EDITORIAL

Una estrategia suicida

El debate público en el Uruguay tras la derrota del Frente Amplio se ha vuelto un fangal. Pareciera que sus dirigentes no terminan de digerir el veredicto del pueblo, y buscan cualquier tema para embarrar la cancha y minar la credibilidad del nuevo gobierno. Un ejemplo lamentable de este fenómeno se pudo ver esta semana con el futuro ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Carlos María Uriarte.

Todo comenzó con un episodio trágico. Un joven de 15 años que quiso ingresar a un predio privado en el departamento de Soriano, y que al tocar un alambrado perimetral del campo, recibió una descarga eléctrica mortal. Al parecer el dueño del predio, agotado de ver cómo se robaban sus modestos ingresos producto del cultivo de papas, había conectado directamente la corriente de 220 al alambrado, lo cual desató la tragedia.

Tras conocerse la noticia, la prensa consultó al ministro designado del rubro su opinión sobre el hecho. Uriarte afirmó que lamentaba profundamente lo ocurrido, que era algo inaceptable, y luego comentó que le preocupaba mucho que ante el aumento exponencial del delito en el campo, y el clima de impunidad que perciben los productores, estos comenzaran a tomar medidas de autodefensa que podían resultar peligrosas. Y mencionó la compra de armas, y la creación de grupos de vigilancia irregulares.

Se trata de una declaración racional, sensata, humana. Y que viene de alguien que desde mucho antes de ser designado ministro, lleva la voz cantante del reclamo de mucha gente de su sector, ante un auge del abigeato que ya no perdona ni animales campeones, ni caballos de equinoterapia. Y que en casi ningún caso representa un delito de supervivencia.

Habría que tener muy mala fe para sugerir que el Frente Amplio deja el país en tan mala situación. Es más, el propio Uriarte ha dicho en varias oportunidades que si alguien tiene hambre, que se acerque a un productor, que este no tendrá problema en proveerle algún insumo. Pero, lo que se está viviendo en el campo es, por un lado organizaciones muy aceitadas que roban para vender en el mercado negro. Y por otro, gente que con saña, hace estragos en majadas y planteles de genética superior, producto de décadas de esfuerzo criador.

Pues la reacción de figuras del Frente Amplio ha sido de una virulencia y falta de respeto con Uriarte y en general con la inteligencia de los uruguayos.

El senador Enrique Rubio sostuvo que “se terminó el recreo: en shopping de Paysandú asfixian a un joven, en Pando un grupo ejecuta a un cuidacoches. En Dolores un adolescente muere electrocutado en un alambrado y Uriarte dice que la gente se defiende!! Primeros resultados de la impunidad y retorno de la pena de muerte”. Así como lo lee.

El también senador frentista Charles Carrera, que ha ocupado altos cargos nada menos que en el área de seguridad, sostuvo que “el camino de incentivar la justicia por mano propia es un camino sin retorno y culmina en un Estado fallido, por eso son peligrosas las declaraciones de Uriarte”. Y el sociólogo Agustín Canzani, un intelectual de cierto respeto en el mundillo académico nacional, dijo que “el concepto de autodefensa de Uriarte raya en la estupidez”. Estupidez...

A ver, las palabras de Uriarte salieron en todos los informativos y medios del país. El video está disponible por todo lo ancho de internet. Y quien lo vea, requisito mínimo que exigiríamos a un político o académico de respeto antes de opinar, no deja lugar a dos interpretaciones. ¿Cómo es que se vulneran todos los límites del intercambio político civilizado, para caer en este tipo de enchastre barato, indigno, con mala fe. Esto por no profundizar en las palabras de Rubio, que directamente parece estar necesitando actualizar su medicación, ya que mezcla información falsa, con consignas disparatadas, y dosis de resentimiento que harían sonrojar a Pol Pot.

Lo que es difícil de desentrañar es si estamos ante reacciones exacerbadas por el dolor de haber perdido una elección, si se trata del verdadero pensamiento de figuras de primer nivel de un partido político importante, o si es una estrategia para llevar al nuevo gobierno a un terreno de debate estéril que lo termine por maniatar en sus decisiones.

En cualquiera de esos casos, esto es muy malo para la democracia uruguaya, un sistema que depende de un intercambio respetuoso entre gente que puede pensar distinto, pero que asume que todos quieren lo mejor para el país. Pero, sobre todo, es malo para el Frente Amplio. Si este es el tono que sus dirigentes piensan imponer, solo agravarán el sostenido declive de su base de apoyo popular. La gente no es boba y no le gusta que le tomen el pelo.

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