EDITORIAL

Un estribillo que jugará en contra

¿Cómo sabe el oficialismo lo que hará la oposición? La pregunta tiene sentido porque si los gobiernos frentistas hubieran hecho todo bien, no sería necesario hacer un cambio de rumbo tan drástico como el que imaginan ahora.

El oficialismo parece conocer mejor los planes de gobierno de los partidos opositores, que esos propios partidos. Sale a decirle a quienes quiere retener como votantes, los estropicios que harían en caso de ganar. Con eso quiere generar miedo y evitar una sangría de votos.

¿Cómo sabe el oficialismo lo que hará la oposición? La pregunta tiene sentido porque si los gobiernos frentistas hubieran hecho todo bien, no sería necesario hacer un cambio de rumbo tan drástico como el que imaginan que haría un gobierno de coalición entre blancos, colorados y otros partidos.

Sin embargo los frentistas insisten en que vendrá un horrible gobierno neoliberal, que estará al servicio del imperialismo y los grandes empresarios, que impondrá un duro ajuste impositivo y de tarifas, que hará una draconiana reforma jubilatoria, y retrocederá sobre los derechos y beneficios obtenidos, todo lo cual empobrecerá a la gente y agudizará la lucha de clases. Será un retroceso brutal, una vuelta atrás en la historia, que mucho dañará a los sectores populares de este país. Eso dicen. ¿De dónde sacaron que todo eso sucederá?

La respuesta es sencilla: eso es exactamente lo que tendrán que hacer ellos de ganar el gobierno. De continuar, llevarán al país a tal encrucijada que no habría más remedio que actuar de esa manera.

Un ejemplo es la reforma jubilatoria. El ministro de Economía Danilo Astori dijo que era una medida impostergable dado el agudo déficit que tiene el sistema. Siendo ministro, no se animó siquiera a plantearlo durante su gestión. Lo empieza a mencionar ahora que llega al final de 15 años en que tuvo una influencia decisiva en temas económicos. Lo plantea como para que el gobierno que venga, del signo que sea, lo arregle. Mientras tanto, él simplemente se saca el fardo de encima.

Si los gobiernos frentistas derrocharon dineros públicos, es porque aprovecharon una prolongada bonanza. Luego, se sobregiraron tanto con sus gastos que provocaron un déficit fiscal que solo puede cubrirse con deuda. Ellos, que cuando estaban en el llano sostenían que la deuda no debía pagarse.

Por lo tanto, si ganan seguirán generando déficit por un tiempo, ya que no es un tema que les preocupa tanto, hasta que un día se enfrentarán a la cruda realidad; una mucho peor que la que dejarán al terminar este período.

Ahí no tendrán más alternativa que tomar las peores decisiones. No podrán sostener ni al Mides ni a ningún sistema de asistencia social. No podrán sostener el sistema jubilatorio y se verán obligados a hacer una reforma más brutal que la que hoy imagina Astori. No habrá dinero para sostener la ya decaída enseñanza y seguirán subiendo impuestos para descubrir, demasiado tarde, que no habrá nadie que pueda pagarlos.

La generosidad en materia social se sostiene cuando se recauda en abundancia y solo se recauda en abundancia cuando un país es productivo y genera sobrada riqueza. Si la producción, el comercio y la prestación de servicios son asfixiados con impuestos y tarifas abusivas y regulaciones absurdas, estos se funden y provocan desempleo, la máquina de recaudar se frena y no habrá plata para planes sociales genuinos, menos aún para los que se aplican con criterios demagógicos y clientelísticos.

Un cuarto gobierno frentista irá irremediablemente a ese final. Por eso, cuando profetizan que la oposición aplicará esas políticas, es porque saben que eso terminarán haciendo ellos mismos mucho antes que su tan mentado cuarto período llegue a su fin.

La oposición piensa en otros términos y basta ver lo que proponen. Ernesto Talvi señala con claridad sus prioridades y más aún lo hace Luis Lacalle Pou, que viene trabajando en estos temas desde hace un tiempo. Saben que cuanto antes se pare el drenaje, menos necesidad habrá de ser drásticos. Por eso entienden que el Estado debe ser más austero para redinamizar la producción y generar riqueza.

Por eso no quieren subir impuestos, para no asfixiar aún más, aunque ya no prometen que los reducirán, al menos no de entrada, ya que deberán enfrentar el déficit heredado y la consiguiente deuda generada por esa causa.

Sería bueno que el oficialismo deje de repetir esos estribillos absurdos. Lo único que hace es ponerse en evidencia, ya que en caso de ganar y recién cuando se dé cuenta del enorme agujero que seguirá generando, serán ellos quienes deban aplicar, tarde y mal, las medidas draconianas que adjudican a los adversarios para desgracia del pueblo al que tanto dicen amparar.

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