editorial

Estados Unidos lo hizo

En plena Guerra Fría, la crítica a la política exterior de Estados Unidos pasaba por señalar sus evidentes iniciativas imperialistas hacia Latinoamérica. Hoy, lo más común es emprenderla contra su posición hegemónica que se apoya en su carácter de superpotencia militar y económica. Sin embargo, si superamos este sencillo discurso algo panfletario que se extiende en el amplio sentido común ciudadano, veremos que estos años de administración Obama han traído cambios muy importantes y positivos para el orden internacional del siglo XXI. Tres ejemplos actuales lo muestran.

En primer lugar con relación a nuestro continente, la apertura a Cuba es histórica. Es verdad que alguien podrá decir que algún día tenía que llegar. Pero también es cierto que alguien tenía que dar el paso, y que fue esta administración Obama la que terminó cerrando el ciclo abierto en plena Guerra Fría hace más de 50 años en la región.

Lo importante en este sentido no es solamente las consecuencias concretas de esta nueva política en la vida de los cubanos que soportan la tiranía castrista. Ellas portarán sobre cierta apertura económica y sobre cierta previsible, aunque probablemente muy lenta, apertura hacia las libertades democráticas. En verdad, lo más importante para la región es que la nueva política estadounidense hacia ese faro izquierdista que es la Cuba de los Castro terminará por mostrar la verdadera situación allí sufrida en estas décadas de dictadura comunista. Todos los izquierdistas latinoamericanos que en todos estos años tuvieron a Cuba como modelo, tendrán que enfrentar el juicio implacable de la realidad, como otrora los comunistas tuvieron que enfrentar los horrores de los regímenes del socialismo real con la caída del muro de Berlín en 1989. Y eso ya es un gran adelanto para todo nuestro continente.

En segundo lugar importa la apertura que conduce la administración Obama, incipiente pero esperanzadora, hacia Irán. También aquí la situación se arrastraba desde hacía décadas. Pero lo cierto es que, con pragmatismo, Estados Unidos intenta encaminar la situación nuclear de Teherán a través de una negociación diplomática que incluye a las principales potencias mundiales.

Si naturales son las reticencias de Israel en este sentido, también ha sido claro Obama en señalar que Washington no admitirá de ninguna manera que Irán se transforme en potencia nuclear militar. Lo cierto es que en una región que vive un caos generalizado, la principal potencia mundial ha mostrado un camino de diálogo para encontrar soluciones colectivas que den mayores seguridades a todos. Es un camino escarpado. Pero no hay muchas alternativas sobre la mesa. Se precisa cierto coraje político, como el que Obama mostró, para poder conducir esta estrategia de diálogo a la vez que dar garantías a su aliado de siempre, Israel, de que Irán no tendrá la bomba nuclear.

Finalmente, Estados Unidos ha mostrado su voluntad de extender la gobernanza mundial hacia espacios internacionales que tradicionalmente se manejaron con total independencia. El caso de la corrupción en FIFA es ilustrativo. Estados Unidos terminó siendo el único capaz de llamar a responsabilidades a las principales autoridades de una asociación que era sabido que estaba corroída por denuncias de corrupción gigantescas y mundializadas, y sobre la que ningún Estado hacía absolutamente nada. La señal es, a todas luces, positiva y queda por delante definir nuevas reglas de juego que sean más transparentes y den garantías a todos de un mejor gobierno internacional para el fútbol.

Sin embargo, ese activismo con relación a la FIFA es criticado. El Presidente Putin, por ejemplo, ha dicho que aquí hay una prueba de que Washington quiere dictar su ley por todo el mundo con designios hegemónicos. Y otras voces también se alzaron para denunciar lo que se entiende es el nuevo rostro de la vieja lógica imperialista estadounidense, y que se esconde tras este activismo internacional.

Si bien es cierto que Estados Unidos ejerce, a veces, su liderazgo con brusquedad y torpeza, también es cierto que todas estas críticas no son capaces de plantear un modelo alternativo de gobernanza internacional. ¿La dictadura militarista china puede dar una alternativa? ¿La democracia corrupta y populista rusa es capaz de ser un modelo?

A pesar de errores y dificultades, la verdad es que en la actual escena internacional solo esta hegemonía de Washington conducida por Obama ha sido capaz de promover nuestros valores democráticos, liberales y modernos.

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