EDITORIAL

España sacudida

La gran ironía de lo que acaba de suceder es que al final, los que han de estar batiendo palmas son los soberanistas del norte y del sur que infructuosamente trataron de doblegar a Rajoy. Los mismos con quienes tendrá que convivir obligadamente, el nuevo mandatario.

Hoy rajaron a Rajoy. Un juego de palabras demasiado irreverente tal vez, pero que bien podría haber sido el título, si no fuera que para empezar, la diferencia horaria ya no lo permite.

Lo cierto es que a este político avezado, que supo tanto perder elecciones como ganarlas y que se mantuvo en el poder durante casi 7 años en los que tuvo que enfrentar situaciones profundamente desafiantes, le llegó el turno de convertirse en el primer Presidente en la historia de la recuperada democracia española, obligado a dejar su sitial.

La aguda crisis económica de la burbuja inmobiliaria del 2008 alcanzó también a España y el descontento social superviniente, le permitió en 2011 desalojar a los socialistas del Palacio de la Moncloa. Luego, su manejo exitoso de la situación permitió que España superara aquellos difíciles tiempos en los que la actividad económica se desplomó y el desempleo trepó al 27%. Pero ya se sabe que la memoria de los pueblos es corta y cualquiera que pasee por la vibrante España actual se percata de que la gente no se detiene a pensar en lo mal que estuvo su país y cómo se recuperó. Unión Europea mediante, es verdad, pero con buena diferencia respecto de otras naciones de la comunidad, por como se utilizó esa ventaja bajo la sabia conducción del ahora renunciado Presidente.

Una buena demostración de que en política nada es para siempre, es el hecho que en Las Cortes, ocho días atrás fuese votado el presupuesto del Estado. De ahí, que los analistas coincidieran en que el mandato de Rajoy, al que le quedaban dos años, estaba asegurado.

Pero el "black swan" (cisne negro) hizo su vuelo fatídico y todo cambió. La sentencia del caso Gürtel, condenando a 29 empresarios y expolíticos del Partido Popular a 351 años de prisión y a un resarcimiento económico de parte del PP, de unos 250.000 euros. El "lava jato" español, la caja negra del PP, las maniobras del tesorero Bárcenas y otras figuras, las "contribuciones" a pedido u ofrecidas por los empresarios y recibidas en pos de financiar al PP, —más allá de que algunos millones deben haberse perdido por el camino— fue lo que esperaban agazapados sus enemigos políticos.

En cuanto olió sangre, el líder del PSOE, Pedro Sánchez, se tiró en picada a la yugular del siempre impertérrito gallego. Y de nada sirvió que Rajoy le recordara que el pasado del gobierno socialista no le permitía actuar como adalid de la moralidad. Ni tampoco el acusarlo de que su único interés era llegar a la presidencia sin pasar por el trance de las urnas. En efecto, la magra perfomance del PSOE en los comicios pasados le permitió hacerse de solo 84 bancas. Composición que le hará muy difícil gobernar y lo obligará a transar con quienes lo acompañaron en esta lid. Como el Partido Nacionalista Vasco, al que ya le prometió que habrá de respetar los recursos prometidos por la anterior Administración, que suponen 540 millones de euros en infraestructura e inversiones. Algo a lo que se oponen los izquierdistas de Podemos, a quienes también les deberá favores. Al igual que a los independentistas catalanes a pesar de que en su momento, el PSOE apoyó a Rajoy en su postura y lucha contra los separatistas. Los cuales no se han dado por vencidos y continúan con sus disparatadas y dañinas pretensiones.

La legislatura española prevé el mecanismo de la censura, (primera vez en tener andamiento semejante moción) a fin de exigirle al gobernante que rinda cuentas. De no conformar su respuesta, puede ser destituido por el Parlamento y se cede el cargo al impulsor de la moción. En este caso, Pedro Sánchez, el líder del partido socialista, quien en su momento se mandó la jugada de renunciar a su escaño para sustraerse a la investidura de Rajoy, para después volver y ejecutar su plan.

La partida de Rajoy es un sacudón para la actual Europa, al dejar la escena un sólido protagonista pro UE y los mercados dieron cuenta de ese ánimo. Pero con todo, la inquietud no debería tener la intensidad que provoca desde hace un tiempo ya la inestable Italia, que ha puesto en duda su compromiso con la moneda comunitaria. Pero aparentemente, la mayoría de los partidos españoles está a favor de respetar las reglas de la Unión Europea, así que las otras naciones del bloque y los inversores, no se piensa que teman un giro radical, tras el cambio de gobierno.

La gran ironía de lo que acaba de suceder es que al final, los que han de estar batiendo palmas son los soberanistas del norte y del sur, que infructuosamente trataron de doblegar a Rajoy. Los mismos con quienes tendrá que convivir obligadamente, el nuevo mandatario.

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