EDITORIAL

El factor Gonzalo Mujica

Si la primera presidencia de Tabaré Vázquez se caracterizó por la mística frenteamplista por la obtención del poder, la presidencia de Mujica fue lisa y llanamente la del reparto del poder.

A tal punto llegó que, para “solucionar” algunos problemas, se creó un segundo ministerio de Economía que funcionaba en la órbita de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, manejada por Pedro Buonomo, Gabriel Frugoni y Sebastián Torres. Incondicionales del presidente y funcionales al MPP. Allí el control parlamentario era escaso y poco se sabía de lo que hacían.

La explosión inicial fue con Ancap. Los números no cerraban y se pidió una comisión investigadora a nivel parlamentario. Lo que apareció fue una larga lista de irregularidades donde se destacaban las adjudicaciones de obras por precios millonarios en dólares, por las que siempre se terminaba pagando muchísimo más, además de un manejo desprolijo que ambientaba sospechas a granel. Y luego se agregaron varias más: el Fondes, los negocios con Venezuela y ahora también la regasificadora.

No sorprendió entonces que varios legisladores del FA empezaran a mostrar su descontento con algunas medidas “urgentes” que el nuevo gobierno debió adoptar -empezando por un ajuste fiscal tras diez años de bonanza económica- porque la realidad era muy distinta a la que se pintaba. El más notorio fue el diputado Gonzalo Mujica, electo por el Espacio 609, pero que al poco tiempo pasó a las filas del astorismo y luego se convirtió en diputado frenteamplista independiente. Hace tiempo que no se deja arriar por el mito de la unidad, piensa y actúa de acuerdo a su opinión. Nada más y está bien.

En la vida se actúa por convicciones. En la política también. Nadie debe hacer lo que piensa que está mal y nadie debe dejar de hacer lo que piensa que es correcto. Sin doble discurso y mucho menos incurriendo en la farsa de decir una cosa y proceder de manera contraria. Conductas como esa son las que desprestigian la actividad política y a las personas. Lamentablemente en los últimos tiempos se ha puesto de moda entre los legisladores, cuando se trata de temas de alta repercusión, salir a marcar públicamente posición, para luego recular en forma alevosa invocando una mal entendida “disciplina partidaria”. El discurso para los ciudadanos es “estoy a favor (o en contra) de esta ley… Voy a fijar mi posición en sala y luego me retiro porque mi partido o mi grupo político piensan lo contrario. Entra mi suplente y va a votar justamente lo contrario de lo que pienso yo”. Un espanto.

El tema es que Mujica es el voto 50 del FA en la Cámara de Diputados, el que asegura su mayoría automática, y desde el oficialismo los “cuerdos” ven con preocupación (y satisfacción también) su actitud “orejana” de apoyar una investigadora para los negocios con Venezuela y para el Fondes, mientras que para el MPP “Gonzalo Mujica es un tránsfuga que estafó a los frenteamplistas que votaron por un proyecto de país. Por decencia debería dejar la banca”. Pero el así acusado fue muy claro en los motivos de su voto: “Lo único ético es si robaron o no y si son corruptos o no. ¿Quién puede decir que la gente no quiere que se sepa o que era para eso que la gente quería que hubiera mayoría parlamentaria? Creo que es todo lo contrario, la gente no quiere que se oculte y quiere que usen las bancas para decir la verdad”.

Mujica expuso públicamente su posición. Más allá de que siga actuando dentro del Frente no hay dudas de que su voto no va a ser arriado, sino que actuará conforme a sus convicciones. Y eso complica al FA: gente que piensa y todavía independiente no es algo que se cotice mucho dentro de ese partido. Lo cierto es que Gonzalo Mujica se ha convertido en un jugador muy importante en el tablero de la política, y la correlación de fuerzas en el Parlamento puede deparar sorpresas.

Lo que genera dudas es si el vacío de Gonzalo Mujica en el FA no fue rápidamente cubierto por el solitario diputado de Unidad Popular Enrique Rubio. Negó su voto a investigar los negocios con Venezuela. Sus argumentos fueron en la línea del MPP -que obviamente no quiere que se investigue nada- y plantea la interrogante de si a Unidad Popular la comprenden también en este caso “las generales de la ley” y si en el futuro va a convertirse en parte de la majada arriada por la Mesa Política o mantendrá su independencia. Lo que sí es indiscutible es que Unidad Popular con su voto buscó asegurar el más absoluto silencio, el oscurantismo y la impunidad en torno a este episodio. Podían haber seguido tranquilamente dentro del Frente Amplio.

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