EDITORIAL
diario El País

Falta, pero ya se ve luz

Uruguay entró este fin de semana en una nueva etapa de su larga convivencia con la pandemia. Hubo acuerdo entre el gobierno y los proveedores de vacunas y en un mes, quizás un poco más, comenzará el proceso de vacunación.

Había cierto nerviosismo, más en los medios que en la gente, porque el gobierno en estos últimos tiempos no pasaba más allá de un parco “estamos negociando”. Visto el resultado, eso es lo que estaban haciendo y todo indica que se llegó a buen puerto. A veces es preferible dar la información concreta y completa que ir generando expectativas que quizás no sean fáciles de cumplir.

Muchos países anunciaron que estaban acordando (o ya acordaron) el comienzo de la vacunación y de hecho no todos empezaron o si lo hicieron, van mucho más despacio de lo prometido. Es evidente que hay un problema de producción de vacunas para su distribución global porque cada nación del mundo las quiere para ayer y pretende que toda la población esté vacunada en tan solo días.

Si se piensa que todas estas vacunas recién están saliendo de la fase tres, es razonable que la demanda sea inmensamente mayor que la oferta. Y así ocurrirá al menos por un tiempo.

Lo que anunció es que se alcanzó un acuerdo con dos laboratorios (se está negociando con un tercero) y que en marzo llegarán las primeras partidas para comenzar un proceso de vacunación por etapas, con sectores de población según el riesgo que presentan.

Por algo se empieza: nuestro país no será el primero en comenzar a vacunar, tampoco el último. Todo lo que se hizo para llegar hasta acá estuvo dentro de lo esperable. Basta mirar lo que dicen las crónicas de los medios internacionales para ver que ni siquiera las grandes potencias están en un fluido proceso de vacunación. Casi todos van a marcha más lenta de lo que sus gobiernos anunciaron. Algunos incluso tienen dificultades para dar la segunda dosis. Las entregas prometidas vienen más lentas. Tanto se habló de Argentina, y no salió de una primera etapa muy reducida de vacunaciones.

En otras palabras, lo que hizo el gobierno uruguayo no fue fácil, porque a nadie le ha sido fácil.

Esto de todos modos abre una nueva etapa que se procesará con lentitud, pero que al final del camino se verán los resultados y sus consecuencias.

Por ahora y mientras se empiezan a vacunar los primeros grupos, todo seguirá igual: tapabocas a tiempo completo, respeto de la distancia con los demás, nada de aglomeraciones y continuo lavado de manos.

Había impaciencia en la gente, es cierto, y era razonable que la hubiera. Hubo, claro, quienes se encargaron de azuzarla. Pero, al final todo se hizo como correspondía.

Como el cronograma de vacunaciones empieza por quienes trabajan en la salud, por las personas que viven en residenciales para gente mayor, por los mayores de 75 y los que trabajan en la educación, la ronda tomará su tiempo. Incluso una parte de quienes están en lo que se considera “edad de riesgo” (los que están entre 65 y 75 años), deberán esperar un poco más. Todo a su tiempo, y con mucha paciencia. Lo que pasará en Uruguay no es tan distinto a lo que está pasando en otros países. Los que viven de dar manija, que se informen y verán que en todos lados el proceso es lento y complicado, más de lo que algunos calcularon. Habrá que tener paciencia y mientras tanto no hay más alternativa que seguir cuidándonos.

Es bueno saber que Uruguay tiene desde hace años un aceitado sistema de vacunaciones para otras afecciones. Quienes se vacunaron en los últimos años contra la gripe pueden corroborarlo. Esto se vio en especial en 2020 cuando en medio de la pandemia mucha gente se dio esa vacuna para no agregar un problema más al que ya había. Los mecanismos de Salud Pública, más los de las sociedades y mutualistas privadas (los llamados “prestadores de salud”), fueron eficientes y rápidos.

Esa estructura ya está armada, tiene experiencia y por suerte en ese sentido Uruguay no tiene que inventar nada nuevo, simplemente hacer más efectivo y desarrollado lo que ya hay, por cuanto la demanda será mayor.

Había impaciencia en la gente, es cierto, y era razonable que la hubiera. Hubo, claro, quienes se encargaron de azuzarla. Pero, al final todo se hizo como correspondía. El gobierno se mantuvo en silencio mientras no tenía nada concreto ni definitivo que decir, por más avanzadas que estuvieran las conversaciones. Cerrado el acuerdo, habló y fue claro.

Falta mucho todavía para salir de esta maldita pandemia. Pero, al menos se empieza a ver luz al final del túnel, y eso no es poca cosa.

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