EDITORIAL
diario El País

Estados Unidos después de Trump

Finalmente, luego de una elección mucho más reñida de lo que anticipaban las encuestas, el candidato Joe Biden se impuso por estrecho margen en los estados decisivos para triunfar en las elecciones presidenciales norteamericanas y será el próximo presidente.

La predecible actitud de Trump de no aceptar los resultados, que en otro país sería peligrosa, no lo es en Estados Unidos donde las instituciones funcionan a prueba del populismo.

Las elecciones estadounidenses siempre resultan apasionantes. Aunque la pandemia evitó parte del show más interesante, como las convenciones partidarias o uno de los debates presidenciales, fue una campaña peleada hasta el final por ambos candidatos. Pocas dudas pueden quedar respecto a que sin pandemia Donald Trump se hubiera impuesto por amplio margen. La economía estaba en una situación extraordinariamente favorable con niveles históricamente bajos de desempleo, incluyendo el mínimo registro entre afrodescendientes y latinos.

Su plan de estímulo a la economía vía reducción de impuestos resultó exitoso para promover el crecimiento y la generación de empleo, como lo demuestran todos los que se dieron previamente en Estados Unidos incluyendo los de John Fitzgerald Kennedy y Ronald Reagan. Por otro lado, el haber sido el primer presidente desde Carter en no comenzar una guerra, pese a su retórica agresiva, pero en línea con su aislacionismo, también le granjearon la simpatía de parte de su electorado, no necesariamente el más afín. Asimismo, sus medidas proteccionistas lesionaron a la economía norteamericana y global, en una línea contraria a la que pregonó el Partido Republicano en el último medio siglo.

Sin embargo, no toda la culpa de la derrota puede ser atribuida al COVID. Evidentemente Trump primero la subestimó y luego manejó muy mal la situación haciendo que Estados Unidos fuera uno de los países más impactados por el virus en el mundo. Así como la pandemia mejoró la popularidad de los gobiernos cuyos ciudadanos evaluaron positivamente el manejo de la pandemia -el caso uruguayo luce como uno de los más claros- resultó negativo para quienes no supieron o no pudieron manejarla.

El triunfo de Joe Biden, un veterano político tradicional con una trayectoria de casi medio siglo es visto por muchos analistas como una vuelta a la normalidad. Lo cierto es que la presidencia de Trump tiene algunos efectos que se esfumarán en un plazo breve, dado que la Justicia y el Congreso impidieron que su gobierno se desbocara, como habían previsto sabiamente los padres fundadores, pero otros de más larga duración.

Cuesta identificar que el partido de Ronald Reagan sea el mismo que el de Donald Trump, y mientras que el primero fue extraordinariamente exitoso y popular, el segundo termina siendo un fracaso populista.

Entre los segundos, Trump ha nombrado una gran cantidad de jueces en tribunales importantes, incluyendo tres jueces de la Suprema Corte de Justicia, que le han dado a este organismo una sólida mayoría conservadora en el futuro predecible. Este hecho, sumado a que los nombres elegidos son de juristas ampliamente reconocidos, es probablemente la herencia más perdurable del legado de Trump, lo que le dará estabilidad y solidez a este organismo fundamental para la preservación de las libertades en los Estados Unidos.

Otro aspecto quizá perdurable (aunque ojalá no lo sea) es haber cambiado para mal la fisonomía del Partido Republicano. Hoy por hoy el partido de Ronald Reagan aparece muy lejano a muchas posiciones básicas que supo defender el ganador de la Guerra Fría. El tono optimista y de mano tendida de Reagan se transformó en furia y resentimiento con Trump. La defensa del libre comercio transmutó en un proteccionismo burdo de consecuencias negativas. La defensa de la inmigración como característica constitutiva de Estados Unidos desapareció para invertirse hacia la defensa de políticas xenófobas y discriminatorias.

En resumen, cuesta identificar que el partido de Reagan sea el mismo que el de Trump, y mientras que el primero fue extraordinariamente exitoso y popular, el segundo termina siendo un fracaso populista. Trump logró manejar con puño de hierro al partido que tomó por asalto hace cuatro años, habrá que ver si el viejo partido de Abraham Lincoln puede volver a ser una fuerza de libertad en vez de un esperpento demagógico.

En enero Joe Biden asumirá la presidencia, con el desafío de recomponer la situación generada por la pandemia y numerosos reclamos sociales del vasto y diverso crisol norteamericano. Esa extraordinaria experiencia única en la historia universal llamada Estados Unidos iniciará una nueva etapa, con las fortalezas inquebrantables de su sociedad civil y su Constitución, a prueba de políticos irresponsables.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados