde allí, se podía reconstruir "la patria en decadencia".

Tampoco la hubo de parte del editorial del órgano del Partido Comunista, El Popular, que el 11 de febrero entre otras cosas afirmaba: "consideramos que el dilema no es entre poder civil y poder militar, que la divisoria es entre oligarquía y pueblo, y que dentro de este caben indudablemente todos los militares patriotas que estén con la causa del pueblo, para terminar con el dominio de la rosca oligárquica (…) Las Fuerzas Armadas deben reflexionar sobre este hecho: los marxistas-leninistas, los comunistas, los integrantes de la gran corriente del Frente Amplio, estamos de acuerdo en lo esencial con las medidas expuestas por las FF.AA."

El asunto parece menor pero es importante. En el relato pro izquierda que traza la escuela pública uruguaya, el episodio de febrero de 1973 es difícil de tratar. Porque al analizar lo ocurrido, nadie puede aceptar la idea de que Seregni, el Partido Comunista, la CNT y tantos otros actores de aquellos años hayan actuado en respaldo y defensa de la democracia representativa —sí lo hizo el Contralmirante Zorrilla, a quien ni siquiera se menciona en el libro.

Aquí hay una trama implícita para defender. Como el objetivo del texto siempre es dejar bien parados a los representantes de la izquierda, la solución que se encuentra es sencilla: la adhesión al golpe de febrero de 1973 fue una "confusión" inducida por un discurso seductor de los militares golpistas. En una perspectiva histórica rigurosa, esa atribución de intención que no respalda ninguna prueba histórica no puede sostenerse ni un minuto. Pero para el libro, la izquierda se confunde y se equivoca: nunca tiene mala voluntad y siempre vela por los intereses democráticos y populares.

La edición del libro de Historia de sexto de primaria es de 2012. Muy pocas voces, casi inaudibles, lo han criticado. Pacíficamente el Uruguay admite que se le mienta así a sus nuevas generaciones de ciudadanos. Tengámoslo claro: se construye así un relato que sirve los intereses políticos y sindicales de izquierda.

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