EDITORIAL

Los “espantaniños” del FA

Huérfano de propuestas y sin el respaldo de buenas gestiones de gobierno anteriores, el FA ha apostado a la fragmentación de la sociedad, a construir una grieta estilo Argentina para conseguir votos.

Está muy complicada la situación del Frente Amplio en esta campaña electoral. Por un lado, tiene que rendir cuentas sobre los resultados de su gestión de gobierno y por otro está en la obligación de plantear, por lo menos, una mínima batería de medidas a implementar en los próximos años que sirvan para mejorar la situación de los uruguayos. Y la verdad es que patina feo en estas dos alternativas.

¿Qué resultados puede exhibir más allá de la bonanza económica que disfrutó en sus primeros años, pero que ya desapareció? ¿Ha sido capaz de gobernar sin vientos favorables?

Al Frente Amplio se le hace muy difícil defender la administración Mujica porque dilapidó alevosamente los buenos números que vinieron con los mercados internacionales comprando materias primas a “full”. Y muy poco puede argumentar sobre la segunda administración de Vázquez, porque no hizo nada y ese vacío permitió que los males se agravaran. Tampoco puede anunciar nuevas medidas que mejoren la situación del país y de los ciudadanos. Esa posibilidad también se agotó cuando el actual Presidente hizo e incumplió tres grandes promesas en la campaña de su reelección: 1) no habrá suba de impuestos, 2) se cambiará el ADN de la educación y 3) se reducirán las rapiñas en un 30%.

Ni cumplió ni anduvo más o menos cerca de hacerlo.

En ese panorama solo queda apostar a la fragmentación, a construir una grieta estilo Argentina que separe a los uruguayos. Y en ello está empeñada prácticamente la plana mayor del FA con excepción -por lo menos hasta el momento- del candidato presidencial Daniel Martínez que no se ha sumado al coro de iluminados.

La consigna electoral que pergeñaron esas cabecitas es una lucha (que en el correr de los días seguramente hagan degenerar en batalla, guerra o masacre) entre “el pueblo y la oligarquía”, la vieja dicotomía entre buenos y malos o entre Batman y El Guasón. Solo eso y, conociéndolos, debieron transpirar mucho.

La primera que arrancó fue la inédita candidata a la vicepresidencia del FA Graciela Villar. Pero rápidamente empezaron a sumarse otros, como Raúl Sendic y María Julia Muñoz. “Unos defienden a la oligarquía y los otros al pueblo” dijo en un Comité de Base quien saltó a la fama por los 800 millones de dólares perdidos en Ancap, el título trucho, su generosa tarjeta corporativa, su “renuncia” a la vicepresidencia de la República y su procesamiento por peculado y abuso de funciones en dos instancias judiciales. “La gran mayoría de los uruguayos perdería todo lo que ha ganado en estos quince años si llega a ganar el partido rosado” (que después lo convirtió en rosadito-verdoso), dijo a El País la ministra que saltó a la fama por su baile en la mesa de un centro nocturno durante una visita oficial a Israel -cuando era titular de Salud Pública-, que aún puede verse en Youtube. Y luego siguieron varios ministros, que se lanzaron a todo trapo en la campaña electoral.

En una especie de concurso “espantaniños” se anotaron varios. Obviamente que no podía faltar el ministro de Trabajo Ernesto Murro, que se mandó un apocalíptico: “Si gana la oposición no habrá más aumentos generales de salarios”. O el ministro de Economía, Danilo Astori: “La única manera de poner en práctica el programa económico de Luis Lacalle Pou sería con un feroz recorte del gasto público”. O el presidente del FA Javier Miranda que con sublime sagacidad planteó que Lacalle Pou va a aplicar el modelo argentino y que Uruguay puede entrar en una crisis económica similar a la del país vecino. O las muy ambiguas declaraciones del ministro Bonomi: "La propuesta de seguridad de Lacalle Pou es marcha atrás en todo lo que se ha hecho".

Muy lejos quedó la firme decisión del presidente Vázquez sobre que los ministros que entraban en campaña debían renunciar. La situación ha cambiado, el riesgo de derrota es muy alto y entonces todo vale. “Existe un diagnóstico de que había que hacer algo, tenían que salir a defender la gestión y al gobierno del FA y a tratar de que el próximo también sea del Frente”, dijo el sociólogo Eduardo Bottinelli.

Y tiene razón: el problema es que con ataques a la oposición no van a ocultar que lo cierto y muy cierto es que nada ha hecho este gobierno y los números que muestran el desastre están a la vista: déficit fiscal, deuda pública que crece, herencia maldita para las nuevas generaciones, desocupación por encima del 9%, empresas que cierran, el agro que tambalea, inseguridad galopante, narcotráfico en expansión y la educación que no arranca.

Así vamos y así llegaremos al 27 de octubre. Por suerte volveremos a votar.

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