EDITORIAL

El Estado se evade a sí mismo

Mientras el consumo crece, hay empresas que cierran, fuentes de trabajo que se pierden, indigentes que duermen en la calle y narcobandas que disparan a cualquiera, en cualquier barrio, a cualquier hora.

El martes, la actriz y comunicadora Leonor Svarcas desató una tormenta en las redes sociales. Tal como consigna el portal Tvshow, la exconductora del programa Ponete cómodo de TNU, hizo notar la contradicción entre quienes convocaron a la marcha del 8 de marzo y al mismo tiempo la cesaron por el cierre de ese ciclo "sin aviso, sin alternativas, sin respuestas, sin consecuencias". Hasta ahí podría tratarse de una queja comprensible ante un despido legítimo pero antipático. Lo grave es que fue despedida estando embarazada a término, sin derecho a indemnización, en clara contradicción con la ley 11.577.

Hay una explicación para que se haya producido esta irregularidad. El programa era una producción privada que tenía con el canal oficial un convenio de tercerización. Tanto TNU como muchas otras empresas, públicas y privadas, están echando mano a un sistema de contratación de unipersonales, que elude los beneficios que recibe un trabajador en planilla y, con ello, representa un ahorro para el empleador. Esta es una práctica corriente en muchas empresas privadas, que se justifica por el alto costo de los aportes patronales. Sobre todo las pequeñas y medianas, manifiestan que si pusieran a sus empleados en planilla, deberían reducir personal. Por su parte, estos admiten el problema y suelen aceptar facturar como unipersonales, a sabiendas de que si reclaman sus derechos, se arriesgan a perder la fuente laboral tarde o temprano.

He aquí un ejemplo típico de lo que denuncian fuerte y claro los autoconvocados: el costo del Estado es tan pesado que quiebra la ecuación económica de muchos emprendimientos productivos y los empuja a este tipo de soluciones que, aun dentro de la formalidad jurídica, recortan derechos a sus trabajadores.

Pero trajimos el caso de Leonor Svarcas porque es indicativo de la perversión del sistema: un canal de televisión estatal se vale del mismo mecanismo para abaratar las producciones que pone al aire.

¡Tan pesado es el Estado, que llega al extremo de evadirse a sí mismo! Y no pasa solo en TNU: existen testimonios de que la misma práctica es habitual en el Mides, por ejemplo. Por no mencionar el caso de la secretaria de un legislador oficialista, a quien no se le abonaron aportes por parte del responsable administrativo del mismo sector político al que pertenece el Ministro de Economía.

Cuando uno comprueba esta realidad, con ribetes de escándalo, no puede menos que abochornarse por el atroz doble discurso del Frente Amplio en el poder.

Se rasgan las vestiduras cuando Temer, un examigo (por haber sido vicepresidente de Lula) pero actual enemigo político, lanza una reforma laboral tendente a la flexibilización en la contratación de personal. "El neoliberalismo va contra las conquistas sociales progresistas", proclaman. Pero al mismo tiempo, evaden ellos mismos los costos que genera la rigidez del sistema que dicen defender, aplicando una precarización contractual que desprotege a los trabajadores mucho más de lo que lo haría una reforma liberalizadora. Encabezan la marcha del 8 de marzo con carteles que reclaman equidad de género en lo laboral, pero miran para el costado cuando el canal de televisión que ellos mismos dirigen cesa a una trabajadora embarazada, sin derecho a indemnización.

No solo los autoconvocados: creemos que cada vez hay más uruguayos de a pie hartos de este doble discurso, de la demagogia barata de quienes dicen ser sensibles a los derechos de los más débiles, desde sus autos oficiales y sueldos privilegiados.

Cuando uno les demuestra en la cara que están faltando a la verdad, despliegan el rollito consabido de la conspiración de la derecha y la intencionalidad desestabilizadora de los medios. Eluden la responsabilidad de rectificar rumbos y prefieren la soberbia del menosprecio al adversario. Exhiben datos positivos, minimizan la gravedad de esa bomba de tiempo que es el déficit fiscal, y venden la poco creíble ilusión de una Suiza de América que, a esta altura, nadie duda que luce lumpenizada.

Porque mientras el consumo crece, hay empresas que cierran, fuentes de trabajo que se pierden, indigentes que duermen en la calle y narcobandas que disparan a cualquiera, en cualquier barrio, a cualquier hora.

Es el Estado presente toda vez que hay que regular y recaudar, pero gravemente ausente donde debería estar: en la protección de los más débiles, en la defensa del derecho legítimo del trabajador que no cuenta con el sostén de un sindicato compinche del poder.

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