EDITORIAL
diario El País

Evaluar era la consigna del Ineed

Esta semana se conocieron los nuevos resultados de las pruebas PISA llevadas a cabo en 79 naciones, por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Y otra vez, las noticias en lo que tiene que ver con Uruguay, no fueron buenas. Los que se quieren conformar, (por ejemplo en el Codicen) afirman que nos hemos mantenido estables, pero más exacto sería decir, estancados. Figuramos por debajo del promedio de los países de la OCDE. Más allá de que al compararnos con la región parezca que no estamos tan mal, ya que delante nuestro figuran solo dos; Chile y Costa Rica. Como dice el refrán, “en tierra de ciegos, el tuerto es rey”.

Pero la verdad es que en Lectura bajamos 9 puntos y 10 en Ciencia. Y ello a pesar del gran aumento de presupuesto otorgado a la educación en estos años. Lo cual revela que no solo es cuestión de dinero, a la vez de demostrar el fracaso de las administraciones frenteamplistas en esta área vital. Se trata de algo muy grave, ya que la educación es esencial para que nuestro país tenga un futuro promisorio.

Si la calidad de la enseñanza no es buena, de poco sirve vanagloriarse del crecimiento de la matriculación de los niños de corta edad, como lo ha hecho Wilson Netto, el presidente del Codicen. Como tampoco es de recibo la disminución de las repeticiones o el aumento de los pases de grado, dado que es notorio cómo se ha bajado la vara de la exigencia. Al punto que los liceales carecen de buena comprensión lectora y son incapaces de escribir sin faltas de ortografía.

En 2008 se creó por ley el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed). Una institución pública no estatal e independiente. Creada supuestamente, para evaluar con información rigurosa el estado de la enseñanza y así aportar a la construcción de políticas educativas acordes a las necesidades de los tiempos actuales. Los más escépticos vislumbraron que a pesar de la buena intención de muchos, al final terminaría siendo otra oficina pública. Otro foco de nuevos gastos para el erario, con técnicos, presupuestos, locación, administrativos y sobre todo, resultados inciertos.

Ya lo dijo al asumir en esa oficina, el representante de la oposición, el colorado Robert Silva, (quien ahora suena para el Codicen en el gobierno de Lacalle), que el “Instituto no sirve de nada, si no se toman sus recomendaciones” .

Y ese negativo vaticinio no ha hecho más que recordarse tras los diversos hechos ocurridos desde que su presidenta, la inspectora Alex Mazzei despidió repentinamente al director Andrés Peri, a quien la ministra María Julia Muñoz además, hizo luego referencia en ofensivos términos. La partida de Peri fue seguida por Fernando Filgueira, otro prestigioso referente del ámbito de la educación.

Ahora acaba de conocerse la renuncia de otro de sus directores, el profesor Pablo Cayota, el que si bien había decidido alejarse en setiembre, evidentemente consideró o le sugirieron que era más oportuno esperar hasta después de las elecciones, para concretar su decisión de dejar el cargo. Debido entre otras cosas, a una serie de discrepancias respecto de la conducción del organismo.

Cayota, a quien lo precedió otra renuncia el año pasado, la del doctor en Educación Mariano Palamidessi, afirma en su carta no estar dispuesto “a legitimar un estilo de conducción que viene desplegando la directiva en mayoría” al tiempo que condena el hecho de que se “ha producido una progresiva ruptura del equilibrio entre la función política y la técnica dentro del instituto”.

Por un lado la falta de apoyo de la directiva del informe del estado de la educación 2017-2018 que estuvo pronto el 31 de julio. Al otro día de publicado, como habían entregado con 15 días de anticipación el contenido, en lugar de dos como es lo normal a la ANEP, técnicos de allí prepararon un documento crítico sobre el del Ineed. Cuando Cayota propuso contestarlo, no lo acompañaron y se ordenó que no se publicara en el boletín institucional de agosto ni ha aparecido en ninguno más. El informe Aristas, sobre educación media, aprobado por unanimidad, aún no ha sido presentado y según el Profesor, “la directiva política metió mano como nunca antes”.

Las pruebas de la desnaturalización de este ente evaluador, lamentablemente abundan. La esperanza de que la voluntad de cambiar para mejor la educación era seria y como tal, se mantendría para lograr avances en el deteriorado estado de la enseñanza, se ha perdido. Revertir este descalabro no será tarea menor para el nuevo gobierno. Pero de que se trata de algo urgente por lo que el tema implica, no cabe duda.

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