EDITORIAL

Espantapájaros

Al comprobar que muchos frenteamplistas defraudados se pasaban a Talvi, se dedicaron a destruir al candidato colorado con la mayor celeridad que les fue posible.

La campaña electoral ha tenido una inflexión inesperada con el señalamiento del fiscal Morosoli al candidato y ex comandante del Ejército, Guido Manini Ríos, por su supuesta responsabilidad en el caso Gavazzo. Resulta que ahora, la oprobiosa omisión de pasar a la justicia la confesión de este represor de la dictadura, ya no es responsabilidad del secretario de Presidencia ni del Presidente mismo, sino del Comandante en Jefe de esa época y actual líder de Cabildo Abierto. Y todo esto a un mes de las elecciones, con un Manini que crece según las encuestas.

“Clara intencionalidad política”, acusa el candidato. Mientras el ministro Murro reclama que se baje de la carrera electoral, otros declarantes del oficialismo se suman paradójicamente a la sospecha de Manini. “Oh casualidad”, exclama el senador Michelini, y el ex presidente Mujica es aún más explícito: “es un error político, porque lo infla, lo coloca de víctima”, aclarando antes que “los jueces no tienen por qué tener en cuenta la política”.

Curioso comentario, viniendo del autor de la célebre frase “lo político está por encima de lo jurídico”.

Dentro de un mismo gobierno, unos lo victimizan y otros alertan del riesgo de victimizarlo. ¿A qué atribuir estas disímiles reacciones? ¿Se puede decir que en el momento más álgido de la campaña electoral, el Frente Amplio está desafinando? Claro que no.

Del mismo modo que, hasta ayer nomás, la candidata a vice exclamaba consignas marxistas-leninistas, mientras su compañero de fórmula apelaba a la concordia multipartidaria, en este caso, el doble discurso vuelve a ser rendidor. La persecuta contra Manini reaviva el fantasma de “la derecha”, que al FA le resulta imprescindible para reposicionarse en el territorio de mística combativa que le es tan redituable.

El resultado de las internas les complicó claramente las cosas. Se encontraron con un Lacalle y un Talvi corridos hacia el centro, con discursos de fuerte contenido social, contrastantes con las ya evidentes debilidades de gestión oficialista en ese plano.

Al comprobar que muchos frenteamplistas defraudados se pasaban a Talvi, se dedicaron a destruir al candidato colorado con la mayor celeridad que les fue posible. La República publicó en tapa una foto suya con nariz de Pinocho. Caras y Caretas, otra con antifaz. Le dijeron de todo. Pusieron sus ejércitos de trolls a despellejarlo y, por si hubiera sido poco, se valieron de una justa apreciación del candidato sobre la cantidad de empleados públicos, para apelar al cuco de los despidos masivos.

Por el pecado de “cantar la justa”, Talvi cae en las encuestas, a impulsos de la máquina comunicacional pulverizadora del Frente.

Llegado a ese punto, ahora la emprenden contra Lacalle. Más allá de las tonterías que le hicieron decir a la Ministra de Cultura, la estrategia diseñada contra el candidato blanco es más sutil. En la medida que le dan vida a Manini, victimizándolo, saben que lo hacen crecer, por reacción natural de tantos votantes hartos de la soberbia oficialista. Con ello esperan incidir decisivamente en la composición del gobierno de coalición que saldrá de las urnas el 27 de octubre.

Si Cabildo Abierto vota muy bien e impone condiciones, saben que tienen una bala de plata para enfrentar al candidato blanco en el balotaje. Agitarán otra vez el fantasma de “la restauración de la derecha” y de la oscuridad de la dictadura, usando como espantapájaros al militar retirado que ellos mismos promovieron. Porque no hay que olvidar que Manini fue un hombre de confianza de Eleuterio Fernández Huidobro y se posicionó políticamente haciendo uso de su cargo de Comandante en Jefe. El Frente Amplio lo lanzó, lo promovió y le otorgó patente de derechista rebelde, al cesarlo y victimizarlo. Lo “infló” mucho antes de que explicitara tal cosa el propio Mujica.

Ahora parecen estar armando su crucifixión, para excitar el voto de la derecha y garantizarle una fuerte representación parlamentaria. La campaña que harán a partir del 28 de octubre será clara: convocarán a los frenteamplistas defraudados, procurando “bolsonarizar” a Lacalle, pegándolo al éxito de Cabildo Abierto.

Por eso, los ciudadanos no deberían caer en la trampa. Tendrán que respaldar con su voto a los sectores liberales y republicanos del bloque opositor, para garantizar un balotaje que, en lugar de polarizarse entre extremismos de derecha e izquierda, lo haga entre la imprescindible democracia y este declinante experimento populista.

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