Editorial

El espionaje continúa

Así podríamos seguir con una larga letanía de incidentes repetitivos que dominan la cultura autoritaria que continúa rigiendo los destinos de esta gran y potencialmente próspera nación. Más de 17 millones de kilómetros cuadrados de enormes recursos naturales.

Hace unos días el gobierno holandés expulsó a varios rusos que estaban en La Haya espiando el centro mundial OPCW, que investiga y controla lo relativo a los gases venenosos de uso militar, prohibidos por la comunidad internacional. Los sujetos se habían alojado muy cerca del instituto en cuestión.

¿Cómo es que estos personajes fueron brevemente arrestados y luego expulsados del país? Porque convenientemente portaban pasaportes diplomáticos, no pudiendo ser detenidos ni procesados. Se encontraron en su auto de alquiler, sofisticados elementos electrónicos para penetrar esta agencia, además de un maletín con US$ 20.000 y 20.000 euros. Mientras los individuos eran revisados aparecieron indicios de que eran miembros del GRU, el servicio de inteligencia militar ruso. Por ejemplo, uno de ellos tenía consigo el recibo de un taxi que mostraba haberlo llevado de la jefatura del GRU al aeropuerto de Moscú el día que viajó a Londres. Lo habría guardado para obtener el debido reembolso de ese gasto de viaje. Craso error.

La reacción del gobierno ruso fue negar cualquier actividad ilícita de estos diplomáticos y sugerir un nuevo atropello occidental. Atribuyó el incidente a una manía de asignar a actividades normales, fábulas sobre casos de espionaje tirados de los pelos, por más pruebas que hay de lo contrario. Hubo desmentidos burlones e irrespetuosos. Es evidente que piensan seguir adelante con esas prácticas y refutar las evidencias que se presenten con chistes de mal gusto, mentiras o amparándose en la protección que brindan los abusados fueros diplomáticos.

Según las informaciones obtenidas de un ordenador encontrado en el baúl de un coche que usaban, uno de estos "diplomáticos" podría haber estado involucrado en esfuerzos para entorpecer la investigación del derribo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines, donde murieron 298 personas de 30 nacionalidades distintas, el 17 de julio de 2014. Viajaban de Ámsterdam hacia Kuala Lumpur y sobrevolaban el este de Ucrania. Fue en momentos en que Rusia apoyaba a "disidentes" secesionistas con el objeto de escindir parte del territorio de Ucrania para anexarlo al suyo. Rusia negó estar involucrada, aunque se encontraron importantes piezas de un sofisticado misil de fabricación rusa, conocido como BUK, entre los pedazos del fuselaje del avión derribado.

El OPCW de Holanda estuvo involucrado en los análisis de los restos de "Novichok", el veneno con el que se trató de envenenar a los Skripal en Londres no hace mucho, además de la inesperada muerte de una mujer sin techo que tuvo la mala suerte de entrar contacto con el frasco de perfume donde se guardaba el producto tóxico, tentada por saber qué contenía ese envase de perfumería. Su pareja sobrevivió, igual que los Skripal y un agente de la policía después de un largo y costoso tratamiento médico.

Scotland Yard descubrió que en curiosa coincidencia, en esa fecha se había producido la visita de dos supuestos turistas rusos que vinieron por 48 horas y fueron ambos días a Salisbury, el barrio donde vivía Skripal. Entrevistados luego por una amable periodista rusa, dijeron que su interés había sido contemplar la regia catedral, si bien las cámaras de seguridad que la circundan no mostraron que hubiesen estado por allí en ningún momento.

La historia autobiográfica de un norteamericano llamado Bill Browder, (se le puede encontrar en internet) en su libro titulado Red Notice, la cédula roja referida a la orden de captura internacional de Interpol, es no solo electrizante como un "thriller", sino la historia de una persona en extremo valiente que se ha atrevido a enfrentar a Putin y a su régimen. En el encuentro con Trump en la Casa Blanca a principios de este año, el presidente ruso aprovechó la ocasión para reclamar su extradición. El contenido del volumen es una tremenda denuncia de cómo se violan los derechos humanos y se saltean las reglas en ese país, experimentado en carne propia.

Así podríamos seguir con una larga letanía de incidentes repetitivos que dominan la cultura autoritaria que rige los destinos de esta gran nación. Más de 17.1 millones de kilómetros cuadrados de enormes recursos naturales y la patria de Tchaikovsky, Rachmaninov, Dostoyevski, Tolstoi, Solzhenitsyn, Chéjov. De la gran escuela del ballet y de innumerables adelantos y logros científicos. Pero el problema de las sanciones si se llega a comprobar algún caso, es que las mismas alejan a Rusia del resto del mundo civilizado mientras los dirigentes se enfrascan en su paranoia, abrazados a miles de bombas atómicas. Un tema de difícil solución. Quizá no la haya...

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