EDITORIAL

Falsedad y soberbia

Lo que viene ocurriendo en la interna del Frente Amplio es una muestra ostentosa de cómo sus dirigentes pueden falsear a la opinión pública sin pudor, y despreciar su capacidad de análisis crítico de la realidad.

Toda la campaña del Frente Amplio de cara a las internas estuvo basada en el mantra de la unidad. En esos cuatro dirigentes, al parecer de ideas distintas y complementarias, que recorrían el país derrochando amor fraterno, agitando banderas, y moviendo sus manos de un lado al otro con el número cuatro. Casi, casi como una “banda pop” adolescente, a la que cada tanto se unía Javier Miranda, en el rol de ese tío incómodo, que se ríe demasiado, nadie sabe bien por qué, y siempre quiere salir en las fotos.

El tema es que apenas terminó la campaña, quedó en evidencia que todo era un montaje. Ni había amor fraterno, ni las ideas eran complementarias, y que la ambición del cuarto gobierno era lo único que unía a esos dirigentes. Salvo por el tío incómodo, que sigue sonriendo sin que nadie sepa bien por qué, y sigue buscando desesperadamente salir en todas las fotos, todo se vino abajo.

Daniel Martínez dejó en claro que prefiere perder votos antes que compartir otra campaña con Carolina Cosse, Cosse que ya no quiere ver a Martínez ni en un afiche, que a Andrade no le importa mucho nada porque está buscando su propia figuración, y Bergara... Bueno, todo lo que sabemos de Bergara es que quería mucho a Seregni y que le gusta la cumbia. Pero más allá de eso, nada.

Ahora bien, hay algo más grave que el hecho de que estos cuatro aspirantes a presidente hayan recorrido el país con un mensaje falso. Y es que esto es apenas la frutilla de la torta de una actitud que viene siendo hegemónica en las autoridades del oficialismo. Una actitud marcada por una soberbia desmedida, mezclada con un desprecio flagrante por la capacidad intelectual de la mayoría de los uruguayos. Parecería que los dirigentes del Frente Amplio se han convencido que tienen un pase libre para engañar, decir medias verdades, tergiversar los hechos, y usar la mejor cara de víctimas, para justificar sus pecados.

Veamos por ejemplo lo de Carolina Cosse. Porque antes de que todos sintiéramos empatía por ella, ante el manoseo indigno de que fue objeto tras la interna, Cosse se pasó meses reclamando que ella hacía propuestas, y que nadie debatía con ella por ser una pobre mujer ninguneada por un “club de Tobi” de políticos machistas. Haga un test, ¿usted puede recordar una propuesta concreta de Cosse para mejorar la educación? ¿La seguridad? ¿Las exportaciones? Más allá del fetiche tecnológico, no salió de su boca una propuesta concreta de ninguno de estos temas centrales.

Algo parecido se puede decir de Daniel Martínez. ¿Hizo alguna crítica concreta sobre la gestión de Bonomi? ¿Planteó cuál sería su plan para mejorar la seguridad? Fue a las reuniones de Eduy21, pero ¿asumió alguna propuesta concreta? ¿Se puede creer que va a encabezar una reforma contra un sistema donde su esposa ha sido jerarca destacada los últimos 10 años?

Andrade. Bueno, Andrade no dice propuestas concretas de nada, porque para él todo se reduce a aumentar impuestos, y creer que hay un puñadito de ricachones que se la llevan toda y por eso no hay más para repartir. Y en el fondo, añora un mundo de buenos y malos, de obreros y patrones, que se murió hace como 30 años.

Bergara es más o menos lo mismo. Seregnismo para allá, seregnismo para acá... ¿alguien puede aterrizar por un segundo qué significa en concreto un plan de gobierno “seregnista”? Pero el récord de Bergara fue cuando dijo muy suelto de cuerpo que el déficit fiscal es insostenible, y de que hay que corregirlo. Hablamos de un señor que fue parte del equipo económico los últimos 15 años, y que nunca pudo cumplir con las metas de inflación autoimpuestas por el Banco Central. ¿Entonces?

Por no hablar del tema de la flamante candidata a vice. ¿Existe una muestra de soberbia más grande que elegir a dedo a una edil que nadie conoce, con problemas de papeles, y que reconoce públicamente que cuando decía los disparates que decía hasta hace apenas unos días, era porque no pensaba tener responsabilidades de gobierno? ¿Esta es la figura descollante que el Frente Amplio propone a los uruguayos como articuladora de lo que probablemente sea el Parlamento más atomizado de nuestra historia?

Todo esto deja en evidencia que hay un problema que corroe a la dirigencia del oficialismo. Y es que se han autoconvencido de que ellos, que su proyecto político, son más importantes que la propia gente. Sienten que no tienen que convencer, ni explicar, ni dar muestras de asumir errores y tener ideas claras para corregirlos. La distancia entre esa dirigencia, y las urgencias de los uruguayos de a pie, nunca ha sido tan grande.

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