EDITORIAL

Otro febrero amargo

Todos, claro está, señalan que las principales figuras, partidos y movimientos políticos y sindicales vinculados al por entonces naciente Frente Amplio, apoyaron a los militares golpistas de febrero.

El inicio de febrero tiene casi siempre una movilización del Frente Amplio ya que se cumple fecha de su fundación en 1971. Sin embargo, ya es tiempo de que a esta altura del año también se reflexione partidaria y académicamente sobre lo vivido en febrero de 1973, y en particular sobre el papel que le cupo a la izquierda política y sindical en la caída de la democracia.

Aquellos que conocen un poco la historia del país saben que no se explica la disolución del Parlamento de junio de 1973 sin atender a la importancia de dos episodios previos claves: el alzamiento militar del 8 y 9 de febrero de 1973 y el posterior pacto del por entonces presidente constitucional Juan Bordaberry con los militares golpistas. También, los aficionados a la Historia saben que lo que ocurrió en ese febrero amargo fue un desacato por parte del Ejército y la Fuerza Aérea al mando del presidente. Como lo expresaron las propias fuerzas, "Los Mandos Militares del Ejército y Fuerza Aérea han decidido desconocer las órdenes del ministro de Defensa Nacional, General Francese, al mismo tiempo que sugerir al señor Presidente de la República la conveniencia de su relevo".

Sin embargo, lo que no se difunde tanto, lo que se oculta más o menos deliberadamente en este Uruguay de hoy donde prima la mayoría política frenteamplista y donde reina una hegemonía cultural izquierdista enteramente funcional a los intereses partidarios oficialistas, es qué posiciones tuvieron los principales referentes de izquierda ante este alzamiento militar totalmente inconstitucional.

Hay buenas lecturas para enterarse de lo que verdaderamente hizo la izquierda en esa encrucijada democrática. Entre los libros editados en 2013, por ejemplo, se destacan El golpe de febrero, de Gramajo e Israel, y El pecado original. La izquierda y el golpe militar de febrero de 1973 de Lessa. Más recientemente, es implacable y contundente el libro de Diez de Medina, Mapa de un engaño.

Todos, claro está, señalan que las principales figuras, partidos y movimientos políticos y sindicales vinculados al por entonces naciente Frente Amplio apoyaron a los militares golpistas de febrero.

Diez de Medina nos recuerda, por ejemplo, que el diario demócrata-cristiano "Ahora" reconocía por esas fechas que "el proceso histórico conducía inexorablemente a una ampliación del carácter tradicional de las FF.AA. como institución subordinada y obediente". También señala que importantes figuras del Partido Socialista, como Vivián Trías o José Pedro Díaz por ejemplo, apoyaron la idea de un cogobierno civil-militar.

Pero el apoyo al movimiento militar golpista no fue parcial ni disimulado en la izquierda.

En un acto político, el mismo 9 de febrero, el propio Líber Seregni pidió la renuncia de Bordaberry para que luego se abriera un diálogo para la "interacción fecunda entre pueblo, gobierno y Fuerzas Armadas, para comenzar la reconstrucción de la patria en decadencia". El Partido Comunista también fue muy claro en el mismo sentido progolpista. En el editorial de su órgano de prensa del 11 de febrero se puede leer: "Las Fuerzas Armadas deben reflexionar sobre este hecho: los marxistas-leninistas, los comunistas, los integrantes de la gran corriente del Frente Amplio, estamos de acuerdo en lo esencial con las medidas expuestas por las FF.AA. como salidas inmediatas para la situación que vive la República, y por cierto no incompatibles con la ideología de la clase obrera, sin prejuicio de nuestros ideales finales de establecimiento de una sociedad socialista".

La CNT no se quedó atrás. Convocó el 22 de febrero a una movilización callejera bajo el lema: "La única alternativa: oligarquía por un lado, y civiles y militares por el otro". Y el 26 de Marzo publicó una declaración que valoraba el movimiento militar golpista como "la intención de llevar adelante algunos puntos reivindicativos coincidentes con los de nuestro programa. Nunca hemos pensado que somos los únicos que queremos la felicidad de nuestro pueblo y nos satisface mucho que en otros sectores que no son clase obrera, se manifiesten esas inquietudes".

Las pruebas históricas sobran: la mayoría de la izquierda sindical y del Frente Amplio se alineó tras los militares alzados en el golpe de Estado de febrero. Sin embargo, como la Historia que se escribe hoy sobre el pasado reciente se hace mayoritariamente para beneficio político de la izquierda, cada mes de febrero terminamos asistiendo a este atronador silencio acerca del febrero amargo de 1973. Importa tenerlo claro.

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